Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"¡Viene la Cuaresma!"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 4 febrero 2004 del Inland Register)

Varios de los tiempos litúrgicos de la Iglesia tienen un sentido de gran expectación y esperanza. Nosotros ya lo experimentamos durante Adviento, cuando nos preparamos para la venida del Señor y la celebración de la Navidad. Esto es verdad también, para el tiempo de Cuaresma, cuando nos preparamos para el Triduo Sagrado – Jueves Santo, Viernes Santo, Sábado Santo – y Pascua.

Con el Miércoles de Ceniza empieza el tiempo cuaresmal. Aunque no es un día de obligación, la asistencia a la Iglesia es muy alta. La popularidad de este día es especialmente verdad, sobre todo en la comunidad hispana. Hay un algo sobre la bendición con las cenizas sobre nuestra frente, que nos recuerda nuestra mortalidad y toda la realidad de la vida. La Iglesia, nos ofrece una de dos fórmulas para la distribución de las cenizas: “Recuerda que eres polvo y al polvo volverás,” o “No pequés más y se fiel al Evangelio.” Ambas bendiciones nos serenan en su implicación e invitación.

Para todos nosotros, la Cuaresma es un tiempo de ricas posibilidades de renovación de la mente, del corazón y de nuestras acciones. Vivimos en días de gran complejidad, rodeados por una multiplicidad de imágenes, opciones difíciles y grandes oportunidades. Como católicos, ante todo, somos seguidores de Jesús. Estamos llamados a dar un eficaz da testimonio del Evangelio. Periódicamente uno oye la crítica de que la Iglesia se vuelve un negocio, como de costumbre. Se puede hacer la misma crítica también de cada uno de nosotros, individualmente. Para nosotros como para la Iglesia, negocio no debe ser nunca una costumbre. Desde el punto de vista spiritual, mantenerlo de ese modo es mortal. El Papa Juan Pablo II ha hablado de “la Iglesia reformada,” pero también, una Iglesia en constante necesidad de reforma. Ésa es la parte de la conversión y de la renovación que van siempre con nosotros en la jornada, no podemos separarnos ella.

Estamos llamados a dar un testimonio eficaz del Evangelio. Ninguno de nosotros, puede hacerlo perfectamente. Es por eso que estamos siempre, constantemente desafiados a mejoramos. Cuando visité las parroquias de nuestras dióceses, hace varias semanas, me impresiono un niño pequeño en la Misa, de dos o tres años de edad. Después de que nosotros todos hicimos la señal del cruz al principio, el continuó en su propia forma pequeña y torpe, lo hizo una y otra vez. Trataba de hacerlo, y estoy seguro que en un tiempo relativamente corto él lo haría. Y todos nosotros, también, funcionamos dentro de nuestros corazones, tratamos de hacerlo, hacerlo correcto. No hacemos todo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. És por eso que, con la oportunidad de venida de la Cuaresma, no podemos permitir que Cuaresma pase inadvertida. Tenemos la oportunidad de entrar en ella con gran seriedad, dejemos que el Señor trabaje en nosotros de manera que auténtica y efectivamente lleguemos a ser testigos de la vida de Jesús aquí en tierra.

En nuestra última Reunión Diocesana del Concilio Pastoral en Diciembre, Msgr. William Van Ommeren, en la Casa de Retiro Inmaculado Corazón, compartío conmigo una cita que encontré desafíante: “A menos que hoy la Palabra se haga carne, cómo la podrán ver los otros?”

Hay muchas áreas que nos desafían. ¿Qué bien amo y perdono? – y éso significa amar y perdonar de la manera en la que Jesús me llama a hacerlo. ¿Cómo he aceptado el Espíritu de la alegría, el regalo especial de Jesús tanto en la Resurrección y como en la cruz? ¿Somos verdaderamente gente de esperanza cuyo resultado, como San Pablo nos recuerda, nunca vemos? Estamos esperanzados porque confiamos en la providencia de Dios. Paz también es un regalo de Dios, y somos llamádos a ser pacificadores.

San Pablo en su segunda carta a los Corintios nos dice que somos embajadores de Cristo, que Dios puede ser visto a través de nosotros. ¿Es Cristo visible en mí, en mi familia, en nuestra parroquia, para los demás? ¿Cuando nosotros como católicos observemos la Cuaresma este año, haremos alguna diferencia en el Oeste de Washington? Sospecho que todos diremos, “seguro, así lo esperamos.” Pero si éso va a pasar, tiene que empezar por cada uno de nosotros. Si guardamos la Cuaresma, y entonces tropezamos con encontrarnos malhumorados o arrogantes, entoncés hay una gran desconección. La Cuaresma es un tiempo en el que hacemos conexiones y seremos mejores si nos esforzamos. Otros lo serán, también.

Como tiempo de penitencia y de renovación, la Cuaresma puede ser una oportunidad creadora para individuos, familias y parroquias, embarcados en un tiempo que es espiritualmente fructífero y, espero que la vida-cambie también. Es un tiempo para atizar el fuego espiritual en nuestros corazones. Los invito que después de Semana Santa me escriban, me envien sus experiencias, individualmente o como una comunidad de fe. Entonces haré un informe resumen de las contestaciones que reciba en esta columna. Todos nosotros aprendemos unos de otros, y fe compartida nos man-tiene vigilantes nos da energía y nos inspira a todos.

Todos nosotros tenemos la responsabilidad de responder a la llamada del Evangelio. Todos nosotros tenemos la responsabilidad por nuestra Iglesia. Como todo lo demás en la vida, no hacemos esa tarea perfectamente, pero quizás, sólo quizás, esta Cuaresma marcaremos un momento significativo de más efectividad en compartir la presencia de Jesús y su Espíritu en forma notable en nuestras vidas.

Que Dios les conceda mucha paz y alegría.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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