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"Una Iglesia por la vida"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 3 octubre 2002 del Inland Register)
En cierto sentido, esos números han acuñado una palabra nueva en nuestro vocabulario. Hemos visto cuán sensibles somos como nación a la vida de las personas muertas ese día. Hemos oído historias sobre las familias y el impacto de una madre que da a luz a su hijo sola y las difícil tarea de salir adelante con una familia solo/a. Siento que me da animo cuando toda una nación esta atenta a los mellizos siameses que nacieron unidas por la cabeza, y la larga operación de casi 24 horas para separarlas. Miramos con ansia por la buena noticia, que nos cuente del éxito de la operación, y la libertad de movimiento corporal que esos dos niños tendrán. Nos regocijamos de la maravilla de la tecnología médica moderna, cuando se operó a un pequeño en el útero de su madre, por un defecto físico. Por un lado, está presente en nuestra tierra esta preocupación amorosa y cuidadosa por aquellos que son frágiles y vulnerables. En cambio, por otro lado, puede haber un descuido masivo por la vida humana, del momento de la concepción hasta el nacimiento. Más de 1 millón de abortos en un año, en nuestra nación, sólo un punto de esa realidad. Gracias a Dios, reconocemos que este número en años recientes parece estar en disminución, pero todavía los totales horrorizan. Debemos continuar el trabajo de convencer a la nación de que la violencia contra una persona, en el útero, es tan serio y grave, como la violencia hacia cualquier persona después de su nacimiento. Sólo recientemente, una historia que se abrió paso en las noticias, la exhibición de un vídeo de una madre, que dio una paliza a una hija suya de cuatro años, en un parque de estacionamiento. Ésta noticia cubrió los titulares de los periódicos. La gente quedó espantada de la escena. Nuestra sociedad necesita proteger a niños, aún de sus propias familias, durante el tiempo cuando los pequeños son tan vulnerables. Aquí en los Estados Unidos, tenemos una tradición de muchos años, que es celebrar en el Mes de Octubre, el Mes del Respeto a la Vida. El 6 de Octubre de este año, es el Domingo del Respeto a la Vida. Ciertamente una misión muy importante para nosotros como Iglesia católica en nuestros días, como es ser una iglesia de la vida y por la vida. En su Encíclica El Evangelio de la Vida, el Papa Juan Pablo II habla de este llamado a proclamar “una re-afirmación concreta y vigorosa del valor de la vida humana y su inviolabilidad, y al mismo tiempo una llamado urgente que se dirige a cada uno y a cada persona, en el nombre de Dios: respeto, protección, amor y servicio a la vida, cada vida humana” (# 5). El Santo Padre también dice que “Donde la vida este envuelta, los servicios por la vida deben ser consistentes” (# 87). Los acontecimientos anteriores que muestran un gran cuidado y amor contrastan tremendamente, con la noción mayoritariamente aceptable de que la vida en el útero es desechable, o que el pobre necesita tomar cuidado de ella “no somos responsable por ellos!” parece ser la manera de pensar. Eso es una mentira, pienso que hay una gran inconsistencia sobre la actitud de nuestra sociedad hacia vida. Nuestro importante y privilegiado papel como Iglesia es pedir la protección de la vida humana, ser consistentes de nuestra manera de pensar y preocupación, apoyar y respetar la vida humana en todas sus fases, desde el momento de su concepción hasta su muerte natural. Nuestra teología de sobre la vida humana es en verdad bastante simple: Creemos que cada ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios. Jesús nos dice que debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. No hay ninguna excepción. Esto significa especialmente, que debemos amar a nuestros enemigos. Ésa es la pauta para hacer vida el evangelio. Ése debe ser nuestro estilo de vida. Es por eso que debemos continuar siendo una Iglesia de la vida y por la vida. Poco antes de su martirio, de hace un par de décadas, el Padre Jesuíta Rutilio Grande de El Salvador, dijo que el mundo material no tiene fronteras. Eso significa para todo el mundo, aún para el más pobre de los pobres. El fue muerto por proclamar ese mensaje. Es tan fácil levantar fronteras en nuestros corazones — para el no deseado, que no nacido; para el pobre; para el enemigo de un mundo lejos de nuestro medio; a una persona de un credo diferente o de un color diferente; de la gente de una situación económica diferente; del trabajador emigrante, tan desesperado por sobrevivir; de la madre sola que no puede salir adelante económicamente, aunque ella trata desesperadamente de ponerse de pie, en su estado financiero y obtener más educación. La lista puede seguir y seguir. ¿Qué significa el voto reciente, en la elección, en la Ciudad de Spokane, para aquellos que necesitan el transporte público, que son los más? ¿Instalamos fronteras o murallas de separación y somos consistentes en nuestro cuidado de los unos para con los otros en nuestra sociedad? Una Iglesia de la vida y por la vida puede y debe ser una presencia poderosa en nuestra sociedad. Nosotros como católicos somos llamados a ser consistentes en nuestra respuesta, y llamar a la sociedad en general, a una consistencia mayor. Debemos hacer esto positivamente, respetuosamente, y esperanzadamente cuando miramos hacia el futuro. Este mes, cuando también celebramos el mes del rosario, ojalá todos nosotros continuemos trabajando duro y rezando por una sociedad de la vida y por la vida. ¡Mucha paz y muchas bendiciones para todos ustedes!
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