Catholic Diocese of Spokane, Washington


De Parte del Obispo

"Somos testigos"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 10 abril 2003 del Inland Register)

“Somos testigos de todo lo que El hizo,” son las palabras de San Pedro en las Actas de los Apóstoles, usadas en la primera lectura del la Misa del Domingo de Pascua. El Evangelio de la Misa está tomado del Evangelio de San Juan, que nos cuenta la historia de María Magdalena, la primera en descubrir la tumba vacía y entonces corre a decírselo a Pedro. Pedro corre de regreso con ella para ver lo que había pasado. De hecho se enfrentan con una tumba vacía. Uno sólo puede imagina sus emociones, su confusión, y incredulidad. Este momento, trae la noticia más maravillosa, que sería la fuente de valor y de esperanza para llevar a cabo la misión de Jesús.

Se asomaron a la tumba y vieron las telas del entierro, que antes habian servido para envolver el cuerpo de Jesús, ahora allí están muy bien dobladas. La tumba vacía debe de haber sido un recuerdo constante, que volverá a revivir cada vez que cuentan la historia.

Su testimonio, sobre estos acontecimintos, aún hoy nos captan cuando celebramos la Pascua, casi dos milenios más tarde. Jesús, de una forma limitada, continuará compartiendo su presencia con ellos hasta su Ascención. Ellos llegarán a entender más plenamente lo que pasó, y con gran entusiasmo y valor, ellos continuarán contando la historia, su testimonio sobre este momento espectacular en la historia.

Ése da testimonio continúa hoy en nosotros como Iglesia, colectivamente e individualmente. Nosotros también pasamos por tiempos de difíciles y penosas experiencias de vida. Nosotros también llegamos a “tumbas vacías” en nuestra vida, esos tiempos cuando sperabamos encontrar algo, pero no había nada allí. Estas tumbas toman formas y situaciones muy diferentes. Puede ser que esperabamos encontrar mucha alegría y felicidad en nuestras vidas, pero quizás lo único que expereimentamos es amargura y enojo. Las cosas no sucedieron como esperabamos, o la fe de la comunidad no era tan perfecta como había pensado.

Puede que tengamos esperanzas y sueños por un mundo de paz. Todavía miramos en la tumba de ese sueño y encontramos que nos coge como un símbolo de miedo. El desierto y el país de Irak eran fue llamado a ser algo diferente de lo que realmente encontramos, como la guerra en la que estamos comprometidos. Desilusión y miedo de lo desconocido nos llega muy fuerte cuando queremos alcanzar el futuro. De hecho, la “tumba” parece estar muy vacía.

Tenemos muy grandes esperanzas en la Iglesia y sus ministros, y aún por el año y medio recién pasado, nosotros como Iglesia hemos tenido desilusión, vergüenza, y turbación. Hay muchas heridas y dolor debido a esta pérdida, quizás algo similar a lo que sintieron los Apóstoles y los discípulos, se sintieron “perdidos” por la pasión y muerte de Jesús. Humanamente quebrantados y fracasados, siendo constantemente fuentes de la atención de los medios de comunicación, es allí cuando nos encontramos con el vacío de esa tumba con la destrucción de nuestras esperanzas, de nuestra confianza, y credibilidad.

Nosotros también podemos mirar en la tumba de nuestras esperanzas, donde anticipamos el día cuando todo el mundo en nuestra sociedad tenga trabajo; en la que la violencia vaya disminuyendo; que las necesidades básicas de todos sean resueltas. Claramente, estas cosas tienen que llegar algún día. Considerando las situaciones presentes de abuso, de violencia, y de una más gran separación entre lo que “hay” y lo que no “hay,” un día de plena luminosidad no parece estar en un futuro inmediato. Junto con Pedro y los otros, nosotros “miramos” en estas tumbas. Estamos confundimos. No entendemos. Están destrozadas nuestras esperanzas.

En la segunda lectura de la mañana de Pascua, San Pablo en su primera carta a los Corintios habla de sacar la vieja levadura vieja en nuestras vidas y reemplazarla con la masa fresca del pan ázimo. Jesús ha muerto y resucitado, de manera que la masa nueva en nuestras vidas sea la realidad de la Resurrección y de la confianza en la presencia de la resurreccion de Jesús con nosotros para siempre. Fidelidad a la presencia de Jesús con nosotros y mirando nuestras vidas con un sentido de verdad son las cualidades que transforman y que nos animan a enfrentar cualquier “tumba vacía” que llegue a nosotros. Podemos mirar más allá del momento inmediato. Jesús ha resucitado. Eventualmente El nos resucitará. Quizás lo mejor podemos hacer en el momento es mirar la tumba vacía, y agradecer a Dios por lo que sabemos es la vida abundante de más allá.

Pedro habla de su testimonio de todo lo que había pasado a Jesús. Es una historia que se repetirá de nuevo una y otra vez, igual en lo más áspero y en lo más difícil de las realidades. Su testimonio se transformó en inspiración para nosotros. podemos mirar a nuestro mundo, con todo sus dolores y todas sus heridas. Todavía creemos firmemente que la Resurrección de Jesús está con nosotros. Hoy, estamos damos testimonio de todo ésto. ¡La historia de la Resurrección en el Evangelio continúa estando viva en nosotros!

Que Dios les conceda a todos/as de ustedes y a sus familias una Pascua Santa y llena de alegría. ¡Mucha paz!

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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