De la Conferencia Católica del
Estado de Washington
"Educación Católica: Dar Testimonio de la Fe – Una Declaración de la
Conferencia Católica del Estado de Washington"
(Del edición 16 marzo 2000 del Inland Register)
 Introducción
En este año del Jubileo, nosotros, los Obispos del Estado de Washington, queremos hacer notar
los éxitos muy especiales que se han realizado en nuestras escuelas católicas, y también
renovar nuestro compromiso y nuestra apreciación por el ministerio educativo de nuestras
comunidades católicas.
Por más de doscientos años, la herencia de una educación católica ha sido uno de los sellos
distintivos de la Iglesia de los Estados Unidos. Ninguna comunidad católica en el mundo ha
hecho el mismo tipo de compromiso tan amplio en la educación de la fe y en la excelencia
académica como la Iglesia católica en los Estados Unidos de América. La Iglesia del Estado de
Washington ha sido beneficiada por esa tradición.
Las primeras escuelas católicas se abrieron en 1856 por el Padre Juan Bautista Brouillet en
Vancouver, y en 1857 por las Hermanas de la Providencia en el Fuerte de Vancouver. Durante los
siguientes 140 años la misión de nuestras escuelas católicas ha contribuido a la vida y al
crecimiento de la Iglesia y del Estado de Washington. Nuestros graduados han sido líderes en
nuestro Estado, en el espacio, en la ciencia, en la agricultura, en la política, en la
educación, y en la religión. Estamos muy agradecidos a las religiosas y a los religiosos que se
han dedicado al ministerio de la educación católica y han hecho posible esta contribución.
Hoy, este legado continúa en el Estado de Washington donde tenemos cuatro instituciones
católicas de estudios superiores que enrolan un total de 12,000 estudiantes; 13 escuelas
secundarias católicas con casi 7,000 estudiantes y 78 escuelas primarias católicas que sirven a
más de 22,000 alumnos. Al iniciar el tercer milenio de la historia cristiana, nos comprometemos
a continuar proporcionando oportunidades de educación y de formación de la fe en excelencia
para todos nuestros niños.
Educación para una identidad católica y una vida de fe
Hombres y mujeres son confrontados a vivir su vida de fe en forma significativa, en
circunstancias que a menudo son complejas y aún hostiles a los valores religiosos. Los valores
deben seguir siendo los cimientos de la vida familiar, de los avances económicos, y de los
descubrimientos científicos. Nuestra fe en Jesucristo es el centro de la vida católica.
Nuestras tradiciones de fe urgen a los creyentes a aceptar con gratitud lo bueno de este mundo
y también a participar con nuestro Dios, creando y recreando el universo.
La Iglesia ha reconocido hace mucho tiempo que los padres de familia son los primeros
educadores de sus niños, y apoyamos su esfuerzo dándoles una participación activa en la
educación de sus niños. Además, el desarrollo de la fe y de los fundamentos académicos de los
niños sólo se alcanza por medio de un trabajo en equipo de toda la comunidad. Por consiguiente,
nosotros alentamos tanto a los padres de familia como a los feligreses, para que participen en
los ministerios educativos de sus comunidades de fe y parroquias.
Tanto ahora como en las décadas anteriores somos afortunados de tener religiosas, religiosos y
laicos, que han abrazado el ministerio de la enseñanza. La formación de fe de nuestros niños
depende de los maestros, quienes se comprometen a vivir en fidelidad. Desde el principio de la
tradición cristiana, el maestro ha sido una persona significativa en la comunidad de fe. Jesús
mismo fue maestro.
La presencia de buenos líderes educacionales es una bendición para cualquier escuela y
parroquia. Cuando sea posible, es imperativo que nuestras escuelas contraten a maestros
católicos, personas que se comprometan en la práctica de su fe, mujeres y hombres que den testimonio personal de los valores del evangelio, tanto en sus familias como en su lugar de trabajo. Es de primera importancia hacer todo lo que podamos para apoyar a nuestros maestros en su educación académica y catequética. Además, nos comprometemos con ellos, a pagar un salario justo, a una colaboración significativa, y a un apoyo entusiasta en su ministerio de cada día.
Educación con excelencia académica
En su reciente encíclica Fe y Razón (Fides et Ratio) el Papa Juan Pablo II declara que
nuestra tradición de la fe católica siempre ha afirmado la unidad de la experiencia humana. No
hay ninguna oposición entre la fe y la razón, la fe y la ciencia, o entre la fe y la plenitud
de la vida humana. Nuestro Dios ha creado un mundo que se esfuerza por encontrar la unidad y la
verdad en todas las cosas.
Los seres humanos dominarán el siglo 21 con su habilidad para manejar y compartir la
información, pero la comunicación de la información sin la primacía de la Palabra de la verdad
nos conducirá al caos. Nosotros, por consiguiente, desafiamos a nuestras escuelas a un tal uso
de la tecnología, que pueda influir también, por la sabiduría de nuestra tradición, esta nueva
era de información. También la ciencia y la industria deben ser confrontadas para que
contribuyan sabiamente en nuestro conocimiento del universo.
Cada niño fue formado a imagen y semejanza de Dios, y a cada niño se le dieron talentos únicos
y dones especiales. Alentamos los esfuerzos de nuestros maestros a usar sus habilidades
profesionales y proporcionar oportunidades de aprendizaje apropiadas a todos nuestros
estudiantes, para que puedan alcanzar el máximo de su potencial.
El valor de la educación católica se muestra por el compromiso de maestros talentosos en
nuestras escuelas católicas y en los programas de educación religiosa. Los éxitos de nuestros
graduados reflejan las habilidades de nuestros ministros educativos, y más importante, sus
vidas reflejan los valores del Evangelio inculcados en ellos.
Educación: un ministerio de participación y de apoyo dentro de la comunidad
En los primeros días de la historia de nuestro Estado, algunas religiosas en Vancouver,
Wenatchee, Seattle, Spokane, Tacoma, Yakima y Walla Walla, pidieron a los padres de familia que
enviaran a sus niños a la escuela. La educación católica fue un ministerio que la Iglesia
ofreció a todos los niños. A todos se les dio la bienvenida para que conocieran la esperanza y
la gracia que se nos concedió por medio de Jesucristo.
El ministerio de la educación continúa teniendo esta característica hoy. Se produce dentro de
una comunidad de fe y se apoya por las obras de caridad y justicia. Afirmamos su importancia en
nuestra misión y buscamos el apoyo de toda la Iglesia para este ministerio. Promovemos el apoyo
de escuelas católicas a través de nuestros sacerdotes y de los feligreses en las parroquias, y
también animamos a la colaboración mutua entre los líderes parroquiales y los directores de las
escuelas.
El apoyo económico a la educación por la comunidad católica es un acto de fe. El ministerio educativo complementa los ministerios de respetar la vida, cuidar de los pobres, y sanar a los enfermos. Estamos agradecidos por la generosidad de muchas personas que han dado su apoyo económico a la educación católica. Nuestras gracias se extienden también a todos aquellos hombres y mujeres que sirven en las aulas de las escuelas, en las mesas directivas, en los comités de asesoramiento, y como fundaciones de éstas instituciones.
Nuestras escuelas están llamadas a ser administradoras cuidadosas de los recursos. Dios ha bendecido a muchas personas con riqueza y prosperidad material, y los alentamos para que apoyen a nuestras escuelas con sus donaciones. Instamos a los administradores y a los directores a que den en sus comportamientos profesionales un modelo de acuerdo al que presenta el evangelio, de cómo gobernar, de cómo elaborar reglamentos de personal, y de cómo hacer decisiones financieras.
Misión de la Educación Católica
La celebración del gran Jubileo en este primer año del nuevo milenio nos da un momento
privilegiado para repasar las bendiciones que hemos recibido. En Cristo el maestro, hemos
aprendido la sabiduría de nuestro Creador. Siguiendo su ejemplo continuaremos educándonos y
formándonos unos a otros en el amor de Dios. Como Obispos de ustedes, somos privilegiados al
poder llevar y apoyar la misión de la educación católica. Que toda la gente llegue a conocer la
plenitud del amor de Dios en Cristo Jesús, el Señor.
Arzobispo Alex J. Brunett,
Arquidiócesis de Seattle
Obispo William S. Skylstad
Diócesis de Spokane
Obispo Carlos A. Sevilla SJ
Diócesis de Yakima
Declaración de la Conferencia de los Obispos Católicos del Estado de Washington (WSCC)
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