Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"Navidad 2003"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 18 diciembre 2003 del Inland Register)

El tiempo de Adviento nos conduce en una jornada de fe una espera llena de esperanza cuando nos preparamos una vez más para celebrar el nacimiento de Jesús. Nuestra sociedad tiene un enfoque muy significativo en la comercialización de Navidad, es verdad. Pero aquellos de nosotros de tradición cristiana, éste es un tiempo para reconocer aún más claramente a la Luz del Mundo, que nace como un bebé, en Belén algunos hace 2.000 años. Las luces, decoraciones, y pensar en los que amamos es de hecho una parte especial de nuestra principal preparación al día de Navidad mismo. Nosotros católicos romanos mantenemos nuestras decoraciones cuando continuamos celebrando con gozo y gratitud el tiempo de Navidad que sigue después del 25 de Diciembre. Espero que el espíritu de este tiempo nos traiga a todos a una apreciación mucho más profunda de la importancia de este momento especial de la humanidad y en nuestra historia de la salvación.

Cuán irónico es hoy que Belén este afectado con hondas tensiones entre los pueblos. El proceso de la paz se muele allí. Al momento, parece haber una pequeña esperanza ante cualquier resolución exitosa a la violencia y las tensiones que destruyen la región en todo el año. No obstante, nuestra tradición cristiana nos llama a ser personas de esperanza. Esperanza fue la virtud que tan prontamente se identifica en María y José cuando Cristo el niño nacía en su familia. Esos tiempos, también, fueron difíciles, pero confiaron en la Providencia de un Dios cuya promesa fue cumplida en el infante Salvador.

De tantas maneras, nosotros también enfrentamos un mundo difícil y violento. Somos seguidores de Jesús, y como María y José, debemos confiar en la Divina Providencia y nuestra fe de que se cumplirá la promesa de Dios.

Navidad nos dá un sentido de perspectiva y equilibrio cuando nuestras vidas se despliegan y viajamos en fe. El Mensaje del niño Salvador, el Príncipe de Paz, se requiere más que nunca. Quizás porque hemos llegado a una nueva era, en un mundo tan prontamente conectado por la comunicación, la movilidad, y el comercio, la oportunidad nunca ha sido mejor para integrar el mensaje del Evangelio en un pueblo global. Ese mensaje puede ser de verdad la salvación en nuestro tiempo. Tratar de ir él solo, sin vivir el mensaje de los dos grandes mandamientos - amor Dios, Amor al prójimo – simplemente no trabaja. Amando a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo como a nosotros mismos provee una sólida fundación para construir una sólida humanidad y persona humana. Cualquier otra cosa es como construir sobre arena.

Como siempre, debemos empezar por nosotros. ¿Qué significa Navidad para mí? ¿Cómo puedo hacer significativo (visible) mi testigo y ejemplo?

Ante todo, se nos desafía a tener nuestros corazones abiertos a la venida de Jesús en nuestras vidas. En un mundo complejo de actividades, imágenes, tensiones, nuestro enfoque debe estar siempre en nuestro Señor Jesús que viene.

Las humildes circunstancias del nacimiento de Jesús nos recuerda la humildad que debemos tener en nuestros corazones, una humildad que expresa la dependencia final en Dios para todo y una humildad que nos ayuda relacionarnos los unos con los otros en un profundo respeto mutuo, perdón y apreciación. ¡Cómo cambiaría nuestros mundo si vivimos ese tipo de humilde aceptación del Salvador y nuestra relación los unos con los otros! Lo mejor del mensaje es lo que vivimos en nosotros, la fuerza más grande del poder del mensaje del Evangelio para la salvación de nuestro mundo. ¡Sí, en verdad nuestro mundo necesita ser salvado!

Segundo, cuando integramos la venida de Jesús en nuestro propia vida, necesitamos estar informados de la gran responsabilidad que tenemos de dar testigo de la presencia de Jesús. En una manera maravillosa María fue escogida por Dios para ser la madre de Jesús. Por su “sí” y su maternidad, Jesús vino en el mundo como Salvador. Es muy apropiado que María tenga un lugar muy especial en nuestras devociones y espiritualidad. Fue el instrumento de Dios para traer a Jesús en el mundo. A menudo nosotros también tenemos un honor y privilegio similar; por nuestro testimonio y ejemplo, hacemos a Jesús presente en nuestro propio tiempo.

Hace unas pocas semanas estuve en Roma para la beatificación de Madre Teresa, ahora Teresa es Beata. Su testigo radical de amor y cuidado por los más pobres de los pobres ha capturado a la comunidad mundial. La gran muchedumbre en la beatificación fue notable. Pero no tenemos que ser beata Madre Teresa. Por nosotros Jesús viene a cada persona. Con ese poder tenemos el potencial de tocar cada corazón humano. La vida de Jesús vivida en y por cada uno de nosotros trae la salvación al mundo. Nosotros todos somos instrumentos del Señor, y hacemos Navidad una y otra vez. Lo que es un gran honor y privilegio para nosotros y lo que una gran oportunidad. No permitamos que pase sin ser usado o desatendido.

Finalmente, les expreso a todos ustedes y sus familias mis oraciones y buenos deseos para una Navidad jubilosa y bendita, durante todo este tiempo de Navidad. Que la paz de Dios esté con ustedes.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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