![]() Catholic Diocese of Spokane, Washington
"La Alegría y el Evangelio"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 1 mayo 2003 del Inland Register)
Este tiempo del año también tiene un tono de alegría cuando miramos el verdor de los campos, las flores y la lozanía de los árboles en flor, y ver promesas de nuevas cosechas. El tiempo se pone más caluroso, y a menudo oímos los comentarios de que se espera que aún sea más caluroso mañana. La alegría es parte integrante del Evangelio y parte integrante de nuestra vida cristiana. Es fácil pensar que la alegría sea asociada con algunos eventos como los que he expresado antes, pero en nuestra jornada cristiana, en realidad esa alegría puede asociarse con la cruz. Hace algunos años, leí el libro, La Alegría del Evangelio, escrito por el Cardenal Carlo Martini, un Jesuita y ahora Arzobispo jubilado de Milán. El nos desafía a todos en la Iglesia a ser personas de alegría. Más aún, el hace la observación de que muy a menudo en la Iglesia, vemos la falta de la alegría Evangélica. Su sentido es que cuando la Iglesia está llena de la alegría del Evangelio, la Iglesia de rápidamente se siente arrastrada hacia aquellos que no tienen esa alegría. Si no tenemos esta Buena Noticia, no tenemos nada decirle a nuestros hermanos y hermanas en el mundo. Estas palabras del cardinal deben desafiarnos, cuando miramos a nuestra Iglesia y nuestra propia vida personal. Quizás una tentación más fácil para todos nosotros es pensar que la alegría sólo viene de los éxitos y de los buenos eventos. De nuevo el cardinal es muy directo: “Los que buscan la alegría humana en convicciones humanas, en ideologías, en naderías, no puede encontrar esta alegría.” La gloria de Dios es la fuente de nuestra alegría. Manifestamos la gloria de Jesús no sólo en la Resurrección, sino también en la cruz. Lo último parecería ser un poco difícil de aceptar para nosotros. Pero en la Carta de San Pablo a los Colosenses escribe, “Al presente me alegro cuando tengo que sufrir por ustedes;...” Colosenses 1,24. En su epístola, Santiago escribe, “Mis hermanos y hermanas, estimen como la mayor alegría el tener que soportar diversas pruebas.” muchas veces podemos apreciar que se asocia estrechamente la alegría del Evangelio con la cruz. Es fácil encontrar alegría en los grandes éxitos de la vida, pero cuando los tiempos son duros, ese espíritu se vuelve mucho más un desafío. En lugar de juzgar las alegrías en las circunstancias externas, que tienen un impacto diario en nosotros, la alegría es una calidad profundamente interior del corazón que nos ayuda a mirar en forma más realista la vida. Por eso que es tan importante poner todo nuestro esfuerzo en ser personas contemplativas, que procesamos constantemente la presencia de Dios en nosotros, todos los días de nuestra vida. El Invierno recién pasado pareciera que hemos haber tenido una enfermedad respiratoria muy difícil y no común. Tomamos medicinas. Tratamos de ser cuidadosos sobre el contagio de una enfermedad. En nuestra jornada espiritual hay también enfermedades del alma que tenemos que atender, que necesitan cuidado y medicina. El acercarnos a la Palabra de Dios y a los Sacramentos son para nosotros un tipo de medicina, que nos ayuda a sanar y tratar con las enfermedades que amenazan nuestra salud. Una y otra vez, necesitamos recordar y convencernos de quien somos y de quien dependemos. Por eso es que la celebración regular de la Eucaristía es tan importante en nuestro viaje de fe. Sin ese recordatorio y ese llamado a la santidad de vida, la alegría se vuelve más difícil. Podemos fácilmente estancarnos en una vida que parece enfocarse sólo en nuestros valores. Las ansiedades y las heridas pueden soplar fuera de proporción. Volviéndose fuentes de desaliento y cinismo en lugar de un conjunto de características de una vida nueva y una apreciación del hecho de que Dios nunca nos abandonará. Cuando estamos profundamente enraizados en la presencia de Dios, la alegría se vuelve como un lente por el que podemos mirar toda la vida, enfrentarnos honestamente con ella, y regocijarnos en ese Dios que está con nosotros, sin importar cuan dura o difícil sea la jornada. Es verdad aquel antiguo dicho: “Cuando el camino se hace duro, los duros hacen camino.” Algunos dicen que la alegría es la madre de la comunicación. Un espíritu jubiloso es un comunicador maravilloso. Antes de su Pasión y de su muerte, Jesús habló con palabras de estímulo a sus Apóstoles: “Como el Padre me ha amado a mí, así también les ama a ustedes. Vivan en mi amor. Vivirá en mi amor el que cumple los mandamientos. Todo esto que les digo es para que mi alegría esté con ustedes y su alegría sea completa.” Lo que es un regalo maravilloso para todos nosotros. ¡Que Dios les conceda mucha paz y alegría!
Home |
Bishop |
Communications |
Parishes |
Catholic Charities
© The Catholic Diocese of Spokane. All Rights Reserved
|