De Parte del Obispo

"Libertad, responsabilidad y respeto"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 5 julio 2001 del Inland Register)

La celebración del cuatro de Julio nos dá la oportunidad expresar nuestra gratitud a Dios, por las muchas bendiciones que esta nación ha recibido. Recordamos a muchos de los que se han ido antes que nosotros sacrificando sus vidas por el bien común, sobre todo por la libertad que disfrutamos. Ahora en cambio, también tenemos una responsabilidad seria por nuestra nación, participar en el proceso político, y sacrificarnos por levantar la construcción de la comunidad entera de nuestra nación.

La tentación de un escandaloso individualismo aún está presente. El cuidado por los más vulnerables y necesitados en nuestro medio debe continuar siendo de suma preocupación, cuando enfrentamos el futuro. Albergue, el cuidado de la salud, un empleo digno, una justicia restaurativa, necesidades de transportación, apoyo a la familia, y cuidado por los ancianos son algunas de las unas áreas que requieren atención y una acción apropiada. La complejidad aumenta el desafío, pero nunca debe ser una razón para dar la espalda y no enfrentar nuestra responsabilidad como ciudadanos.

Los Estados Unidos continúa siendo la tierra de oportunidades. Algunas personas pagan cientos de miles de dólares para llegar aquí ilegalmente. El contrabando de personas se ha vuelto un negocio grande. En un artículo reciente del Time se discute sobre la situación de nuestra frontera sur. De algún modo debemos encontrar soluciones realistas y justas a la presencia creciente de indocumentados en nuestro país. Varias áreas de nuestra economía están dependiendo de éstas fuentes de trabajo. La Conferencia Nacional Católica de la Vida Rural ha comenzado recientemente una campaña titulada “Comer es un acto moral.” Constantemente debemos preguntarnos, cómo apoyamos a aquellos que hacen posible nuestra comida relativamente barata en nuestra nación. Recientemente el Sr. Obispo de Yakima Mons. Sevilla, escribió un artículo en Yakima Herald Republic sobre esta misma materia.

Nuestra responsabilidad nacional no acaba con nosotros. Debemos considerarnos como vecinos a la comunidad mundial. Recientemente los Obispos Católicos de los EE.UU. emitieron una declaración pastoral sobre “Solidaridad Global.” Espero que pronto la retórica política cese de que sólo nos interesamos en situaciones si son de nuestro interés nacional. Ya no podemos seguir siendo miopes en nuestras sensibilidades, ni lo expresa así el verdadero espíritu cristiano que en esta ciudad global somos todos responsables y guardianes de nuestros hermanos y hermanas. Somos los grandes brazos proveedores de las necesidades de las otras naciones, pero entre las naciones industrializadas del mundo, hemos sido débiles en conceder ayuda internacional.

Recientemente en su Día Mundial de mensaje de la Paz, Su Santidad el Papa Juan Pablo II indicaba que entonces las naciones no estaban tan plagadas de hostilidades mundiales o internationales, como por rivalidades y hostilidades internas en cada nación. Realidades étnicas, religiosas, políticas y conflictos entre tribus plagan muchas naciones del mundo. Países como Guatemala, El Salvador, Colombia, Sudan, Israel, y aquellos en los Balcanes son ejemplos de conflictos profundamente amargos y de larga duración, algunos de ellos han seguido por generaciones. No podemos lavarnos las manos de estas situaciones o interesarnos sólo en esas partes del mundo donde pensamos que podemos tener algún interés estratégico.

A veces parece que el respeto por los derechos humanos toma una retirada para dar paso a otras prioridades. La Deuda del Tercer mundo continúa plagando algunas de las naciones más pobres. Una gran nación internamente necesita también ser una gran nación para la comunidad mundial a través de ayuda, apoyo, abogacía, y a veces, desafío. Hemos hecho tremendo y gran paso tecnológicamente en formas que conocemos muy bien. ¿No podemos usar nuestra habilidad, especialización, y recursos para ayudar la comunidad mundial para que se vuelva en un lugar para vivir mejor como familia humana? Por supuesto, nadie puede ser tan ingenuo sobre la dificultad de este desafío. Podemos y debemos llegar a encontrarnos con la familia mundial, no como el poder supremo sino con un profundo interés, generosidad, y respetuosa vecindad.

La enseñanza social de la Iglesia puede asistirnos en esta resolución. Así es como este Cuatro de Julio, una vez más, nos da la oportunidad celebrar y de dar gracias. Esta fiesta nacional debe ser también para nosotros, los de esta nación, un tiempo de oración cuando nos enfrentamos al futuro. Necesitamos sabiduría, valor y visión. Que el Espíritu Santo nos guíe y nos ayude a crear una nueva comunidad mundial en la cual podamos vivir justicia, paz y alegría.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP

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