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"Buenos administradores"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 6 febrero 2003 del Inland Register)
Tomando en cuenta el hecho de la baja de la economía en el Oeste de Washington, junto a las pobres condiciones del mercado, que tienen un impacto muy real en la familia y en los ingresos individuales, los parroquia-nos continúan siendo muy generosos. En este tiempo del año empezamos nuestra Colecta Anual Católica, para apoyar varios ministerios de la Diócesis. Hemos llevado a cabo esta Colecta Anual por 40 años. Su éxito ha sido vital a nuestra misión como Iglesia Católica del Oeste de Washington, apoyando muchas necesidades de emergencia en los ministerios. Ésta es parte de nuestra responsabilidad colectiva de ser Iglesia y de continuar nuestra misión, como parte de la Iglesia universal. Finalmente, todo lo que tenemos es regalo. Aunque a veces sentimos la tentación de hacernos posesivos y tomarlo como si fuera muy personal, la realidad en el Reino de Dios es que somos administradores de los regalos y recursos que Dios nos ha dado. La administración de ellos nos llama a hacer un uso sabio, generoso, y de apoyo constante en nuestra comunidad de la fe. En la parábola de los talentos, Jesús nos indica claramente que espera que usemos nuestros regalos sabiamente y no los enterremos o que por miedo los dejemos inactivos. Jesús también nos dice que lo que hemos recibido como regalo, debemos darlo como regalo. Porque los regalos que hemos recibido son también regalos para compartir con la Iglesia. Nuestra misión como Iglesia es común, como parte del cuerpo de Cristo. Como parte de mi responsabilidad, también necesito ejercer bien la administración por parte de la Iglesia. La generosidad de muchos viene a ser nuestra misión común, es una expresión maravillosa de administración que es mutuamente compartida y aceptada. Ese trabajo común es una manera de proclamar y vivir el Evangelio al que todos estamos llamados como creyentes. Me ha conmovido profundamente cartas que recibí de algunas de nuestros ancianos en un ingreso fijo que sólo pueden enviar $5 por mes en su aporte, porque apenas cubren sus necesidades. Piden perdón por lo que ven que es muy poco. Pero para mí, su mensaje se traduce en una expresión de un corazón tremendamente generoso. Por años hasta ahora, a nivel diocesano, hemos tenido nuestros funcionamientos financieros y presupuestos vigilados y supervisados por el Consejo de Finanzas del Obispo. He encontrado que este grupo es de un valor inestimable para mí, personalmente, en las decisiones que debemos hacer para el bien de la Diócesis y para asegurar que somos fiscalmente responsables. Lo mismo que cada parroquia debe tener su consejo de finanzas, así, también, en el nivel diocesano, se supervisan nuestros funcionamientos financieros cuidadosamente para asegurar que proporcionamos en una sólida base financiera para el presente y para el futuro. Como ustedes saben, también publicamos cada año una auditoria consolidada de nuestros funcionamientos de la Diócesis. Se ejecuta esa auditoria cada año, por una empresa de profesionales, los resultados son impresos en el Inland Registrer. Porque una cierta cantidad de los fondos diocesanos en el pasado han sido para apoyar nuestras inversiones, y porque los ingresos del mercado han sido muy pobres recientemente, tendremos que hacer algunos cortes con respecto al presupuesto de este año, con algunas decisiones duras. No tenemos otra opción. Tenemos que ser buenos administradores de los recursos que se nos confían. Ha habido una conversación sobre usar los ingresos de inversión, cuando los mercados vuelvan a ser mejores, para proyectos especiales, sobre todo en las parroquias con recursos limitados y necesidades especiales. Otro ejemplo de nuestra administración en la diócesis ha sido la Inversión Católica de Spokane, “Spokane Catholic Investment Trust” (SCIT), un instrumento por el que varias entidades en la diócesis reúnen sus fondos para que los depósitos sean más eficaces y den el máximo. Además de una Mesa Directiva que vigila ésta reunión de fondos, un comité de inversión, que reúne a aquellas personas que tienen habilidades especiales en esta área, dando dirección y vigilando las inversiones. Estoy muy agradecido al Consejo de Finanzas del Obispo, también a aquellos del SCIT, quienes generosamente sirven, ofreciendo sus talentos y sabiduría. Todos hemos oído el término “lucro cochino.” Hay algo muy espiritual y santo, sin embargo, en la manera en que usamos nuestros recursos para apoyar el ministerio de la Iglesia y la misión. Cada uno de nosotros personalmente debemos preguntarnos cuán responsablemente apoyamos la misión de la Iglesia, dando de nuestros recursos. Nosotros en el nivel diocesano debemos continuar también siendo buenos administradores de lo que recibimos en nombre de ustedes, a más allá en el trabajo de la Iglesia. Gracias, muchas gracias por su participación en este noble esfuerzo que juntos hacemos para servir a la Iglesia, usando nuestro tiempo, talentos, y bienes. Que Dios les bendiga y les dé paz.
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