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"En misión y el cambio de corazón"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 7 febrero 2002 del Inland Register)
En todo caso, la tragedia y el trauma siempre causan inmediatamente un reflejo espiritual, en la forma más intensa, hasta que las cosas vuelven a lo normal. En el caso de las consecuencias del 11 de Septiembre, las personas parecieron estar mucho más consideradas los unos para con los otros. Igual en el escenario político pareció ser mucho más civil y respetuoso. Sin embargo, sospecho que habrá un impacto mucho más largo y duradero en la forma espiritual. Nosotros como cristianos deben estar siempre atentos a estas oportunidades para ser mejores - de lo que somos ahora, a lo que estamos llamados a ser. Otro Tiempo cuaresmal estará pronto con nosotros. Una vez más, en la tradición de la Iglesia católica, estamos llamados a un tiempo más intenso de oración y preparación por la celebración del Triduo y los Misterios Pascuales. Con buena razón la Iglesia cada año nos llama a celebrar este tiempo, como un momento oportuno para ahondar en nuestra espiritualidad y evaluar honesta y realísticamente nuestra jornada de fe. Tenemos la oportunidad ver cuán fieles hemos sido al Señor y los unos para con los otros, en la Iglesia. Somos administradores de nuestras vidas y de nuestras oportunidades. No podemos darnos el lujo de malgastar la llamada de Dios y la misión que tenemos. En la tragedia de los eventos del 11 de Septiembre - en Nueva York, en Washington, D.C., y en Pennsylvania - muchas historias han aparecido, sobre maridos, esposas, miembros familiares o vecinos, que vivieron sus vidas en una manera ejemplar. Justo antes de Navidad vi en una pared del Hospital St. Vincent en la parte más baja de Manhattan un santuario muy grande de retratos y mensajes de las personas amadas que se fueron. Eran mensajes de apreciación y de amor. Llamadas telefónicas de los celulares, o de mensajes que salieron de los pasajeros del avión secuestrado, hablan de ternura, de amor, y todavía honestamente enfrentan rápidamente la realidad de la cercana muerte. Cuaresma es un tiempo bueno para que pensemos en nuestra propia vida y nos preguntemos críticamente cómo Jesús aparece para nosotros en nuestra jornada de fe. ¿Nos vería como a alguien que da un buen testimonio de amor, de sacrificio, de sensibilidad a las necesidades de los otros? Uno de los grandes temas de las historias inspiradoras que vienen del 11 de Septiembre ha sido el deseo de experimentar peligro y estar pronto al sacrificio de sí mismo por el bien de otros. La muerte de más de 300 bomberos y el intentó de tomar del avión que chocó en Pennsylvania nos habla de aquellos que hicieron el sacrificio supremo. Somos discípulos de Jesús. La conversión del corazón debe ser parte de nuestra identidad natural como católicos. Jesús llama cada uno de nosotros como discípulos a estar en misión. Como el Cardenal Danneels de Bélgica dijo recientemente en una documento dirigido a la Universidad John Carroll en Cleveland, debemos ser personas esperanzadas que en oración aguardan fielmente y se comprometen. Nosotros en oración aguardamos fielmente y de muchas maneras, pero sugiero que prominentemente hagamos también nuestra reflexión y oremos con la Iglesia, sobre todo en la Eucaristía del domingo. Nos comprometamos en la vida y la actividad de la Iglesia, de manera que la misión de Jesús, puede ser llevada a cabo en nuestro momento particular en la historia. Una de las maneras más visibles, en el que podemos llevar más allá la misión de la Iglesia, es nuestra obligación y participación en la Colecta Anual Católica. Pido a cada parroquia tomar muy en serio esta parte de responsabilidad con su apoyo a la misión de la Iglesia. Estamos juntos en este trabajo común, en la misión en la Iglesia y apoyamos esa misión con un sentido de esperanza y responsabilidad compartida. Apoyamos a la Iglesia no por lo que podamos recibir a cambio en nuestra vida, si no porque, con lo que hacemos ayudamos y apoyamos el trabajo de la Iglesia en muchas formas. Hacemos mucho más juntos que cualquiera de nosotros solo. Por ejemplo, cuando miro mi vida pasada, me doy cuenta que el tipo de educación del seminario que recibí fue debido a la generosidad de innumerables personas, que tomaron esto como parte de la misión en la Iglesia. Nunca no lo habría podido hacer solo. Les estaré para siempre agradecido, y ahora es mi turno ayudar y apoyar. Mi oración por todos ustedes, para que está Cuaresma 2002 sea un tiempo fructífero de renovación y de apreciación en su propia vida. Además, al empezar otra vez la Colecta Anual Católica, les pide comprometerse participativamente en el trabajo de la Iglesia. todos seremos enriquecidos espiritualmente, cuando juntos trabajamos y servimos. También quiero que sepan que estoy muy agradecido por su pasada generosidad y participación. Que la paz y la alegría de Dios este con ustedes.
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