De Parte del Obispo

"El Perdón: es el corazón del mensaje cristiano"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 5 diciembre 2002 del Inland Register)

El 6 Octubre en una emisión de la revista América, el Cardenal Avery Dulles SJ escribío un interesante artículo sobre el perdón. Al comienzo del artículo, comparte un comentario del teólogo Martin Marty, que piensa que el corazón del mensaje cristiano, puede ser muy bien el perdón.

Al final de su reflexión, en las notas el cardinal dice "el espíritu de perdón es esencial para la preservación de comunidad humana, tanto en el hogar, en el barrio, en la nación o en el mundo. No es menos necesario para disponer a las personas individualmente a recibir el perdón de Dios."

Con el Tiempo de Adviento, empezamos otro año litúrgico. El Tiempo Adviento habla de la venida de la Señor a nuestras vidas, y para nosotros, como seguidores de Jesús, es abrir nuestros corazones a la presencia amorosa, misericordiosa del Salvador que nos perdona.

La Iglesia considera de una gran importancia la misión del perdón. De hecho, se ha vuelto esta materia del perdón, un rito sagrado, un sacramento, en el que encontramos a Jesús lleno de misericordia. Como San Pablo nos lo recuerda en su Segunda Carta a los Corintíos, "Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos:¡ Reconciliaos con Dios ! " ( 5, 20)

Algunos de los más desafíantes mensajes en los Evangelios, son las órdenes de Jesús de perdonar. Muchas de las historias en el ministerio de Jesús se tratan del perdón; el encuentro con Zaqueo, la mujer acusada de adulterio, el ladrón en la cruz: todo estos son poderosos desafíos para nosotros, ir adelante y hacer lo mismo. Pedro también tuvo su caída en el interrogatorio del Señor, sobre cuántas veces tendría que perdonar. ¿La respuesta de Jesús? No hay límites acerca del número de veces. Muy a menudo somos como Pedro. Queremos limitar. De algún modo, allí parece que tenemos un sentido de orgullo, en el que no queremos que otras personas se aprovechen de nos. Podemos tener ésa mentalidad torcida de que nosotros de algún modo, al poner limites, hacemos saber a los demás nuestro sentido de victoria y castigo por lo que han hecho. Básicamente, ésa es una manera muy sútil de control.

El Papa Juan Pablo II frecuentemente está enfatizando el perdón y la conciliación en su ministerio. En 1980 el escribió la Encíclica "Rico en Misericordia". En del año nuevo milenio en el 2002, su testimonio al pedir perdón por nuestras equivocaciones como Iglesia en el pasado, ya se ha vuelto legendario. Su peregrinación a Tierra Santa, año que fue marcado por el tema del perdón y de la reconciliación. La mayor parte de ese mensaje ha caído en oídos sordos, y con consecuencias desastrosas. El odio y el "acariciar" recuerdos de insultos e injusticias se vuelven como un cáncer en nuestras relaciones, lo mismo en el alma de las naciones. Hasta que no se reconoce ese cáncer y se trata, la degradación en las relaciones continuará.

Recientemente, en el mes de Abril, el Santo Padre emitió una carta apostólica, "La Misericordia de Dios", en la que ofreció direcciones más específicas para la celebración del sacramento de la reconciliación. Expresa fuertemente la necesidad de apreciar este sacramento. También teme que en algunos lugares haya habido una tendencia abandonar la confesión individual y hacer un mal uso de la absolución "general" o "comunitaria."

Hay tres maneras en la que se puede celebrar el sacramento de la reconciliación en la Iglesia. El I Rito que ha sido uno que ha permanecido fuerte en nuestra tradición; la celebración individual, con un confesor. El II Rito que es una celebración comunitaria en el que varios o muchos confesores están disponibles para oír confesiones individuales y dan la absolución al penitente en el contexto de una celebración liturgica en la Comunidad más amplia, con lectura de la Palabra y un exámen de conciencia. El III Rito que también se celebra comunitariamente, con el ministro que concede la absolución a todos durante el servicio, sin la confesión de pecados específicos por los individuos. Se sabe que esta última forma, como conceder "absolución general." Siempre que se acompaña el conceder una absolución general por el ministro, y si hay un pecado mortal deberá ser mencionado en una celebración futura, cuando se pueda mencionar el pecado mortal a un específico confesor.

En su carta apostólica de Abril, el Papa Juan Pablo II ha enfatizado que el III Rito se use sólo en casos de grave necesidad. El describe más específicamente lo que significa por restricción: "cuando existe una necesidad grave, esta es, cuando a la luz del número de penitentes un suministro apropiado de confesores no están en el momento disponibles, para oír las confesiones individuales, de una manera eficiente dentro de un tiempo apropiado, de manera que se privaría los penitentes de la gracia sacramental o la sagrada comunión por un largo tiempo que no es su falta; se considera necesidad suficiente, si los confesores no pueden estar prontamente disponibles debido al gran número de penitentes, como puede ocurrir con la ocasión de algunas grandes fiestas o peregrinaciones."

Les he dicho a los sacerdotes de la diócesis que necesitamos adherirnos a las directivas de la carta apostólica del Papa. Ya en muchas parroquias se ha usado el II Rito, con éxito considerable. En las circunstancias de nuestra diócesis, creo que dadas las restricciones precedentes, el III Rito no debe ser usado. Todos nosotros necesitamos ser pacientes y hacer el mejor esfuerzo cuando se nos proporciona la oportunidad de usar el II Rito. Cuando el II Rito se celebra, en cuidadosa coordinación y planificación entre los pastores, es y será muy importante. En muchos casos ésto ya es una realidad.

Finalmente, no se debe ignorar la celebración del sacramento de la conciliación en nuestra jornada espiritual. Cada uno de nosotros tiena la necesidad del perdón, y la celebración de este sacramento de misericordia ofrecido a nosotros por la Iglesia, puede ser una manera poderosa de confrontar la realidad de pecado en nuestras vidas y encontrar a un Jesús lleno de misericordia, que perdona y sana. Que cada uno de nosotros seamos una señal mutua de unos para con otros en esta busqueda del perdón y de la alegría en la misericordia de Dios. ¡Qué tengan un Santo Tiempo de Adviento!

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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