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"El Nacimiento de Jesús, al Estílo 2001"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 20 diciembre 2001 del Inland Register)
Las noticias en estos días están llenas de los efectos del terrorismo global y del intento de extirparlo. Pienso que todos nos damos cuenta, de que realmente el mundo nunca será el mismo después del 11 de Septiembre. El terrorismo no es más que otra forma de violencia. Haríamos bien, no sólo examinando nuestra escena mundial sobre esta materia, sino también profundamente en nuestros propios corazones, al acercanos a la celebración del nacimiento de Jesús en Belén. La violencia de ciertas actitudes dentro de nosotros, lleva a conductas que son contrarias a la manera que actúa Jesús y la llamada del Evangelio. El contraste severo que observamos en el natalicio de Jesús, es también el contraste severo que a menudo encontramos en el corazón humano, en nuestros corazones. La fiesta de la Navidad nos recuerda, nos desafía, y nos llama, a ser fieles a todo lo que el niño, como Hijo de Dios, encarna en el pesebre. La Palabra, que se hizo carne, fue en verdad un momento definitivo en la historia de la salvación de la humanidad. Los acontecimientos que rodearon el nacimiento y que apropiadamente se han repetido una y otra vez en las canciones, en las escenas del Nacimiento, y en las represen-taciones. Han sucedido muchas acontecimientos, en la familia humana, en estos dos últimos milenios. Cuando honestamente enfrentamos la realidad de nuestro mundo, hay un tremendo potencial, para hacer que el mensaje del Salvador a la humanidad vuelva a ser más una viva realidad. Las lecturas, durante este tiempo de Adviento, están entrelazadas en una conexión maravillosa de esperanza. El profeta Isaías habla de “un retoño que crecerá del tronco de Jessé.” “El lobo será huésped del cordero,” y “el ternero y el león comerán juntos con un niño pequeño guiándolos.” Los “lobos” y los “corderos,” los “terneros” y los “leones” de nuestro mundo, no se están llevando muy bien. La dimensión de la falta de relaciones va de un extremo a otro: desde matarse los unos a los otros, retrocediendo a una tremenda injusticia dentro de la familia humana. Aún Isaías nos dice, “en la tierra de oscuridad, ha brillado una luz.” La Navidad, es un tiempo de esperanza. La Navidad, es un tiempo de apreciación y de dar gracias a Dios. La Navidad, es una celebración que nos dá la oportunidad para reafirmar en nuestros corazones, un sentido de fidelidad a un Dios maravilloso, que abraza a toda la humanidad con amor y con su presencia salvadora. Este mensaje de Luz y de Esperanza, nunca ha sido más oportuno que en este momento tan particular en la historia. Jesús que viene a nuestros corazones hoy mismo, en el 2001, nos llama al reconocimiento y la acción. ¿Cuál es nuestra respuesta? Sugiero tres respuestas. Primero, hagamos de Dios el centro de nuestras vidas. Dios debe ocupar el primer lugar. El Cuerpo de Jesús, en el sacramento de la Eucaristía, nos llama a recibir y ser fieles los unos a los otros en Iglesia. La fidelidad debe ir más allá de las palabras, a ser realmente una piadosa comunidad. Tenemos la tentacion de alejar las relaciones cuando percibimos oscuridades, sombras o silencio de Dios. Seguir siendo fieles, exactamente en estos tiempos en los que vivimos, pueden ser una oportunidad para dar testimonio y madurez. Sí, aún en medio de estas experiencias, podemos encontrar a Jesús en el pesebre de un mundo muy humano. Segundo, como San Pablo nos lo recuerda en su segunda carta a los Corintios, llevamos sobre nosotros “a Jesús agonizante, de modo que en nuestros cuerpos se revela la vida de Jesús también.” La Palabra se hizo carne en Jesús, pero está Palabra también nace en nuestros corazones y hace presente la vida de Jesús. Esta es una oportunidad poderosa para fabricar un nacimiento real de Jesús, al estílo 2001. Tercero, Jesús vino a traer el amor y la salvación de Dios a toda la humanidad. Tribalización, odio étnico, prejuicio religioso, racismo, sexismo, sistema de castas, nacionalismo son todos opuestos al reino de Dios. El Cardenal Hume tuvo mucha razón, hace algunos años atrás, cuando dijo que el mundo necesitaba una revolución de relaciones. Que ésta Navidad 2001 brille en nosotros para que con una urgencia aún más grande busquemos esta transformación en la familia humana. Tal cambio sólo puede ocurrir cuando estamos conectados en la tierra con la realidad de la presencia salvadora de Jesús en nuestro mundo. Tengo la esperanza y ruego para que ésta luz y visión nueva pueda captar la imaginación y el estílo de vida de todos nosotros. ¡Ofresco a cada uno de ustedes y sus familias, mis más fervorosos deseos de una Santa y Felíz Navidad!
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