De Parte del Obispo

"Tiempos difíciles"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 14 noviembre 2002 del Inland Register)

Estos días no han sido fáciles, para nosotros en la comunidad católica del Noroeste de Washington. Aunque la mayor parte de los acontecimientos sucedieron hace años, el escándalo del abuso sexual nos avergüenza, nos entristece y nos frustra. El pesar y el dolor de estas marcas del pasado de fe y de confianza están muy presentes hoy, no sólo en las víctimas y sus familias, pero sobre todo de nosotros que pusimos nuestra fe y nuestra confianza en la Iglesia y sus obispos, sacerdotes y diaconos.

Se ha dañado a las víctimas y a sus familias es verdad. Y a muchos buenos sacerdotes que saben que su virtud tiene que ser – y, en la mayor parte es – sin reproche, se sienten arrastrados por la desgracia que trajo la mala e ilegal conducta de algunos. El enojo por parte de todos es comprensible. Vidas han sido irrevocablemente cambiadas, debido a estos abusos, a menudo con la incapacidad y/o incapacitados de algunos para sanar. Además, mi predecesor luchó con sus propios males personales. Afligido por su afición al alcohol, su conducta recientemente revelada sirve para corroer más allá, la ya disminuida confianza por parte de muchos en la diócesis.

Como comunidad católica estamos llamados a la compasión para con todos los que se han visto envueltos en estas situaciones. He expresado repetidamente mi disculpa a las víctimas y sus familias y les he ofrecido la ayuda para que sean atendidos por un consejero. Lo hago de nuevo en nombre de la Iglesia católica.

Estoy aplicando todas mis habilidades para que esto no vuelva a suceder. Comprometidos todos en nuestra comunidad católica, en el Noroeste de Washington, para que el ministerio sacerdotal y todos los ministerios en general, se desarrollen en una atmósfera de seguridad absoluta para nuestros niños, la juventud y los adultos vulnerables. Nosotros todos somos llamados a tener un sentido de reverencia y de respeto de los unos para con los otros, sobre todo en el área, de los límites apropiados, en lo que se refiere a nuestra sexualidad y relaciones interpersonales.

Aunque ha habido un intento de censurar la orientación sexual o el celibato, por algunos de los problemas que hemos enfrentado, a mi juicio estos sentimientos están fuera de lugar y a veces aún son crueles. Éste no es tiempo para hacer censuras o comprometernos en retóricas inflamatorias o derogatorias, que parecen justificar el que se puede pisotear sobre las faltas y los fracasos de los demás, por muy trágicas que esas faltas y fracasos sean. Las propias palabras de Jesús en el Evangelio nos advierten directamente sobre esto, para estos tiempos y siempre.

Somos responsables los unos de los otros, en nuestra comunidad de fe. Eso es verdad especialmente para todos aquellos de nosotros que estamos en posiciones de dirección pastoral. Para el tiempo en que lean esto, yo estaré en reunión en Washington, D. C., de la Conferencia de los Obispos Católicos de los Estados Unidos. Los obispos trabajarán en lo que esperamos sea el final del proyecto de las “Normas Esenciales” para actuar con respecto al abuso sexual en nuestra nación. Esperamos que aprobación venga rápidamente de la Santa Sede y así cada diócesis católica en nuestro país estará obligada a seguir estas directivas. Son un camino trazado para movemos en el futuro con un sentido de esperanza y renovación, oramos para que nos hagan más fuerte y más verdaderos como una comunidad católica de fe.

Para nosotros aquí en la Diócesis católico del Oeste de Washington, pondremos todo nuestro esfuerzo para asegurar un acercamiento organizado al tratar nuestra situación presente, ahora y en el futuro. Pensamos hacer una consulta amplia, para procesar el refinamiento de las políticas y procedimientos que hemos promulgado, asegurarnos que trabajan en esta diócesis y que nuestros parroquianos están totalmente de acuerdo y aceptan estas pautas. Este proceso nos llama a ser lo que debemos ser y continuar con la misión que el Señor Jesús nos ha confiado.

Fracasos y pecados han sido siempre parte de la existencia humana. No se excluye a la Iglesia. Reconocemos nuestras debilidades, pero igual y más importante es que enfrentamos el futuro con un sentido de hacerlo mejor, quizás aún mucho mejor que en el pasado. Cada uno de nosotros es una obra en progreso; así también lo es la Iglesia. Hemos sido marcados con los dones del Espíritu Santo, y la promesa de Dios se cumple si somos fieles.

Éste es un tiempo de valor y de compromiso, de apoyo y de afirmación, de los unos para con los otros, cuando miramos al futuro. Estoy muy conciente de que algunos están muy desilusionados y escandalizados, que ya no quieren participar ni apoyar. Las fracturas y las necesidades de sanar y de renovación no deben ser nunca ocasión para alejarnos. Nuestro compromiso bautismal nos llama a la fidelidad a Dios y a nuestra comunidad de fe – en comunidad, como en matrimonio, “Cuando nos va bien o cuando nos va mal.”

Finalmente, cuando nos acercamos nuestra fiesta nacional de acción de gracias, quiero expresar mi gratitud profunda a todos ustedes. Gracias por sus oraciones. Agradezco a todos aquellos que han tenido a valor venir y compartir sus vidas, heridas y vergüenza conmigo. Agradezco su compromiso y dedicación a la Iglesia, especialmente cuando los tiempos pueden ser difíciles. Nosotros todos necesitamos agradecer a Dios por la riqueza con que nos ha bendecido como Iglesia, como nación, como residentes aquí en el Noroeste.

Que ustedes y sus familias tengan una fiesta de Thanksgiving muy feliz y bendita.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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