De Parte del Obispo

"El Corazón de Dios"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 25 octubre 2001 del Inland Register)

En los Estados Unidos, el mes de Octubre ha sido tradicionalmente por ser el Mes del respeto de la Vida y del Rosario. Ambos temas no podían llegar a un tiempo más apropiado, considerando los eventos del 11 de Septiembre. El tema el Mes del Respeto de la Vida de este año es “El Corazón de Dios.” hay algo muy amoroso en esta frase que habla del amor, de la compasión, y de la salvación.

La tragedia del Centro Comercial del Mundo, del Pentágono y de Pennsylvania le han proporcionado a la comunidad mundial una poderosa oportunidad para la reflexión. En el período de una hora, hemos visto desplegarse los eventos y más de 5.000 personas mueren ante nuestros ojos. En el último recuento, menos del 10 por ciento de los cuerpos han sido identificados. Nunca ha sido La frase de la litúrgia del miércoles de Ceniza, nunca ha sido tan profunda y tan gráfica: “eres polvo, y al polvo volverás.” La respuesta ha sido piadosa y cada vez más respetuosa, cuando nos damos cuenta de todo el mundo que ha sido tocado por este momento trágico en historia. Sólo podemos esperar que éste sea un nuevo principio de una familia global.

Dado a los eventos que han pasado, hace algunas semanas, es que podemos apreciar mejor la palabra de Dios y nuestra tradición. La Sagrada Escritura empieza con la creación del mundo, y como cumbre de esa creación es el ser humano. La historia nos hace darnos cuenta de lo sagrado que es la persona humana. A medida que la Historia de la Salvación continúa desplegándose, Jesús viene al mundo como Salvador y nos dá la visión del Reino de Dios. El Reino no es un lugar, pero un poder – un poder que transforma. Todo lo que Jesús tocó fue transformado: los enfermos, el cojo, el ciego, etc.

La tradición de la Iglesia también toma este tema en su Enseñanza Social. Cada persona en este mundo es preciosa. Además, como miembros de la Iglesia, fuimos llamados a ser administradores, a tener cuidado por el universo. La creación de Dios debería ser abrazada por cada ser humano. Nuestra llamada a ser administradores, proteger a cada persona, establecer el orden del derecho de relaciones en la humanidad. Llamamos a tan noble trabajo, justicia. Es por eso que la Iglesia es tan exigente sobre la protección de la vida humana, desde el momento de concepción hasta su muerte natural.

Debemos tener presente nuestra profesión, nuestra responsabilidad, sobre todo durante esos tiempos, cuando la humanidad es desfigurada. La Iglesia se llamaba ser transformadora de las culturas y de la sociedad, lo mismo que Jesús vino a transformar el mundo.

En su encíclica El Evangelio de la Vida, el Santo Padre, el Papa Juan Pablo II nos desafía a construir la cultura de la vida en nuestro mundo. Más que nunca, esta visión nos confronta, cuando el Santo Padre nos pide respetar y levantar la dignidad y lo sagrado de la persona humana. Por otro lado, debemos continuar nombrando aquello que literalmente y figurativamente desfigura a la persona humana: el aborto; el genocidio; la destructiva pobreza, la falta de generosidad de los recursos; la dureza del corazón humano. És por eso que necesitamos constantemente recordar el corazón de Dios.

El desarrollo más reciente de las enseñanzas de la Iglesia católica, nos ayuda ver lo conectado que están nuestras vidas, la separación en el corazón humano puede volverse un obstáculo en nosotros y con los demás. La vida de Jesús nos muestra el amor de Dios por humanidad. Cuando celebramos la Eucaristía, la pasión y muerte de Nuestro Señor, nos recuerda una y otra vez cuán poderosa esa señal es. Jesús nos recuerda la presencia de la cruz — la cruz que está presente, muchísimas veces, como parte de nuestro propio diario vivir. nosotros no debemos evitarla u olvidar su poder transformador, que nos llama a una apreciación más profunda del gran amor de Dios. El 11 de Septiembre fue un día de cruz para nuestra nación y nuestro mundo.

En el sacramento de la confirmación se nos ha sellado con los dones del Espíritu Santo. El símbolo del fuego del primer Pentecostés debe ser una señal fuerte para nosotros en la Iglesia hoy – fuego en el corazón por la justicia, por reverencia, y por una visión de lo que nuestro mundo puede llegar a ser, si sólo nosotros dejáramos que poder del Espíritu Santo nos transforme, inflame nuestros corazones y nos dé sabiduría cuando discernimos la llamada de Dios.

Se hacen cosas maravillosas con nuestros corazones físicos, en estos días. La habilidad de proveer del cuidado de la salud nos ayuda tremendamente. ¿Pero qué pasa con nuestros corazones espirituales? ¿Qué pasa con el corazón de la humanidad? Juntos, necesitamos apreciar que cada vida humana tiene su origen en el corazón de Dios. El corazón de Dios nos llevará a una cultura de vida. Ésa es la llamada de Jesús. Ésa es la mente de la Iglesia. Ésa es nuestra tarea.

Entonces, hagamos esto posible. Sólo el poder de Dios puede ayudar al mundo a hacerse más integro y de verdad más humano, como el Creador quiere que seamos. Espero que todos podamos encontrar en esa visión energía y humildad. El corazón de Dios está con nosotros.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP

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