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"Instrumentos de paz"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 17 enero 2002 del Inland Register)
El Papa Juan Pablo II en su mensaje del Día Mundial de la Paz del 1 de Enero clama por justicia y perdón en nuestro mundo, como una base para la paz. Ha invitado a los jefes de las religiones de las mundo a reunirse el 24 de Enero en Asís, Italia, para un día de ayuno y oración por paz. A mediados de Diciembre le pidió a la Iglesia ofrecer un día de oración y ayuno por el éxito de esta reunión. Les aliento a que todos nosotros el 23 de Enero hagamos lo mismo, de nuevo. Realmente, la conclusión de nuestro día aquí será la mañana de la reunión en Asís. La Iglesia Católica tiene una presencia única en la comunidad mundial, con nuestras parroquias e instituciones, con nuestra tradición y enseñanza social, con nuestro llamado al respeto y reverencia por la persona humana, desde el momento de su concepción hasta el día de su muerte natural. También hemos tenido nuestras experiencias desafortunadas, el dejarnos mezclar demasiado estrechamente, nuestra vida de la Iglesia, con las realidades políticas del momento. Tenemos algo que decir sobre lo que observamos en ciertas aspectos de nuestro mundo, la línea es estrecha entre las realidades religiosas y políticas. Muy a menudo la supresión de la libertad religiosa se convierte en una consecuencia, en tal arreglo. No habrá paz entre las naciones y ni en el corazón humano, hasta que tal supresión se acabe. Internamente, dentro de la Iglesia, tenemos mucho trabajo que hacer para edificar la paz entre nosotros. Frecuentemente, valores menos importantes reemplazan a los más importantes, como cuando las ideologías se vuelven un campo de batalla y son razones de ruptura de las relaciones. Nuestra memoria sagrada de la dignidad y del respeto de la persona humana están enraízadas en la Palabra de Dios y en las Enseñanzas de la Tradición de la Iglesia. Esa memoria sagrada constantemente nos llama a la conversión de nuestros corazones y a una renovación de nuestro estílo de vida. Jesús nos dá el regalo de la paz, y como administradores responsables no debemos malgastar ese regalo. Como el Papa nos lo recuerda, “Si quieres la paz, trabaja por la justicia.” La Iglesia en estos últimos tiempos, ha aumentado dramáticamente el cuerpo de su Enseñanza Social. El Evangelio de San Mateo 25 y en la Primera Carta de San Juan, en el Nuevo Testamento, son sólo un par de textos que proporcionan un rico exámen de conciencia, cuando se nos llama a construir relaciones fraternas y justas. Cada uno de nosotros como “Presencia de Cristo” debe ser un pacificador. Cuando reflejamos este rol de pacificadores y la responsabilidad que tenemos por ella, estamos recordándonos a nosotros mismos de la oportunidad única, que cada uno de nosotros tiene, en nuestra respectiva vocación de vida, el ser instrumentos de paz. El Papa Juan Pablo II vive esa vocación de una manera notable e inspiradora. El llama a un respeto entre las naciones y las religiones. Una y otra vez, el habla fuertemente sobre la necesidad de una justicia social que debe estar en la base de las relaciones humanas. Busca perdón de todos aquellos a quienes la Iglesia ha herido y nos recuerda la necesidad de pedir perdón. Su testimonio es un poderoso ejemplo de cómo Dios usa una vocación única para servir a la Iglesia y, de una manera muy real, a toda la humanidad. Durante este tiempo del año, nosotros también pensamos en nuestras respectivas vocaciones de vida y en la necesidad, para todos nosotros en la comunidad de la Iglesia de estar atentos, todos los que hemos sido llamados a servir a la Iglesia, como miembros de una comunidad Religiosa, como diáconos, o como sacerdotes. Recuerdo grandes ejemplos de personas, que realizando su ministerio aquí en la diócesis y han tenido un impacto tremendo. Vacilo en mencionar nombres, pero podríamos pensar en personas como, Madre José de las Hermanas de la Providencia, Padre Cataldo de los Jesuítas, y el Obispo Bernard Topel de Spokane. Ha habido y son incontables los hombres y mujeres que han vivido sus vidas en gran santidad. Maravillosamente han hecho todo esto en el contexto de una comunidad de fe. Esa responsabilidad continúa en nosotros hoy. Todos compartimos un cargo común, el de ser responsables por la Iglesia y está en solidaridad con la familia humana del mundo. Los sirvientes dentro de la Iglesia tienen una oportunidad no común de extender la Buena Noticia de la Palabra de Dios y ser pacificadores en el corazón de las personas y en sus vidas. Oramos por paz. Oramos para que Dios continúe creciendo en nuestros Sirvientes, los que serán constructores eficaces de la paz y de las relaciones dentro de la Iglesia y en nuestro mundo. Oremos para que Jesús nos haga a todos mensajeros de su paz. Y finalmente, no somos personas sin esperanza, porque nosotros en verdad creemos en el poder transformador del Salvador — el Salvador que puede transformar el mundo.
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