De Parte del Obispo

"¿Perfección?"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 24 octubre 2002 del Inland Register)

El 11 de Octubre la edición USA Today ha incluído un artículo muy abierto, que describe la lucha libre del corazón de los líderes humanos, que están en altos puestos, en grandes compañías en el mundo de la sociedad. La razón por esta lucha se atribuye a la “torcida y fija mentalidad” de aquellos que se encuentran atrapados en una visión negativa sobre la vida y sobre ellos mismos. Un gran ejecutivo comentó que, “que ellos se mantienen construyendo monumentos a ellos mismos para sacar la imagen negativa que tienen de ellos mismos. Esto, por supuesto, no trabaja.” se dieron varias explicaciones, acerca de porqué todo de ésto ocurría: la pobre imagen de sí mismo; el mito, que de algún modo convence a estos individuos, que ellos se lo merecen; fantasías desenfrenadas; bendiciones de la sociedad; la competitividad va junto; el síndrome del soldado solitario; aburrimiento; y ejemplos de la vida real de cómo el poder corrompe. Un autor comentó sobre la situación: “Sus deseos se vuelven insaciables una vez que alcanzan la cima.”

No necesitamos enfocarnos en ejecutivos de corporaciones para saber que este problema en general es mucho más problema de perversión del corazón humano. El deseo por la perfección hoy toma muchas formas diferentes: el cuerpo perfecto, el trabajo perfecto, la iglesia perfecta, la garantía perfecta, el hogar perfecto, el matrimonio perfecto, el desempeño perfecto en el ministerio. Todavía, este sueño de perfección nunca está de acuerdo con la realidad. Todos nosotros básicamente vivimos con algo desarreglado. Somos humanos. Y debemos ser honestos sobre esos valores que tenemos y seremos en verdad más humanos y esto nos dará vida.

Hay un tipo apropiado de perfección al que podemos y debemos aspirar. Jesús en el Sermón en la Montaña alude a ese desafío: “Así, sean perfectos como su Padre celestial es perfecto” (Mateo 5: 48). La perfección se encuentra sólo en Dios, y nuestra propia búsqueda, aunque nunca se dé totalmente en este mundo, debe ser constante y continuada. Dios continúa moldeándonos y dándonos forma.

En poco más de una semana, celebraremos dos fiestas la de Todos Santos y Todos los difuntos. El Día de Todos los Santos, nos recuerda a las innumerables personas que se han ido antes que nosotros, buscando santidad de vida en las experiencias de la vida ordinaria. Claramente su enfoque fue un camino de conversión, una dependencia en Dios, un extra-ordinario amor a Dios y a los demás, y un gran sentido de humildad sobre lo que es realmente importante en su vida. El truco es cómo dirigimos nuestro propio deseo de ser perfectos. Si dirigimos ese deseo hacia nuestra relación con el Señor Jesús y, por él, a la comunidad de fe y al mundo, entonces encontraremos más satisfacción y significado en nuestro complejo camino de fe.

En cambio, podemos ser totalmente absorbidos, viviendo nuestras fantasías sobre individualismo escabroso-fantasías que nunca nos satisfacen y nunca se cumplen. La alegría y la satisfacción en la vida son el resultado de nuestra relación y respuesta a la llamada del Señor Jesús, una llamada ser persona que aman, perdonan y son generosas. El absorbernos en nosotros mismos, nos hace ciegos a lo que realmente estamos llamados y a aquello que se nos promete. Se deben encauzar nuestros deseos insaciables y deben ser dirigidos a Dios. Llevarlos en cualquier otra dirección, esperando satisfacción de cualquier otra fuente, nos conducirá a la frustración, dependencia, y un anhelo de totalidad que nunca no se satisfará.

No tenemos que ser perfectos para agradar y ser amados por el Señor Jesús. ¡Al contrario! Jesús está constantemente en búsqueda de aquellos que son imperfectos, que están heridos. “Los que están sanos no necesita médico. Las personas enfermas sí.” En su ministerio Jesús favorece a todos, excepto a aquellos que lo rechazan - y aún a ellos igual los perdona. Constantemente llega a la gente de manera que ellos puedan ser físicamente o espiritualmente más enteros. Su amabilidad y afirmación son señales de cómo nos trata a cada uno de nosotros. No requerimos de otros sostenes externos para intentar sostener nuestra autoestima y felicidad de vida. Ellos solos no trabajan. Como el artículo del periódico lo muestra, esas vidas que parecen tenerlo todo, acaban arriba en un desastre. Como seguidores de Jesús, debemos saber donde está construida nuestra fundación de vida.

Cuando miramos por nuestra propia santidad de vida y nuestra constante búsqueda es en Jesús, estamos atentos a las palabras de San Pablo que nos dice, “somos embajadores de Cristo, Cristo cuando reclama por nosotros.” Como Jesús nos trata con gran compasión y está presente constantemente para nosotros es por eso que podemos tener vida y la tenemos en plenitud, de modo que podamos estar presentes los uno a los otros con generosidad, amor, y perdón sin límites. Ése es donde se encuentra la verdadera sabiduría y profundidad de nuestra vida espiritual, vivida radiante hacia el futuro. Cada intento de poner a otros abajo, la venganza perfecta, y el demonizar a otros, es contrario a ser “embajadores de Cristo.” seriamente llevamos dentro de cada uno de nosotros la responsabilidad de los unos para con los otros, como Jesús cuida de cada uno de nosotros.

Obviamente, ese estilo de vida no es fácil. Jesús nos usa a todos como sus instrumentos para el desarrollo del reino entre nosotros, aquí y ahora.

Con todo esto en mente, quizás podemos orar diariamente más devotamente el Nuestro Padre, una oración que nos recuerda y nos alienta: “El reino viene.”

Que Dios les bendiga a todos ustedes y les de paz.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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