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"La esperanza de Pascua"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 21 marzo 2002 del Inland Register)
Quizás para algunos de una forma débil, nuestra frecuente vista de esas escenas trágicas se pueden comparar a las razón porqué volvemos de nuevo, una y otra vez, a la escenas de la mañana de la Pascua y a la tumba vacía. Durante los días que vienen, celebraremos el Domingo de Palmas y el Triduo Sagrado. El Triduo de la Pascua empieza con la Misa en la tarde, de la Cena del Señor en Jueves Santo, alcanzando su climax en la Vigilía de la Pascua, y concluye con la oración de la tarde el Domingo de Pascua. Cada año la liturgia de la Iglesia presenta ante nosotros esta especial jornada espiritual, en la que acompañamos a Jesús, en su Pasión, muerte, y Resurrección. Pecado, crucifixión, y muerte nos conduce a la Pascua de Resurrección. A los niños pequeños les encanta oír repetidas veces sus cuentos favoritos. Pareciera hay cuentos que ellos nunca se cansan de oir, de la misma forma nosotros como comunidad de fe, nunca nos satisfacemos de oír esta historia maravillosa de la vida de Jesús, una y otra vez. Las experiencias de cada año van modificando nuestras percepciones, y así no nos sorprende que cada año encontremos algo diferente, algo de lo que no nos habíamos dado cuenta antes, en la liturgia de la Iglesia. Fragilidad y vulnerabilidad como nación y como iglesia han sido ciertamente asumidos este año con un significado especial. En la Historia del Evangelio, sobre la mañana de la Pascua, Pedro y Juan vienen corriendo a la tumba cuando oyeron que estaba vacío. ¿Pueden imaginar su asombro? Todo lo que ven son las sábanas del entierro, dobladas encima. Las sábanas deben de haber tenido las marcas de sus herida, de su sufrimiento, y de la sangre derramada. Pedro todavía no entendía totalmente, debido a todo el trauma que él y la comunidad había vivido, pero muy rápidamente él y los discípulos llegarían a comprender lo maravilloso del acontecimiento que había ocurrido. Nosotros, también miramos a esa simbólica tumba vacía de nuestras propias vidas, e igualmente miramos las marcas de las heridas, de las tragedias, de las quebraduras y de muerte. Éstos han sido días duros para nosotros como Iglesia aquí en los Estados Unidos, con los eventos en la Arquidiócesis de Boston y la resignación de un obispo en otra diócesis debido al fracaso personal. Hay señales de quebradura y de ceguedad sobre lo que verdaderamente estaba ocurriendo. Y aún así, en medio de todos esos trágicos eventos, expresamos nuestro dolor, pedimos perdón, y tratamos de ser instrumentos de sanación y de mayor responsabilidad. Desde 1989, nuestro diócesis ha tenido una política sobre el abuso sexual que toma lugar cuando sabemos que alguien en su ministerio ha abusado a otra persona, él o ella será reportada a las autoridades públicas y se quitará inmediatamente de su ministerio. No tenemos y no permitiremos que un ministro que ha abusado continúe en función. Una vez más, les pido disculpas en nombre de la Iglesia a todas las víctimas en nuestra diócesis y les ofrecemos nuestra ayuda para superar los traumas del pasado. Por ésta humillada Iglesia, pueda ser que seamos capaces de crecer en conocimiento, enfrentar honestamente las tragedias y los pecados del pasado, y con una responsabilidad reflexiva nos esforcemos por mejorar el futuro. Somos una Iglesia constantemente redimida por la sangre de Jesús, y con esperanza creemos en la Resurrección. En la consideración del Evangelio de San Juan de la mañana de la Pascua, oímos sobre María Magdalena, que se volvío en testigo y mensajera de grandes noticias. Ella no podría tener la más remota idea de la importancia de los eventos que iban a ocurrir esa mañana, pero fue ella la que fue corriendo a Pedro. Nosotros también, cada uno de una manera única, podemos ser mensajeros de la buena noticia de la presencia del Señor Resucitado en nuestras vidas. En nuestros momentos más oscuros de dolor, de heridas, y de fracaso, el Señor Resucitado está a nuestro lado. En la Eucaristía celebramos su presencia y nos alimentamos con el Pan de Vida. Somos y debemos continuar siendo un pueblo de la Pascua. El poder de Jesús con nosotros puede superar cualquier oscuridad. Finalmente todos debemos ser resucitados. Cuando nos acercamos al Triduo Sagrado, los aliento a asistir y a participar en las celebraciones litúrgicas. Además, en jueves Santo a las 11:00 de la mañana, en la Catedral de Nuestra Señora de Lourdes, celebraremos la Misa de Crismas, cuando bendecimos, el aceite de los catecúmenos, el aceite de los enfermos, y la consagracion del Crisma. Las bendiciones con éstos oleos durante el año próximo, tendrán un gran impacto en la vida de nuestras comunidades de fe de la diócesis. Hago llegar a todos ustedes y a sus familias, mis oraciones y los mejores deseos para que tengan unas benditas celebraciones del Domingo de Palmas, del Triduo Sagrado y del Tiempo de Pascua.
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