Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"La dignidad del trabajo"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 26 febrero 2004 del Inland Register)

Hemos empezado, una vez más, nuestra jornada cuaresmal. Cuaresma nos da la oportunidad de reflexionar en nuestras vidas, en nuestro trabajo, y en nuestra visión, al tiempo que viajamos juntos en la fe.

Recientemente, he reflexionado personalmente sobre lo que significa para nosotros el trabajo, y cómo el trabajo de los otros nos afecta.

Es relativamente fácil admirar las tareas más fascinadoras – una figura del deporte, algunos con cierta celebridad, una profesión del alto-perfil, tal como doctor o inventor. En cambio, hay un tipo de estereotipo para ciertos trabajos, lo encuentro perturbador y que no son apreciados.

En estos días, muchos de nosotros, probablemente la mayor parte de nosotros, ha viajado por aire. La mayoría de aeropuertos son lugares muy ocupados, sobre todo los baños. Esperamos que los baños estén limpios, quizás aún brillantes. Cuando viajo, a menudo veo a empleados moviéndose rápidamente de un baño a otro, sus idas y venidas son muy necesarias, pero absolutamente nadie aplaude este tipo de trabajo. Fregar urinarios y los cuencos de los retretes no es un trabajo fascinador. Todos nosotros pasamos junto a estos trabajadores. ¿Cuán a menudo nos detenemos para darles las gracias por hacer un trabajo, que muchos de nosotros no queremos o no estaríamos dispuestos a hacer? ¿Cuántas veces hemos expresado nuestro aprecio por lo que hacen para aumentar nuestra comodidad? ¿Cuál es nuestra actitud para con aquellas personas? Y éste es sólo un ejemplo de las tareas menos-fascinadoras ejecutadas por nosotros para los demás, tareas que son tan necesarias y que tomamos por dado, tan rápidamente.

La mayor parte de ustedes saben que crecí en una granja de cultivo de manzanas, en el Valle Methow. Cuento ese tiempo de mi niñez como una de las grandes bendiciones en mi vida. Fui parte de una familia, donde todos trabajamos juntos, en común, todo cultivamos juntos. Cada uno de nosotros tenía sus tareas; cada uno hizo una contribución. Podé y arreglé manzanos, rocié a mano los árboles, tomé cuidado de la irrigación para un granjero vecino, y en el invierno, limpié y saqué fuera el estiércol del granero cada día.

Frecuentemente, la gente comenta que los trabajadores del campo están en el más bajo nivel de la balanza social del trabajo. Pero ese trabajo es vital. Me parece que la verdadera pregunta que enfrentamos aquí es: ¿Cómo consideramos – y apreciamos – este trabajo tan necesario? ¿Pagamos sueldos que están en relación con las necesidades de los obreros del campo, para apoyarlos a ellos y sus familias? Deberíamos – y debemos. Hay competición en el mercado. Esperamos comida barata. Pero esa comida nunca debe apoyarse en los sueldos de sudor injusto, y que no apoya suficientemente la dignidad de las labores que suministra un obrero de campo. Como sociedad nosotros debemos apoyarlos en su servicio.

El trabajo de la cocina, no es particularmente fascinador tampoco. Recuerdo a mi madre, que era una cocinera excelente, cuya cocina y jardín era su “castillo.” Aunque ha muerto hace casi 40 años, nuestra familia todavía habla de su habilidad y especialización en preparar comida sabrosa y grandes panes de dulce.

Por 13 años trabajé en el seminario de la escuela secundaria de nuestro diócesis. Todo nosotros sacerdotes conocimos a Mary Lindeman. Por casi 30 años que ella sirvió como cocinera en Mater Cleri y Bishop White, en Colbert y Spokane. Gobernó la cocina (nadie salió de allí con algo), y todavía ejecutó su trabajo de una manera que ha dejado un profundo recuerdo en todos nosotros. Ella hizo su trabajo con dignidad, y todo el mundo lo supo. Los sacerdotes que sirvieron como personal empleado, los estudiantes que siguieron a la ordenación, los hombres que dejaron el seminario y que llegaron a convertirse en amorosos maridos y padres: por su ejemplo ella fue un modelo emocionado para todos, y todos nosotros estamos llenos de un profundo apreció y gratitud hacia ella, por su sacrificio y su testimonio.

Es fácil estereotipar este tipo de trabajos. Hay así muchos en nuestro medio que sirven de una manera magnífica, con humildad y un espíritu de alegría. Tenemos la oportunidad de apreciar y expresar nuestra gratitud por este testigo y ejemplo.

Cuaresma nos proporciona una oportunidad para reflexionar, no sólo en trabajo de los otros, sino también, cómo hacemos nuestro propio trabajo. Hay una noción de que no es lo que hacemos, sino cómo lo hacemos lo que cuenta. Todos nosotros recibimos dones de Dios. Tenemos talentos y oportunidades. Está en nosotros el tomar responsabilidad de como usamos esos dones en servicio y generosidad. También, esos dones son un apoyo para nosotros mismos y nuestras familias. En ese trabajo, nuestro espíritu de generosidad y alegría puede tener un impacto real en la vida de otro.

Hace algunas semanas, cuando estaba en Houston para dar retiro a sacerdotes, caminé a una tienda cercana para obtener un par de baterías para mi pequeña radio. El empleado detrás del mostrador fue muy práctico, saludo a todo el mundo, con un espíritu que encontré verdaderamente asombroso e inspirador. Y no pienso que fue su primer día en el puesto. Este es un pequeño ejemplo: Podemos hacer una diferencia en nosotros, por la forma en que nos presentamos en nuestro trabajo, y firmemente podemos hacer también una diferencia en la vida de los demás. Hacer cosas pequeñas con gran amor, es una gran manifestación, de vivir la vida del Evangelio.

Quizás durante estos días de Cuaresma podemos ahondar nuestra apreciación de todo esos que trabajan de una manera u otra por el bien común, y el bienestar de todos nosotros. Piense en las palabras de San Pablo en su carta a los romanos, cuando dice, “No existe entre ustedes judíos o griegos, varón o hembra.” En la fe, quizás, podemos decir también no hay ninguna diferencia entre obrero de una granja y un maestro, entre un cocinero o un piloto de una aerolínea, entre los que limpian los baños y un doctor. Porque, como San Pablo continúa: “Todo somos uno en Cristo Jesús” (Romanos 3: 28).

¡De hecho! Dios les bendiga a todos ustedes y les dé su paz.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


Calendario del Señor Obispo Skylstad

Home | Bishop | Communications | Parishes | Catholic Charities


WEB CONTACT

© The Catholic Diocese of Spokane. All Rights Reserved