Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"¿Porqué Iglesia?"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 29 abríl 2004 del Inland Register)

El tiempo cuaresmal, la celebración del Triduo Pascual, y el tiempo de la Pascua siempre nos proporcionan la mara-villosa oportunidad de reunirnos todos juntos como Iglesia. Este tiempo del año, para mí personalmente, está lleno de Confirma-ciones y celebraciones de Primeras Comuni-ones. Las comunidades parroquiales y familias extendidas se juntan para estos momentos especiales y memorables. Los sacramentos continúan teniendo su poder y su presencia, cada vez que nos reunimos como Iglesia, para celebrarlos. Éste es un tiempo muy serio por los jóvenes, cuando toman la iniciativa y comienzan su inserción total en la Iglesia.

Este año en mi homilía, para los sacramentos de iniciación, he enfatizado el cómo la iglesia en las últimas décadas se han esforzado por hacer estos sacramentos de Confirmación y Primera Comunión más significativos en nuestras vidas. En los últimos 100 años, la edad para la Primera Comunión ha bajado, y desde el Concilio Vaticano Segundo, la ley del ayuno se ha relajado de manera que ahora casi todo el mundo, en las misas de la mañana del domingo, más tarde va a la comunión. Esto no fue así hace 50 años. En un mundo de paso tan rápido, con imágenes y presiones culturales, ha variado mucho, y es importante recordar qué estos sacramentos son importantes, valiosos y que nos vida. Ciertamente uno de esos valores es una comunidad de fe y un sentido de celebración.

En su popular libro El Santo Anhelo (“The Holy Longing”) el Padre Ron Rolheiser habla sobre esta necesidad de comunidad y las razones del porqué la comunidad de fe de la iglesia es tan importante para nosotros. Dice, que comunidad es un elemento constitutivo, dentro de la búsqueda cristiana. En otras palabras, una comunidad de fe nos proporciona una parte esencial, en el encuentro con la presencia de Dios en nuestras vidas, es una parte esencial de relacionarse con Jesús. En el Evangelio del domingo de Pascua de este año San Juan Evangelista habla del “otro discípulo” que, junto con Pedro, da testimonio de la tumba vacía. En cierto sentido, todos nosotros somos ese “otro discípulo” con y unos para otros. En el apoyo del uno al otro, esta búsqueda común encuentra significado y creencia.

Segundo, el padre Rolheiser nos dice que donde quiera que encontremos la presencia de Dios, es dentro de la comunidad, no lo encontraremos a él en su forma más pura. No creo que necesitemos una prueba de esto, dado a nuestra experiencia humana. La Iglesia siendo divina, es también humana. Somos humanos. El pedir perfección es una señal clara de que una comunidad verdadera es poco realista. El poder salvador y redentor de Dios continúa siendo evidente en la comunidad de fe, a veces espectacularmente.

He aquí nueve razones específicas que nos mueven a ser Iglesia y el porqué necesitamos ir a iglesia:

1. Necesitamos ir a iglesia porque no es bueno estar solo. Esta razón particular es también causa de tensiones entre nosotros, todos necesitamos ser comunidades de hospitalidad y aceptación.

2. Podemos tomar humildemente nuestro lugar justo a la familia humana. Dios nos hizo a todo personas. Hemos sido hechos a imagen y semejanza de Dios, no hay excepción. El cuerpo de la enseñanza de la iglesia sobre la dignidad y valor de la persona humana ha aumentado dramáticamente, especialmente desde el Concilio Vaticano Segundo.

3. Dios nos llama a ser comunidad. El espíritu santo no es un pedazo de propiedad privada. En su Carta a los Efesios, San Pablo da énfasis a este punto cuando dice: “Hagan todo esfuerzo por guardar la unidad en el Espíritu como su origen y paz como la fuerza que nos une.”

4. La Iglesia nos ayuda dispersar las fantasías sobre nosotros. No es la imperfección de la Iglesia que es tan penosa para trabajar con, sino, mis propias fantasías sobre mi propia bondad. Nadie nos desinfla más que nuestras propias familias. Ellas nos conocen como un libro. Lo mismo es verdad en la Iglesia.

5. La tradición de 10.000 santos nos dice esto. Una de las grandes bendiciones en nuestra tradición católica romana es el enfoque y énfasis en algunas personas muy santas, que se han ido antes de nosotros, formalmente declaradas santos/as por la iglesia. Estoy seguro hay muchos santos que nunca fueron declarados santos en nuestra tradición, incluso esos que todavía están viviendo, que dan un testigo maravilloso e inspirador a la santidad de vida.

6. En la comunidad de la iglesia, ayudamos a otros llevar sus patologías, y nosotros en turno somos ayudados a llevar las propias. Todos nosotros tenemos limitaciones, algunos de nosotros, más que otros. Debemos y deberíamos poder encontrar apoyo y ayudarnos a llevar nuestras cargas.

7. Podemos soñar con otros. La comunidad nos asiste en enfocar nuestra visión, de lo que podemos volvernos, como individuos y como familia de fe. Una comunidad de fe puede ofrecernos una esperanza positiva.

8. En la Iglesia podemos practicar para el cielo. La plenitud del reino de Dios está todavía por venir. La comunidad puede darnos mucha afirmación y cumplimiento. Todavía, sabemos que el aquí y ahora, es sólo un vislumbre, de qué lo que está todavía por venir.

9. Y finalmente, queremos la Iglesia por la pura alegría de estar en ella. Acabamos de concluir las celebraciones especiales de semana Santa y Pascua. Una y otra vez oigo comentarios de cómo los parroquianos han disfrutado en verdad y han sido inspirados por las liturgias de la Iglesia. Hace unos pocos días, me encontré con una nota del Padre Louis Evely, un escritor espiritual muy popular en los ‘60’s. Aún en ese entonces, decía que nos hemos vuelto duros, indiferentes, y rebeldes a la alegría. El hermano mayor en la historia del hijo pródigo es un ejemplo clásico de alguien que se resiste a la alegría. El espíritu de la alegría es una buena señal de una buena integración espiritualidad.

Todas estas razones proporcionan un alimento amplio para nuestra reflexión de lo que iglesia significa por nosotros. Que todos nosotros podamos crecer en aprecio de este gran regalo, a cada uno y para todos nosotros.

Mucha paz y muchas bendiciones en este tiempo de Pascua.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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