 Catholic Diocese of Spokane, Washington
Vocaciones: Gracia misteriosa
por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad
(Del edición 2 octubre 2003 del Inland Register)
Nuestras vidas estan llenas de misterios. De muchas maneras, la vida es menos
misterioso, de lo que fue antes – las ciencias se han cuidado de esto. Nuestro sentido de
maravillarnos es menos agudo. Pero nuestro sentido de desear saber, nuestro sentido de temor,
cuando estamos de pie ante lo desconocido, la desinformacion - cuando estamos de pie ante un
misterio –
Las relaciones son un misterio. Personas que se enamoran, casamientos, crear a una
familia: misterioso, maravilloso, tambien - pero un misterio. Estamos de pie ante estos
misterio en temor, en admiracion, y con un sentido de alegría y regocijo. Pero no es menos
misterioso.
Sabemos algunas cosas. Sabemos que Dios nos ama. Sabemos que Dios quiere una relación
con nosotros, como individuos y como comunidad de fe. Sabemos que nuestras relaciones de unos
con otros pueden ayudarnos a tener una relación más profunda con Dios.
Dentro de nuestras comunidades de fe, dentro de nuestra Fe, tenemos los sacramentos -
puntos de luz, puntos de contacto con Dios. Sólidos, casos tangibles y momentos de accion de la
gracia de Dios que nos conmueve, nos sana, nos enriquece. Entendemos pan, vino, agua, aceite. Y
todavía, cuando estamos de pie antes de estos sacramentos, y los recibimos, y nos permiten que
los abracemos; cuando aceptamos la gracia, y saboreamos la alegría: no obstante, enfrentamos el
misterio.
El misterio de relación de un ser humano con otro y con una comunidad. La relación de
Dios con un ser humano y con una comunidad.
Misterio.
La Vida es relación. La relación entre marido y esposa, finalmente, es un misterio.
Jubiloso, y excitante, y un lugar de crecimiento y descubrimiento. Pero también misterio.
La vocación del matrimonio es una llamada entrar en ese misterio sacramental, con
confianza y compromiso.
Y la vocación al sacerdocio y a la vida Religiosa es otra llamada. También misteriosa;
también envuelve confianza; también envuelve compromiso. Y sí, envuelve alegría.
Como sociedad, por supuesto, no sabemos realmente que hacer con personas que no se
casa. Muchas personas dirán de frente: “no es natural.”
Quizás parte por que viene de la inclinación natural humana hacia el miedo de estar
solo. no hay ninguna duda que en el principio de los tiempos muy temprano en le creación,
cuando juntarse era simbolo de supervivencia y aumento las desigualdades entre grupos.
En cierto modo, esa llamada puede significar algo de temor - ciertamente, algo
negativo.
Parte del misterio del sacerdocio y de la vida Religiosa, sin embargo, es la llamada de
Dios. Con esa llamada viene la gracia de esa vocación. Esa gracia incluye el hecho de vivir
como un sacerdote, como un/a Religioso/a, es una vida vivida al servicio con y por el pueblo de
Dios. No es una llamada a la soledad; es una llamada a una relación única dentro de la
comunidad de fe. Debido a la naturaleza única de esa llamada - una llamada que no entendida por
sociedad en su totalidad es demasiado fácil temer el comienzo de una vocación. Casi es más
aceptable tratar de ignorar esa invitación de Dios a vivir como un sacerdote, o como un/a
Religioso/a.
El hecho es, aunque, la llamada de Dios verdaderamente es una llamada llena de
misterio. La llamada al matrimonio; la llamada al sacerdocio; la llamada a la vida Religiosa:
todas ellas son un misterio, todas vienen de Dios.
Se pueden ignorar todas ellas, tambien. Nuestra sociedad no siempre valora compromisos
de relacion de esta clase, sea individual o comunitaria. Esas voces, esas llamadas, pueden
hacerse mas ruidosas que la voz de Dios. Les pido atodos ustedes escuchar: escuchen la voz de
Dios en sus vidas. Ore para que usteded pueda discernir lo que Dios le dice. Ore por aquellos
que dicen “sí” al misterio de la vocación- al matrimonio, sí, pero también al sacerdocio y a la
vida Religiosa. No hay que tener ningun miedo al misterio de la gracia de Dios. Confiar en la
gracia misteriosa que nos toca a todos nosotros.
Cuando oye que Dios le llama a usted, no tenga miedo de escuchar, y responder; decir
“sí,” aun cuando todo nos inclina en el sentido contrario.
Dios habla a todos nosotros. Dios llama todo nosotros. Dios nos toca a todos nosotros.
Está en nosotros el escuchar, y responder.
Por favor oren por mí, y por todos los sacerdotes, que nosotros oramos por ustedes.
- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP
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