De Parte del Obispo

"¡Un jubiloso 25th aniversario!"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 23 mayo 2002 del Inland Register)

La celebración de las Bodas de plata de mi ordenación como obispo me ha llenado de mucha alegría y gratitud. El 12 de mayo, hace 25 años, la ordenación se produjo en Iglesia Santa Familiar en Yakima. Con mucha humildad todavía recuerdo el día que empecé mi ministerio Episcopal.

Los 13 años siguientes fuí obispo de Yakima. Llegué a conocer y amar la gente de la Diócesis del Centro de Washington. Los primeros años como obispo fue un tiempo de profundo aprendizaje, a medida que celebraba los sacramentos con las personas y me conectaba más y más profundamente con la cultura de esta parte del Estado. Había una presencia grande Nativo-Americanos en el Valle superior de Yakima y una población muy grande de inmigrantes que continúa aumentando hasta el día de hoy.

Las 41 parroquias, desde St. Joseph en Salmón Blanco a St. Ana en Bridgeport, eran una mezcla tan rica de comunidades de fe, que me emocionaba profundamente. También descubrí que el papel de un obispo puede ser muy aislado, si así uno permite que sea. Afortunadamente, el Concilio Vaticano II llamo a los obispos a ser pastores y a estar presente con su pueblo. Visitar las Parroquias y celebrar confirmación se volvieron una de las formas más jubilosas en mi ministerio Episcopal.

En esos primeros años también fuí invitado a servir en un par de comités a nivel National, por la Conferencia de los Obispos. Los primeros dos fueron los comités para los Asuntos hispanos y la Campaña Católica para el Desarrollo Humano. Un obispo de la Iglesia Católica es llamado a servir, no sólo a la diócesis que se le asigna, sino que también es responsable por la iglesia en general. Sirviendo en varios comités a traves de los años, cumplí el propósito de no sólo se dirigir adecuadamente asuntos relacionados con el comité, sino también gané la experiencia de un buen aprendizaje. Además, uno llega a conocer muy bien a los obispos de otras partes del país, como miembros de los comités, trabajando juntos.

En 1990, se me pidió regresar a Spokane. La participación a nivel nacional aumentó con mayor número de miembros y en más comités: diaconado, vida de sacerdotal y ministerio, obispos su vida y ministerio, Asuntos Ecuménicos e Interreligiosos, política doméstica, y Servicios de Ayuda Católica. Algunos de estos número de miembros automáticamente pasaron a ser miembros de la Mesa Directiva para los obispos de la conferencia.

La celebración del 25th aniversario se produjo en la fiesta del apóstol, San Matías, en el Centro Martin de la Universidad de Gonzaga. Matías fue escogido para reemplazar el espacio de Judas, lo leemos en el primer capítulo de las Actas de los Apóstoles. La misma selección misteriosa se produjó, cuando miro los acontecimientos que han pasado en mi propia vida, allí también encuentro el misterio. La celebración de la Misa en el Centro Martin fue una oportunidad para agradecer a Dios por tantas cosas y celebrar como una comunidad de fe. Ninguno de nosotros se hace así mismo. Dependemos de Dios y nosotros dependemos los unosde los otros. En esa relación tan mutua nos formamos, todo en nosotros crece. Ese por eso qué estoy especialmente agradecido a Dios y a todas las personas que he servido.

Por nosotros, esta tarde de celebración ha tenido un significado muy especial por la presencia del Cardenal Theodore McCarrick de Washington D.C., Cardenal Francis George OMI de Chicago, el Obispo Wilton Gregory, presidente del USCCB (Conferencia de los Obispos Católicos de los Estados Unidos), y aproximadamente dos docenas de otros obispos de todo el país. Su presencia nos recordó de nuestra unidad con la Iglesia más grande de la que somos siempre una parte. El Papa Juan Pablo II envió un mensaje maravilloso de felicitaciones por la ocasión.

Gran sorpresa fue para mí la colección que tuvo lugar en las diócesis Yakima y Spokane, con una donación en honor a mi ministerio para ser dada a la Parroquia del Sagrado Corazón en Brewster. La parroquia requiere de una iglesia nueva y de un salón parroquial. Mis primeras Misas se celebraron en Parroquia del Sagrado Corazón en 1960. Estoy muy agradecido a la generosidad de muchos.

Mi corazón es pleno de gratitud por estos 25 años de ministerio como obispo y 42 años como sacerdote. No puedo imaginar una vida más rica. Estoy agradecido a los laicos y a las comunidades Religiosas de hombres y mujere que han sido parte vital e íntegra de la Iglesia. Estoy agradecido a los diáconos y sus esposas. Sacerdotes y obispos han sido también una parte muy importante de mi vida, y por ello estoy profundamente agradecido también. A pesar de algunas de las noticias negativas últimamente, hay un gran número de sacerdotes maravillosos, dedicados y obispos que llevan la responsabilidad de la dirección en la iglesia con fe, humildad, y un gran amor del Señor y las personas a quienes sirven.

Así el hito de mis 25 años como obispo ha pasado. La jornada de fe continúa. Que juntos nos esforzemos por ahondar nuestra gratitud a Dios, ser fieles a la llamada del Espíritu Santo, y fieles al cuerpo de Cristo, en la Iglesia. Finalmente, juntos llevamos la misión de Jesús que es proclamar la Buena Noticia de la presencia salvadora de nuestro Dios.

¡Muchísimas Gracias por la grandiosa celebración de los 25 años! Que Dios les bendiga y les dé paz.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP

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