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"El poder de la liturgia"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 14 junio 2001 del Inland Register)
Por Las celebraciones de los sacramentos de la Confirmació y de la Primera Eucharistía se llevan a cabo principalmente en primavera, después de Pascua de Resurrección. Para mi personalmente, son ocasiones maravillosas para las comunidades de fe de reunirse para estos momentos especiales de acceptación e iniciación en la Iglesia. Estos momentos tocan las vidas de aquellos que son confirmados y de los que reciben la Eucaristía. Estos momentos crean memorias duraderas, y esperamos, algunas inspiraciones también. Regularmente, encuentro personas que he confirmado hace muchos años o igualmente algunos muy recientemente. Los comentarios pueden venir después de celebración de la Eucaristía o durante una breve parada en la tarde, en el camino al hogar, al detenerse para recoger un café con leche. Nuestra pr´ctica reciente de volver al orden original de la celebración de estos sacramentos de iniciación ha sido una experiencia plena de gracia para mí. A medida que vamos creciendo en la experiencia, estoy seguro de que continuaremos ahondando en nuestra preparación y celebración de estos sacramentos. Por razones obvias hay presión grande en mi horario celebrar tantos como sea posible durante las liturgias fin de semana. En cambio, espero que cada día m´s nuestras comunidades parroquiales puedan apreciar la importancia de estos sacramentos de iniciación y cómo presencia, de la gran comunidad de fe, expresa una señal clara de aceptación. Cuando el obispo viene a la parroquia para una celebración de un servicio vespertino en el fin de semana para la celebración de estos sacramentos de iniciación, este tiempo, no sólo es un momento para los familiares y amigos cercanos de aquellos que se confirman y reciben la Primera Eucaristía. El viejo refrán que dice "toma a todo un pueblo hacer crecer a un niño" esto se puede aplicar fácilmente a una comunidad parroquial cuando tomamos en serio la responsabilidad apropiada de celebrar estos sacramentos como una familia en la fe. Las liturgias de estos sacramentos tienen un poder especial sobre ellos, un poder único toca a las personas. Debemos recordar también, que las liturgias en general necesitan ser planeadas cuidadosamente. La calidad del lugar y de la vestiduras, la apariencia de la iglesia ambas internamente e externamente, y la piedad, participación, y el espíritu de bienvenida de la comunidad parroquial, todo tiene su respectivo mensaje. ¿Qué tipo de mensaje estamos dando a la comunidad más grande, cuando los otros ven a nuestras iglesias y nuestras celebraciones? También es de gran importancia la materia de los cantos. Muchas veces quedo muy impresionado de como algunas comunidades parroquiales aún las más pequeñas invierten tanto esfuerzo en cantar bien. Tenemos una rica tradición en nuestra iglesia con respecto a música sagrada y la liturgia, pero a veces no lo hacemos notar con gusto. Desde hace algunos años he estado nacionalmente envuelto con el diálogo católico-metodista. Recientemente un miembro metodista de nuestro grupo de diálogo me dío una copia del nuevo himnario metodista. En el frente de este himnario están las direcciones por John Wesley, el fundador de los Metodistas Unidos, sobre cómo deben cantar. Encontré que estas directivas eran útiles cuando queremos calidad en nuestros propios cantos: 1. Aprende las melodías antes de cualquier otro; después aprenda tantas como guste. 2. Cantelos exactamente como están impresas aquí, sin alterarlos o repararlos en absoluto; y si ha aprendido a cantarlos de otra forma, aprendalo de nuevo en cuanto pueda. 3. Canten todos. Vea que Ud. se reuna con la congregación tan frecuentemente como le sea posible. No permita que ni un ligero grado de debilidad o cansancio se lo impida. Si es una cruz para usted, tómela, y será una bendición. 4. Canta suavemente y con gran valor. Tenga cuidado con no cantar como si estubiera medio muerto, o medio dormido; pero levante su voz con fuerza. No tenga miedo de su voz ahora, ni se avergüence de ser oído, eso es para cuando canta las canciones de Satanás. 5. Canta modestamente. No grite, para ser oído sobre o distinto del resto de la congregación, que no destruya la armonía; pero esfuercese para unirse a las otras voces, para alcanzar una clara y legítima melodía. 6. Canta en tiempo. Cualquiera sea el tiempo del canto este seguro de seguirlo. No corra antes o se quede atrás; apoye las voces principales, y dirija los movimientos tan preciso sea posible; tenga cuidado no cantar demasiado lento. Ésta pronunciada lentitud naturalmente quita todo y hace que sea todo flojo; y si es un tiempo elevado manéjelo desde dentro de usted, y cante todas las melodías tan rápido como las primeras. 7. Sobre todo cante espiritualmente. Tenga sus ojos en Dios en cada palabra que cante. Trate de agradarle a El más que a usted, o cualquier otra criatura. Para hacer ésto asiste a estrictamente al sentido de lo que canta, y vea que no se lleva su corazón lejos con el sonido, pero le ofrecía a Dios continuamente; así deba su canta está tal como el Señor aprobará aquí, y premio usted cuando él [cometh] en las nubes de cielo. (De los Himnos Selectos de John Wesley, 1761) ¡Así, tenemos un desafío! Ojalá que todos nosotros continuemos trabajando para celebrar nuestra vida litúrgica en la Iglesia con más y gran espíritu de oración, gratitud, y alegría. Mucha paz y muchas bendiciones para todos ustedes.
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