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"Los Regalos recibidos y los regalos compartidos"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 6 diciembre 2001 del Inland Register)
Cuando observamos la vida de la Iglesia en la diócesis, vemos muchos proyectos y ministerios que se apoyan y continúan porque son el trabajo y la presencia de la Iglesia. La misión de la educación y el llegar hasta aquellos que están en necesidad son ministerios muy importantes. Las parroquias ponen al día sus medios, como el nuevo y bello centro social en la Parroquia de San Patricio en Walla Walla, y el Salón, que pronto será terminado, en la Parroquia de Santa María del Rosario en Chewelah. Los parroquianos en toda la diócesis están apoyando sus propias parroquias locales, así como la iglesia en general, atendiendo a nuestras peticiones y colectas. Siempre debemos tener ese sentido tan más amplio, el mirar más allá de nuestro propio mundo limitado, para continuar la misión que Jesús nos ha confiado. Estoy muy agradecido por tantos que continúan siendo muy generosos con su tiempo y con sus recursos para apoyar a la Iglesia. No hay ninguna necesidad de tratar de hacerles volver a las raíces de su espiritualidad. Nuestro mundo continúa cambiando y las oportunidades para seguir el mandato del Evangelio, de amar a nuestros hermanos, como cualquier otra cosa, sigue creciendo. Este año, hace muy poco, hemos terminado la edificación de dos notables edificios, como son la Casa de la Caridad y el albergue de Santa Margarita, este último es un lugar que acepta a madres sin casa ni hogar, incluso a madres que han dado a luz pero no han conservado a su bebé. Esta nueva facilidad es tres veces más grande que el antiguo edificio de Santa Margarita. El nuevo edificio se llenó casi inmediatamente. Desde la abertura, hace más de un año, hemos tenido una larga lista de espera. La Casa de Caridad reemplazó un viejo y ruinoso edificio que sirvió a su propósito muy bien. El nuevo edificio, más grande en tamaño y planeado específicamente para está misión especial, es un maravilloso medio para unir el trabajo de las parroquias, la comunidad cívica, y de muchos generosos bienhechores que hacen posible que este lugar acepte y ayude a muchas personas. Aún más recientemente, en la última “Poor Man’s Meal,” bendijimos y dedicamos la nueva capilla, en el medio de la facilidad, donde se celebra Misa tres veces por semana. Las estadísticas de esta nueva facilidad comparadas a las de la vieja propiedad nos cuentan su propia historia. Miren estos aumentos: comidas, aumentó en un 38 por ciento; ropa distribuída, en un 49 por ciento; en el programa de dormir una noche, aumentó en más de un 60 por ciento; consejería, en un 30 por ciento. La clínica médica, patrocinada desde hace décadas por el Centro Médico del Sagrado Corazón, atiende a más de 200 pacientes al mes. Tradicionalmente en la Diócesis, nosotros recogemos la colecta para los trabajos de las Caridades Católicas en Navidad. Navidad es un tiempo oportuno para pensar no sólo de los que amamos, sino también en ser solidarios con aquellos que pasan necesidad. Las necesidades son muchas, y los aliento a ser generosos. Es tán fácil, durante este tiempo de Adviento, centrarnos en lo que queremos más que en lo que realmente necesitamos. El otro día, mientras estaba en el auto, escuché un programa radial en el que un periodista le preguntó a un niño lo que quería para Navidad. El pequeño sacó rápidamente una larga lista. Aún el periodista estaba un poco sorprendido. ¿Qué es aquello que verdaderamente necesitas? Adviento es un tiempo oportuno para evaluar nuestra propia espiritualidad de dar. Es fácil excavar en lo que son nuestros deseos, pero una de las satisfacciones humanas más grandes está en dar con alegría, ser generosos de corazón. Éste es un buen tiempo para revisar nuestro estílo de vida y revisar nuestro talonario de cheques. ¿Expresa realmente mis necesidades? ¿Cuánto artículos indican sólo deseos, antojos? Les afirmo que no hay comparación entre lo que nos da más paz y satisfacción: cumplir nuestros deseos o dar alegre y generosamente. La buena administración y el dar con sacrificio necesita estar profundamente enraízado en nuestra espiritualidad. Tal espiritualidad es buena para el alma, pero así también de importante, es llegar a los demás, de muchos modos, más de los que alguna vez nos podríamos imaginar. Tal estílo de vida de dar, es un legado constante, es plantar semillas de amor, cuidar y preocuparnos por los demás. En nombre nuestro lo hace la comunidad de la Iglesia parroquial y diócesana. Hacemos mucho más juntos que cualquier suma de lo que pudieramos hacer individualmente. Este tiempo de Adviento nos invita a estar aún más atentos a la venida de Jesús a nuestras vidas. Que todos nosotros, por nuestra generosidad, por nuestros buenos deseos, y sacrificios, seamos luz para nuestro mundo. La luz del amor del niño, que emana de un simple pesebre, que abraza a toda la humanidad, brille hoy aún más radiante por nuestro testigo y fidelidad. Que Dios nos conceda la paz, la alegría, y buenos deseos.
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