Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"Voluntarios/as"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 21 agosto 2003 del Inland Register)

Un interesante y bonito aspecto de mi ministerio como obispo es la visita regular a las parroquias. Mis visitas a menudo incluyen la celebración de los sacramentos de iniciación, principalmente Confirmación y Primera Eucaristia. A menudo cuando visito las parroquias, me asombro de los “equipos” que ayudan a la preparacion para la celebración de la Eucaristia. Cada uno sabe lo que tiene que hacer. Aun cuando el pastor puede estar lejos, he encontrado que estas personas son inestimables, porque saben exactamente lo que es necesario para preparar la Misa.

La mayor parte de ellos/as son voluntarios. La preparación de las ofrendas del pan y el vino, los Ministros de la Eucaristia, los lectores, los músicos, la donacion y el arreglo de las flores, los servidores, esos que abren y cierra con llave la iglesia: toda está parte de diferentes aspectos de este grupo que sirve la comunidad. Cuando visito las parroquias, trato de agradecer a todo el mundo de la comunidad por hacer posible el formar una iglesia. Hay siempre el peligro de dejar a alguien fuera. Hace algunos años, cuando agradecía a todo el mundo al final de Misa, oí del servidor mas cercano que estuvo de pie, elevar el Sacramentario para la bendición conclusiva: “El Sr. Obispo, siempre olvida a los servidores.” No queremos olvidar a nadie.

Es bueno para nosotros mostrar cuántas personas en nuestras parroquias tiene un espíritu tan generoso de servicio. Y no solo es materia de las muchas personas envueltas en nuestras celebraciones Eucaristicas. Catequistas, Concilios parroquiales, concilio de finanzas, edificio y comités del mantenimiento son sólo algunos de los muchos servicios que ejemplifican la generosidad de los muchos que dan su tiempo, talentos, y recursos. Sé de un hombre en la diócesis que ha sido catequista voluntario en su parroquia por mas de 30 años. También cocina y a menudo proporciona el jamón para una comida o comidas sin cumplidos. En otra parroquia cuando hay una reunion después, en el salon de la parroquia, uno de los parroquianos siempre trae su helado casero. En varias parroquias una dama es conocida por sus deliciosos rollos de canela.

Este tipo de historias se repiten una y otra vez en las parroquias y son ejemplos. A nivel Diocesano tenemos a muchas personas que sirven nuestras instituciones y organizaciones con distinción. Nuestro Diocesan Review Board, para el abuso sexual; el Concilio Diocesano de Finanzas, con sus varios sub-comités; las mesas directivas de los Cementerios católicos; de Caridades católicas; de la Casa de retiro del Inmaculado Corazón; de la mesas directivas de nuestras escuelas a cada nivel; de nuestros sistemas del cuidado de la salud; La Mesa directiva “Morning Star Boys’ Ranch”: todos ellos proporcionan un servicio tremendo de sabiduría, de ofrenda y de generosidad por el bien de la comunidad de fe y por el bien común en general. De nuevo y nuevamente, me asombra el número de miles de personas envueltas en los muchos aspectos de la vida de la iglesia y ministerio.

A veces uno oye parte de un regano sobre todo en estas reuniones, sobre las necesidades de servicio. ¿Logran alguna vez cualquier cosa? Pienso que logran mucho. Quizás Padre Ron Rolheiser, el redactor de la espiritualidad, dijo que en más de una reunion: ¡Pentecostes pasó por una de ellas! Como los Apóstoles que esperaron en el cuarto superior por la venida del espíritu santo, demasiado veces en nuestro servicio de muchas maneras diferentes contribuimos a edificar el Cuerpo de Cristo. En cualquier momento particular, los resultados de ese trabajo no serían particularmente evidentes. Todavía, no sabemos ni el momento ni el día cuando cosas especiales pasan, cuando hay movimiento. “Esperando en el cuarto superior” no sería todo tan relumbrante, pero demuestra un sentido de paciencia, de confíanza a ese Dios enviará el Espíritu, “el viento sopla donde quiere” (John 3: 8).

Cuando reflejamos en las cuatro décadas desde el Segundo Concilio Vaticano, el desarrollo de los ministerios y el uso de dones por la vida de la comunidad y por la iglesia más en general ha sido en verdad fenomenal. Primeros que todo, la Iglesia ha sido tremendamente enriquecida por esta ofrenda de dones personales y tiempo. Segundo, se dañaría la vida de Iglesia significativamente si no hubiera este generoso ofrecimiento. Tercero, el testimonio de generosidad y participación está en pie como un ejemplo inspirador para aquellos que todavía tienen algo que ofrecer en servicio generoso. Nosotros todos juntos como iglesia necesitamos continuar investigando nuevas maneras acerca de cómo nosotros podemos mejorar la utilizacion de los dones de muchas personas generosas.

Quiero expresar mi gratitud mas profunda y mi apreciación a muchos que usan sus dones tan bien y tan generosamente. A veces lo que parece ser la más pequeña de las ofrendas de servicio puede ser la más valiosa. Cerrar con llave una iglesia después de la Misa no es deber particularmente pesado, pero es un muy valioso y requere responsabilidad.

Que todos nosotros juntos continuemos trabajando para enriquecer la comunidad de fe con nuestros dones y vivir nuestras vidas en servicio generoso al Señor y de los unos para con los otros. El Señor ha bendecido verdaderamente a cada uno de nosotros, y podemos ofrecer nuestros servicios dando esas bendiciones de vuelta a la comunidad de fe, el cuerpo de Cristo.

Muchos paz y muchas bendiciones a todos ustedes.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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