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"Encuentros de Verano"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 23 agosto 2001 del Inland Register)
La reunión de los Caballeros fue uno de dos eventos internacionales a los que asistí a este verano. Ambos casos son momentos de cómo los grupos en la Iglesia se reunen por una causa común. En el caso particular de la convención de los Caballeros, delegados de todas partes, de Canadá, de los EE.UU., México, Filipinas, países de Centroamérica, y algunos otros que vienen por los informes, las elecciones, las comidas, y las reuniones sociales. Varios cientos delegados con sus esposos y familias aumentan el número de asistencia. Encontré notable que gente de todas formas de vida se reunan en un espiritu de solidaridad y gran respeto de los unos por los otros. Aproximadamente 70 obispos estaban entre los asistentes. Esta reunión hace crecer el conocimiento y la amistad a través de las fronteras nacionales. El área metropolitana de Toronto tiene aproximadamente cuatro millones de personas. Uno tiene sólo que caminar por las calles de esta ciudad moderna para ver la tremenda diversidad étnica. A propósito, Toronto el próximo Julio será el lugar del Encuentro Mundial de la Juventud, donde juventud de todo el mundo se reunirá por una semana de celebraciones, catequesis, y socialization. En la Comida de los Estados, cada canción de provincia y estado, junto con sus emblemas nacionales, proporcionaron un mosaico maravilloso de la diversidad étnica en la Iglesia. La abertura de la Eucaristía así como las charlas en la comida eran en muchos idiomas. Se nos recordó del regalo del Papa Juan Pablo II con su especialización notable lingüística y el tiempo que se toma para preparar sus mensajes especiales en muchos idiomas. A veces escuchamos de la resistencia a la exposición bilingüe en nuestro país. Espero que más y más nuestra cultura vaya descubriendo la sabiduría y el tesoro de conocimiento y la capacidad de tener muchas lenguas. Tal facilidad expresa un sentido de hospitalidad y respeto por otros. Como nuestro mundo se vuelve más y más un pueblo global, las relaciones crecen cuando se comparte el idioma y el tesoro étnico, puede causar una gran transformación de nuestro mundo. ¿Podríamos imaginar el cambió que podría tener lugar en los Balcanes si existiera esta apreciación y respeto? A mediados de Julio, la Convención Internacional del Encuentro de Matrimonios se realizó en Georgia Tech en Atlanta. Había casi 1.000 parejas que vinieron de todas partes del mundo. El movimiento se ha extendido ahora a 80 países, la mayor parte de los cuales se presentaron al encuentro. Estandartes, canciones, presentaciones, y celebraciones de la Eucaristía expresaron una apreciación de las muchas culturas representadas. La energía de la reunión, la alegría de los participantes, y la apreciación profunda de la Iglesia era claramente visible. La causa común de reforzar matrimonio y vida familiar continúa siendo una misión muy importante de la Iglesia. Encuentro que es lo más notable es que un movimiento laico tal como el Encuentro de Matrimonios haya llegado a ser una gran fuerza para el bien en la búsqueda para asistir mejor a las parejas en el vivir fructíferamente su sacramento del matrimonio y guardar en perspectiva sus vidas en medio de la presión cultural de este tiempos que no es tan positiva. En nuestro diócesis del Oeste de Washington, tenemos alguna diversidad cultural y étnica. Francamente, Spokane es en la mayor parte una ciudad blanca. Tenemos tres reservaciones Nativo-americanas y una presencia muy grande de hispanos en las regiones del sur y Oriental de la diócesis. Como Iglesia, debemos hacer un esfuerzo a cada nivel: local, nacional, internacional para apreciar esta diversidad. La Iglesia es el lugar privilegiado para ayudar a ésta causa en un sentido de solidaridad con la familia humana, reverencia y respeto por cada persona. El llamado que tal visión exige esta solidamente enraizado en las Enseñanzas de nuestra Iglesia y en la reciente Encíclica del Papa Juan Pablo II, Evangelio de Vida. Que nos desposamos con gratitud esta realidad del pueblo de Dios y proféticamente vivamos esta verdad cuando llamamos a la comunidad mundial y a nosotros mismos a responsabilizarnos por la reverencia hacia cada ser humano. Como nunca antes en la historia humana, quizás hoy es el tiempo de que esta gran promesa, de que ésta visión se haga realidad. ¡Mucha paz y muchas bendiciones para cada uno de ustedes!
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