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"Las cualidades de un católico fiel"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 15 noviembre 2001 del Inland Register)
En esta atmósfera, pienso que es muy importante para nosotros, reflejar que realmente somos seguidores de Jesús y esforzarnos, por asegurar de que estos cambios, no debiliten la calidad de nuestro ser católico. San Pablo en su carta a los Gálatas nos dice que la único importante es que hemos sido recreados nuevamente. Espero que todos nosotros podamos crecer en nuestra identidad como cristianos. A veces, sólo el recordar algunos puntos bien específicos es más útil que un desafío general para vivir mejor nuestra vida cristiana. Los siguientes cinco signos de un fiel católico, no están absoletos, sino más bien, son el punto de partida para un contínuo exámen de conciencia personal y también de la responsabilidad que tenemos de vivir nuestras promesas bautismales. Nuestras vidas pueden ser muy complejas y colmadas. En tiempos como estos, tenemos una necesidad especial de examinar las prioridades en nuestro uso de energía, de recursos, y de compromisos. 1. Fidelidad a la Iglesia y a la Eucaristía del Domingo. No es ningún secreto de que la asistencia a la celebración Eucarística del domingo, ha decaído en estos últimos años. En las encuestas recientes se sugiere que hay muchas razones. Hay un fenómeno creciente de personas, que no vacilan en llamarse católicos, aunque raramente, si es que alguna vez, asisten a la iglesia. Uno no puede ayudarles, pero siente que tal estílo de vida debilitará gradualmente el regalo de la fe y ciertamente no serán ninguna ayuda en pasar la fe a las generaciones futuras. Del mismo modo que las relaciones en el matrimonio y la familia, la vida en la Iglesia exige presencia del uno con el otro y espíritu de sacrificio. Si asistimos a la Eucaristía sólo para recibir, o si nos envolvemos en la comunidad parroquial o en el matrimonio sólo cuando podemos obtener algo, esas decisiones no están siguiendo una espiritualidad cristiana o una familia saludable y una vida matrimonial. La celebración de la Eucaristía es vital para que una vida cristiana sea vibrante. El compromiso a la comunidad parroquial siempre, en los tiempos buenos y en los tiempos no tan buenos, es una señal de madurez cristiana y de aprecio. Verdaderamente, esperar que la Iglesia sea perfecta es una señal errada, aunque todos estamos llamados a la santidad de vida. La Iglesia también lucha por una constante conversión. 2. Fidelidad para buscar el perdón y para dar perdón. Somos muy bendecidos de tener un Dios compasivo y que perdona, un Dios que siempre nos busca y nos ayuda a transformarnos en personas más íntegras. Jesús nos dice que no hay límites para perdonar. Los Evangelios están llenos de historias que nos dan ejemplos de cuán maravillosamente Jesús perdona. Más recientemente, el Papa Juan Pablo II ha llevado a la Iglesia a una actitud de perdón, buscando el perdón de aquellos a quienes hemos dañado en el curso de la historia. Sus peticiones de perdón fueron especialmente notables durante el año santo del jubileo, pero han continuado en algunas de sus recientes cartas pastorales y visitas también. A veces las personas que ya no asisten a Iglesia, reprochan situaciones que pasaron hace algunas décadas atrás. Puede ser que ellos se dieron cuenta que un pastor hizo algo mal para ellos, o una religiosa en la escuela les disciplinó severamente. Dejar que tales eventos controlen décadas de su respuesta a la fe religiosa más tarde es olvidar la llamada de Jesús a perdonar. Podemos volvernos rápidamente esclavos por no buscar o dar perdón. El sacramento de la reconciliación es una oportunidad maravillosa para examinar intensamente nuestra jornada espiritual y nos asegura que no seamos controlados/as por una falta en buscar la misericordia y la reconciliación en nuestra jornada personal de fe. 3. Fidelidad al Espíritu Santo en nuestro templo corporal. San Pablo nos recuerda que somos templos del Espíritu Santo. Todos fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios. Debemos apreciar ese templo en nosotros como algo precioso y valioso, algo que debe ser honrado y respetado. El regalo del Espíritu Santo, con el que se hemos sellado en la Confirmación, continúa enseñándonos y formándonos nosotros. Testarudez y negación a convertirnos es negar esa presencia tan especial de Dios dentro de nosotros. Las señales de fuego y viento del primer Pentecostés deben marcar nuestras vidas con entusiasmo y con la confianza de nuestra dependencia en el poder de nuestro Dios. Nuestra tradición Católica es muy positiva en lo que se refiere a nuestra sexualidad. Por ellaafirmamos nuestra identidad personal y el misterio imponente de nuestra co-creación con Dios. La plenitud del significado en nuestras relaciones, en nuestras familias, y de nuestra personalidad, es una expresión de la presencia del Espíritu Santo en nosotros. Por ningún motivo podemos bulgarizar los misterios de la pasión y sexualidad humana. 4. Fidelidad al amor al prójimo. Jesús nos ordena amar a nuestro prójomo. El Concilio Vaticano II nos llama a ver las necesidades y condiciones de cada persona en el mundo, como si fueran nuestras. Podemos apreciar ahora como nunca antes, de que verdaderamente somos una ciudad global. Un cristiano nunca debe permitir o dejar que alguien resbala por las encrujidas. La enseñanza social de la Iglesia, tan rica en su desarrollo en las últimas décadas, proporciona un camino seguro para responder a todos nuestros hermanos y hermanas de la familia del humana. Los recursos, la tecnología y las oportunidades nunca no han sido tan grandes. 5. Fidelidad a una administration y al diezmo. Dios nos pedirá ciertamente a nosotros un explicación por los dones y por los recursos que hemos recibido. Hemos sido llamados a ser buenos administradores de nuestros dones/capacidades y bienes personales. La medida tradicional de nuestra generosidad, según Escritura Sagrada, es 10 por ciento del total de nuestras entradas. Recientemente ha habido un énfasis en el aspecto de sacrificio de ésta obligación incluso ir más lejos de lo que la pauta bíblica nos indica. Por mí personalmente, dar con sacrificio es ir más lejos, más allá del diezmo. Hemos sugerido en la diócesis que un parroquiano dé el cinco por ciento a la parroquia, uno por ciento a la Colecta Anual de Caridades Católicas, y el otro cuatro por ciento a una caridad que cada uno escoja. En años recientes ha habido mucha publicidad negativa sobre nuestro bajo nivel de dar en la Iglesia católica. Debemos examinar nuestras conciencias, y nuestros talonario de cheques, en ésta mira. Por otro lado, cada parroquia y la diócesis también deben dar una cuenta o por lo menos compartir los informes financieros anuales con los parroquianos. Nosotros en la Iglesia debemos ser responsables por las contribuciones que recibimos.
Vivir éstas cinco cualidades de fidelidad, son un desafío. Nos proporcionan la oportunidad para un crecimiento en la fe y para ser testigos más vibrante de Jesús en la Iglesia y el mundo. Que Dios nos bendiga y nos dé su paz.
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