De Parte del Obispo

"Un año de aprendizaje"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 16 enero 2003 del Inland Register)

Una parte importante de nuestra jornada cristiana es reflexionar sobre nuestro pasado. En mi caso a menudo pienso en la imagen de remar un barco. Recuerdo cuando era un niño mi padre me enseñó cómo remar cuando ibamos a pescar en bote. La estela del barco siempre dice de donde ha venido y esta nunca es una línea recta. Recuerdo que traté de hacer el camino más recto posible, pero nunca fue perfecto. Mejoré al paso de los años. También, siempre fue muy importante dar la vuelta para ver donde iba y estar que en adelante la dirección era correcta.

En este tiempo, principio de un nuevo año, todos nosotros sabemos cuán significante fue el año 2002. Es muy importante que reflexionemos en lo que ha pasado.

Para mí personalmente, en todos mis años de ministerio, no ha habido nunca un año como el 2002. He aprendido mucho. Claramente, debemos evaluar lo que pasó y movernos hacia el futuro con un gran sentido de responsabilidad y consideración, los unos para con los otros. Si alguna vez hubo un sonido profético en las palabras de San Pablo, que nos recuerda eso “lo único que importa es que somos una nueva creación (Gálatas 6: 15),” esto es lo que ha sido el año recién pasado.

Por lo tanto ¿Qué me enseñó el año 2002? Cinco lecciones sobresalen.

Primeros, aprendí sobre la profundidad del dolor del abuso, sin importar el tiempo en que ese abuso haya ocurrido. Aunque el abuso sexual ha estado presente por siglos, difícilmente alguien supo de ellos, excepto las víctimas y sus familias que se dieron cuenta de la herida, del dolor y del impacto traumático de tal abuso. A veces ha habido críticas de, porqué las víctimas y/o sus familias no se adelantaron para denunciar más rápidamente después de que el abuso ocurrió. Culpa, vergüenza, miedo de no ser creído, o la realidad de no ser tomado seriamente, fueron todos obstáculos. A veces, ha tomado años para las víctimas el darse cuenta de lo que verdaderamente había pasado con ellos/as.

A través de las reuniones con víctimas y sus familias, he llegado a entender mejor que el tiempo no cura tales heridas, que el dolor es tan intenso hoy como fue al principio cuando los hechos ocurrieron, y que sólo a través de un consejero, compartiendo y con el amor de Cristo uno puede empezar a superar tal trauma y comenzar a sanar.

Segundo, también llegue a entender mejor que no hay tal cosa como un consentimiento en una la relación sexual entre cualquier adulto y un menor, entre una figura de autoridad y uno que está en una posición secundaria o entre un consejero y un cliente. Escuchando a las víctimas, he encontrado que algunas personas que se encontraban en una situación vulnerable, se encontraron ellos o ellas mismas en una trampa, de la que fue muy difícil deshacerse. Sólo más tarde entendieron la dinámica de la situación, y que ellos en verdad fueron abusados y que se aprovecharon de su situación. De nuevo, no hay tal cosa como una relación sexual aceptada de un menor de edad con un sacerdote. Tal relación es inmoral. El sacerdote es una figura del padre y uno en autoridad, no importa en que circunstancia, su responsabilidad es mantener los límites apropiados.

Una psiquiatra que habló a los obispos católicos de los EE.UU., en Dallas hizo un paralelo entre el incesto en una familia y el abuso por el clero. El incesto igual, que el abuso sexual de menores es una prohibición original en todas las culturas de todos los tiempos. En ambos casos un devastador impacto ocurre a la víctima. Por eso es que el desarrollar sensibilidad y escucha, son habilidades críticas que se requieren cuando nos ponemos en el camino de las víctimas. Y es por esto que continúo tratando de llegar a las víctimas y sus partidarios para buscar el mejor camino que haya en buscar maneras que sean útiles, yo estoy disponible para recoger su experiencia y ayudar, asegurar que tal abuso nunca vuelva a pasar de nuevo en nuestra iglesia.

Las normas para las situaciones de la manipulación de abuso sexual de menores, en la Iglesia Católica de los EE.UU. han sido aprobadas por la Santa Sede. Este procedimiento legal apoya la carta constitucional aprobada por los obispos en Junio, y da direcciones claras acerca de cómo debemos proceder en el futuro. Aumenta el uso de Mesas Directivas en la revisión de los casos, envolviendo a los laicos, tanto a nivel local como nacional, y debe ser utilizado con sabiduría para asegurar mejor la responsabilidad y sensibilidad al conducir este problema tan complejo y real.

Así, una tercera lección, que he aprendido este año recién pasado, es la importancia del aumento de la participación de los laicos en forma substantiva y en formas auténticas en la administración de una diócesis, sobre todo cuando viene el desafío crítico ante nosotros, de restaurar la fe y la confianza en la Iglesia. Creo profundamente, que el tiempo ha llegado para que los obispos encuentren una manera más práctica de compartir la autoridad que implícitamente y explícitamente reside en la oficina de “el obispo.”

Una cuarta lección que tengo que reaprender es la verdad del viejo adagio viejo sobre tener una percepción retrospectivo 20/ 20: cuando se rema el barco es fácil ver de donde hemos venido, no tan fácil ver el zig-zag de un tirar los remos en forma desigual. Cuando miro hacia atrás sobre mi propio ministerio, como joven obispo hace más de 20 años, manejé un caso en consulta con profesionales usando la mejor sabiduría del tiempo. Hubo un sacerdote en la diócesis de Yakima del que se me informó, haber molestado sexualmente a un menor. Inmediatamente lo mandé a un consejero. Dejé que continuara en ministerio, hasta que más tarde, recibí la recomendación de su consejero, que necesitaba una terapia más intensa en un programa residencial. Durante esos tiempos había discusión sobre si un programa de enfermo ambulatorio o uno de terapia residencial sería el mejor. Aunque juzgué, que no podía volver al ministerio en Yakima, el programa de terapia residencial sugirió que trabajara en otra diócesis, con vigilancia apropiada y una continuación en el programa. Sabemos hoy que ya no podemos tomar este camino. En el mejor de mis conocimientos, nada ocurrió después del primer informe.

Sin embargo, aunque los Obispos católicos de los EE.UU en su encuentro de Junio en Dallas, el proyecto indicó ese después de un sólo incidente de abuso, un sacerdote con terapia y con la aprobación de la Mesa Directiva podría volver posiblemente al ministerio. Ése procedimiento sugerido no fue aprobado, y ahora, como usted ya sabe, aunque haya sido un incidente de abuso de un menor, no importa cuánto tiempo hace que haya sucedido, elimina a un sacerdote de su ministerio. Los obispos decidieron que ellos quieren asegurar mejor que el ministerio de la Iglesia sea conducido en una atmósfera de seguridad máxima para niños y jóvenes, que éste es el parámetro, que no puede haber ningún compromiso cuando es la seguridad de los niños, como la del débil y vulnerable, debemos estar seguros de que no sean víctimas de ningún miem-bro o personal que sirva en la iglesia.

Finalmente, la quinta lección que aprendí, es la importancia de continuar la comunicación entre los parroquianos y mi persona, dentro de la diócesis, sobre todo en este esfuerzo continuado de manejar la manipulación, el abuso y las víctimas de abuso, por algunos miembros de la jerarquía de la Iglesia. Necesitamos restaurar la fe y la confianza. Necesitamos restaurar la credibilidad. Requerimos la mejor sabiduría de todos nosotros para movemos al futuro, y almacenar la sabiduría que vine de un entender mejor lo que he hecho para hacer un trabajo mejor, de comunicarme directamente con ustedes, para asegurarme que en verdad entendí sus pensamientos, sentimientos, necesidades, esperanzas y miedos.

Este momento nos da a todos nosotros como Iglesia una oportunidad nueva de aprendizaje no sólo sobre estos casos trágicos de manipulación sino también un aprendizaje sobre cómo podemos escuchar, cuidar y responder, los unos por los otros como Cristo lo hizo. No debemos dejar capturar por el cinismo, el miedo, el enojo o la desilusión. Al empezar un nuevo año, que cada uno de nosotros busquemos en nuestra Iglesia más integridad, sabiendo que el Señor es el que da la vida, que nos dará las gracias que necesitamos y cuyo Espíritu Santo continúa enseñándonos, guiándonos y transformándonos.

Que Dios bendiga a cada uno de ustedes con mucha paz y alegría en este año 2003.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


© The Roman Catholic Diocese of Spokane. All Rights Reserved


Home