De Parte del Obispo

"Un año más tarde de los Acontecimientos del 11 de Septiembre"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 12 septiembre 2002 del Inland Register)

Muy poco es lo que podríamos adivinar nosotros sobre los grandes efectos que ten-drían después de un año los tumultuosos acontecimientos sucedidos el 11 de Septiembre, los Es-tados Unidos sintió su terrible efecto y también lo hizo la comunidad mundial. Las caídas de las Torres del Centro Comercial del Mundo, el Pentágono, y Pensilvania, son lugares que nos han entregado la historia de la tragedia, pero también nos han dado sus complejas e inspiradoras historias. Ahora es muy claro que nuestro país no será nunca el mismo. La escena mundial ha cambiado también. Nuestros días modernos unidos a la movilidad y la comunicación, esa bendición de posibi-lidades, ha hecho también posible la emergencia de gru-pos que se esfuerzan por ir más allá de sus causas ideológicas y de odio.

Por décadas hemos dado testimonio de violencia en varias formas en nuestro país, pero nada puede compararse a la destrucción experimentada, en el alma de esta Nación con el derrumbe del WTC, viniéndose abajo como una casa de cartas de naipes. Ellas que fueron símbolo de prosperidad e de invencibilidad del mundo, única superpotencia. En un día de agonía, descubrimos dolorosa-mente nuestra vulnerabilidad, quizás fue sólo un recuerdo – de nuestra fragilidad y vulnerabili-dad. En medio de la devastación y de la destrucción, emergieron poderosas e inspiradoras historias de heroísmo y de sacrificio que nos emocionaron a todos. Juntos nos dolimos de lo pasado. Fuimos especialmente generosos y carita-tivos. Recuerdo que iba en un Taxi Van, que nos llevó al aeropuerto, sólo unos días después de los acontecimientos, y por una hora o algo así, algunos de nosotros empezamos a conversar sobre los acontecimientos, en un nivel muy personal, algo extraño por su profundidad, como si nos cono-ciéramos, los unos a los otros, por mucho tiempo.

La comunidad nacional se unió rápidamente, nos dimos cuenta que en esto estábamos todos juntos. Un fuerte sentido del bien común fue sostenido por aquellos que habrían dado prontamente sus vidas en servicio de los demás. La muerte fue trágica, pero no fue la última palabra, ni el estado final. La espiritualidad de la nación apareció más fuerte en ese día y en las semanas siguientes, de una manera que no habíamos experi-mentado normalmente en nuestra vida diaria. El reconocimiento de la fragilidad y de la vulnerabilidad tiene la facilidad de hacer esto. Para nosotros, en nuestro camino en la fe, la aceptación y la admi-sión de nuestra dependencia de un Dios generoso y amable, necesita ser una estilo de vida en el que humildemente aceptamos la pala-bra de Jesús: “Ustedes no saben ni el día, ni la hora.”

El grado e intensidad del odio de los terroristas nos han dejado espantados y asustados. Los actos de los terroristas son equivocados y terriblemente inmorales. Este es el terrorismo que se ha producido en muchas partes del mundo. Un acto de venganza trata de sobre-pasar al otro con trágicas conse-cuencias. Ahora tenemos, como nunca antes, la oportunidad de buscar la raíz de la causa de la violencia y del terrorismo que toma muchas formas diferentes. La falta de justicia, la opresión, y la codicia son algunos de los males, que deberíamos revisar en nuestra nación y en la comunidad mundial. Obviamente, sería ingen-uo pensar que se quitarán inmedia-tamente la raíz de las causas.

Quizás los eventos del año pasado, darán una mayor urgencia en la búsqueda de soluciones para construir la paz y la solidaridad con toda la familia humana. Prolongadas, hondas y estables hostilidades, demuestra la enfer-medad del alma humana. Se requerirán grandes habilidades, discernimiento y perseverancia para buscar a largo plazo soluci-ones y la conversión del corazón. San Pablo nos lo recuerda: “Para los seguidores de Jesús, el reino de Dios es cuestión de justicia, de paz, y de alegría. Ese debería ser el enfoque de nuestra oración, de nuestra energía y de nuestra esperanza al mirar hacía el futuro.

Finalmente, como pasa tan a menudo con las tragedias en la vida, esta experiencia nos ayudará a hacernos más fuerte. Espero que los eventos del 11 de Septiembre nos dé la oportunidad de construir una nación más fuerte y mejor.

También espero, que este mismo efecto pasará con respecto a los escándalos en el mundo, en la sociedad y en los hechos sobre el abuso sexual en la Iglesia católica. Humildemente, podemos seguir adelante buscando un mundo mejor en que vivir, donde todos sean respetados como compañeros/as y hermanos/as en Jesús, en todo el mundo, y donde realmente reine la justicia. Para nosotros como católicos romanos, ruego para que esta experiencia de herida y de dolor en el abuso sexual, nos lleve a ser una Iglesia más fuerte y a crear un ambiente más seguro por nuestros niños. En nuestra diócesis, con el estableci-miento de un nuevo comité de revisión sobre el abuso sexual, nosotros estamos ciertamente comprometidos en esta causa.

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Con esta emisión Inland Register celebra sus 60avo Aniver-sario. El trabajo de su primera editor, el Padre Terrence Tully, ahora jubilado, ha sido cierta-mente el fruto de muchos años de información, en nuestra comuni-dad Católica en el Oeste de Washington. Además de ofrecer nuestra gratitud al Diácono Eric Meisjford y a sus empleados en esta ocasión especial, quiero agradecer sobre todo, a todos aquellos que a través de los años han ayudado el Inland Register a ser lo que hoy es. ¡Felicitaciones en sus 60avo Aniversario!

Que Dios les bendiga y les dé su paz a todos ustedes.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP


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