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El valor del dolorpor la Hermana Myrta Iturriaga SP (Del edición 29 septiembre 2005 del Inland Register)
Cuando nuestros padres han cumplido su misión, y se van preparando para el camino a la eternidad, aun en su enfermedad ellos continuan su tarea, uniendo a la familia, para juntos atender a sus necesidades. Este año fui a Chile por la posible muerte de mi mamita, un llamado urgente me puso en camino, con bastantes dificultades en el viaje, llegue a Miami y habían vendido más asientos que los que tenían, dormí una noche en el hotel y partí la noche del día siguiente, un vuelo de 11 horas, desde Miami a Santiago, Chile y otra hora hasta Temuco, mi ciudad natal. Cuando llegué, la mamita me recibío con una amplia sonrisa, y allí hasta hoy sigue presente, no se puede mover, no puede comunicarse, ya que un strock daño su cerebro y su cuerpo esta trabajando al mínimo, no puede hacer nada. Le damos de comer, la vestimos y la lavamos. Hemos desarrollado otro tipo de comunicación en la familia, atendiendo a los gestos y mirar más detenidamente sus ojos, escuchar con detencion sus sonidos guturales, para descubrir cuando se siente bien o si necesita ayuda. Estar más atentos a las necesidades de los demás y dejar atrás las nuestras, es una enseñanza que recibí en este tiempo en mi familia. Que duro es ver a un ser querido, que quiere comunicarse y no puede, cuantas veces nos habló antes y no pusimos atención, como quisieramos ahora poderla entender. Poner todo de nuestra parte para entender a los demás. Recordamos con gratitud sus palabras, esas palabras de cariño que han quedado grabadas en nuestra memoria y que ahora se hacen oir. Ahora cuando volví a vivir en mi familia, después de muchos años, he tenido un gran golpe emocional, hay tantos problemas en cada familia de mis hermanos, y uno los recibe en tan corto tiempo, yo no sabía, no tenía idea y la tentación es querer resolverlos todos. Todos han sido para ellos una vida de experiencia, que se ha ido dando día a día. Todo esto nos abre el corazón y la voluntad para salir de nuestras pequeñeses y abrirnos a la solidaridad. Los padres aún en su ancianidad nos unen, nos enseñan gratitud y a salir de nuestro pequeño mundo. Es cierto que se ponen difíciles y hay que pasar noche y día junto a ellos para atenderlos, no hay tiempo para nada, creo que mi hermana esta haciendo su camino a la santidad junto a ellos. Cuantos hermanos nuestros día a día hacen ese trabajo con amor y dedicación. Cuando hablamos de acabar con el dolor de los ancianos, o de los que tienen enfermedades terminales, somos nosotros los que nos negamos a crecer en el amor, aceptando el dolor, ya que sólo así hacemos nuestro camino de redención. Jesus dice “Toma tu cruz cada día y sigueme”. Jesús nos enseña eso en el camino de la cruz, El no le ahorro a su madre, ni a sus amigos el dolor, podría haberlo hecho, pero quiso mostrarnos el valor del sacrificio, que nos redime, nos cambia y nos hace más generosos. La grave situación de nuestros hermanos que sufren las consecuencias del tornado Katrina en los EE UU, y que ahora están viviendo en el dolor, la impotensia, la soledad, lo han perdido todo, ellos nos están enseñando y llamándonos a la solidaridad y sacar la fuerza en la fe, ese valor que tiene cada ser humano para luchar y sobre vivir a estas circunstancias y empezar una vida nueva.
• ¿Qué nos enseña la situación en la que vivimos, quienes son los más afectados, los más vulnerables, los más débiles? ¿Porqué crees tú que pasa esto? ¿Cómo nos preparamos?
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