De Parte del Obispo

"Orando la Cuaresma"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 20 marzo 2003 del Inland Register)

La asistencia a Misa el miércoles de Ceniza siempre me asombra. Éste no es día de obligación. Sin embargo el ritual de la bendición y de dar las cenizas toca un centro muy vivo en muchas personas. Quizás tienen el sentimiento de que este tiempo es una oportunidad especial para ser muy honestos con nosotros. Entramos en un período de renovación y conversión del corazón. Me imagino que no hay nadie que no sienta que él/ella necesita crecer en una manera espiritual. Este período de 40 días nos da una oportunidad, no sólo de prepararnos para la fiesta de la Pascua, sino también para hacer un trabajo serio en ahondar y fortalecer nuestra espiritualidad.

Hace algunos años hice la decisión de ayunar de la música durante Cuaresma, tanto en la casa como cuando viajo. Inicialmente había decidido esto como una forma de hacer algo para la cuaresma, y me dí cuenta que dejar esto, fue un desafío para mí. Pero llegó el momento, sobre todo cuando estaba en el auto, que esta soledad se volvió un tiempo maravilloso de piadosa y silenciosa reflexión. La vida puede ser tan ocupada y llena de sonidos. La paz y la quietud ha sido y continúa siendo un regalo.

Además, trato de darme cuenta, cuán atento estoy cuando oro la Litúrgia de las Horas, cada día. Los ejercicios diarios de oración pueden tener la tendencia de hacerse mecánicos y rutinarios. La prisa del momento por lograr muchas cosas, aumenta este desafío de quedarse centrado y atento en lo que oramos, y atentos a la presencia de quien estamos.

Uno de los grandes regalos de nuestra herencia espiritual en la Iglesia, son la tradición rica, son las muchas formas de oración que tenemos. Ciertamente la litúrgia de la Eucaristía es la cumbre de esa lista. En el tiempo de la Cuaresma encontramos que muchas personas deciden asistir a Misa diariamente, en lugar de hacerlo sólo los domingos. Para todos nosotros, el desafío no es sólo asistir, sino también orar la Eucaristía, y orarla bien. El ritual tiene su propio impacto positivo en nosotros, pero el poner atención a lo que hacemos y atención al Señor, en cuyo presencia que estamos, también deja su marca. Escuchar, estar presente, y participacipar son cualidades muy importantes cuando oramos la Eucaristía juntos.

Las estaciones del Via Crucis, las novenas, y el sacramento de la reconciliación son buenas oportunidades para ser más piadosos durante la Cuaresma. El rosario es uno de los modos favoritos, para muchos. El pasado mes de Octubre, el Santo Padre, con su carta apostólica El Rosario de la Virgen María, reflexiona sobre esta oración como una manera de reforzar la vida devota de los católicos. En esa carta él nos llama a dedicar un año del rosario, desde Octubre del 2002 a Octubre del 2003.

Además, comparte una serie de misterios nuevos para meditar: los Misterios Luminosos, o los Misterios de Luz. Personalmente a mí me gustan mucho: el bautismo de Jesús; la fiesta de las bodas de Cana; la proclamación del reino de Dios; la transfiguración de Jesús; y la institución de la Eucaristía.

Todos los misterios del rosario destacan para nosotros los momentos más significativos en la vida de Jesús. De hecho, el Papa sigue deciéndonos que los misterios del rosario contienen la profundidad del mensaje del Evangelio en su integridad. Continúa deciéndonos que esta oración es en dirección a María, pero centrada en Cristo. Hay algo sobre la recitación rítmica que nos toca cuando meditamos, aun cuando estamos en momentos difíciles.

Para mi propia vida espiritual, encuentro que es útil separar un tiempo regular para la oración cada día. Para mí ese tiempo es por la mañana temprano, sobre todo cuando hago ejercicios en el Nordic Track. A veces me pregun-tan, si no encuentro aburrido estar en la máquina de ejercicios. ¡No cuando rezo el rosario! De hecho, pienso que por alguna extraña razón, medito mejor orando los misterios de esa forma, que en otras circunstancias.

A veces siendo padres – quizás muy menudo – el tiempo para la oración viene como un premio, y es difícil encontrar algún tiempo quieto, dejar un momento fijo de paz. Momentos fugaces de oración y de gratitud también tienen su valor cuando estamos atentos a la presencia de Dios y a su bondad para con nosotros. Ésto sería lo mejor que podemos hacer al momento, y no debemos sentirnos culpables, si ésa es nuestra situación. No importa nuestras circunstancias, podemos vivir una actitud piadosa en vida, que nos mantiene conectados con la tierra y atentos a la presencia de Dios.

La oración nos mantiene unidos a Dios. La reflexión nos ayuda apreciar y la meditación para estar abiertos de corazón, al suave toque del Espíritu Santo. Lo más probable es que ninguno de nosotros experimentará un relámpago o un trueno en nuestra oración, pero si perseveramos, y somos constantes y fieles a esta actividad, lo más cierto es que dejará su marca. Lo más importante, habremos crecido en relación con el Señor y los unos a los otros.

Que todos ustedes tengan una piadosa y fructífera Cuaresma. ¡Mucha paz y alegría!

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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