![]() Catholic Diocese of Spokane, Washington
por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 2 octubre 2008 del Inland Register)
Las preguntas más común de una gran lista son, “¿Cuándo fue la primera vez que decidió ser sacerdote?” o “Cuáles son las características del hombre, para ser un buen sacerdote?” en cierto modo, la respuesta para ambas preguntas es bastante similar: Depende del individuo. Dios nos llama a cada uno de nosotros. Cada uno de nosotros tiene un lugar único en el plan de Dios, puede ser por medio de la vida matrimonial, o vida como una persona sola, o como un Religioso con votos, o como clérigo. Parte del crecimiento es ese proceso es decidir lo que nosotros queremos ser algún día. Idealmente, lo que queremos ser es lo que Dios quiere que seamos. No necesariamente, pero idealmente. Si escuchamos la llamada de Dios – si oramos, si reflexionamos, si examinamos nuestros dones, nuestros intereses y nuestras pasiones – tendremos una mejor oportunidad de hacer lo que Dios quiere que hagamos. Y, finalmente, si basamos nuestras decisiones de la vida en discernir la voluntad de Dios, seremos individuos mucho más felices. Algunos hombres contestan la llamada a sacerdocio a una edad muy temprana. yo tenía solo 14 cuando salí para el seminario. Otros hombres contestan a una llamada al sacerdocio después de una preparación profesional, en otro campo, o quizás después de vivir una vida en un camino diferente. El discernimiento de la llamada de Dios es algo que nunca se detiene en esta vida. ¿Cuándo decide un hombre ser sacerdote? Depende del hombre. Por seguro hay algunas calidades que esperaría encontrar en un hombre que lo presenta para la formación al sacerdocio. La oración es quizás la primera: un hábito de oración personal, y un compromiso claro a la vida litúrgica de su parroquia. Debe tener un sentido claro de su propia identidad, en y de sí mismo – que es más que lo que él “hace.” Relacionado con esto, esperaría encontrar un hondo sentido de servicio. El ordenado es único. Contestar a una llamada de Dios no es común. Mucho más hombres contestan a la llamada de Dios, a ser amorosos y fieles maridos y padres, más que al sacerdocio. Pero eso no puede llevarnos a un sentido de titulados. Podemos estar orgullosos de hacer el trabajo de Dios con lo mejor de nuestros talentos y habilidades. Podemos estar orgullosos de nuestros hermanos sacerdotes cuando nos esforzamos juntos en construir el Reino de Dios. Pero ese no crezca un falso sentido de orgullo, o superioridad. Somos ordenados, no para gobernar, sino para servir al Pueblo de Dios, ser. ¿Qué clase de personas hacen un buen sacerdote? Y ¿Cuándo? Depende del individuo. Pero no importa quién, depende de escuchar la amorosa llamada de Dios al ministerio del orden, y responder, con un corazón alegre y generoso, “¡Sí!”
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