De Parte del Obispo

"‘Estuve en la cárcel y me vinieron a visitar’"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 3 mayo 2001 del Inland Register)

‘Estuve en la cárcel y me vinieron a visitar’.

Estas palabras de Jesús, tomadas del Evangelio de San Mateo 25, hablan poderosa-mente de cuán fuerte y urgentemente el Salvador nos quiere en relación con todos en nuestra sociedad, incluso con aquellos que están en prisión. Como parte de la gran parábola sobre el juicio final, esta frase en su mensaje es muy poderosa: “Cuanto hagan al menor de mis hermanos/as, lo hacen conmigo.” Las implicaciones de este mensaje de Jesús son innumerables en una respuesta cristiana al Evangelio.

Los Obispos Católicos de los EE.UU., en su reunión del mes de Noviembre recién pasado, en Washington DC., aprobaron el documento, “Respon-sabilidad, Rehabilitación, y Restauración”, una perspectiva católica sobre el crimen y la justicia criminal. Este documento fue editado después de varios años de consulta con una variedad muy amplia de personas envueltas en nuestro sistema de prisiones, y con aquellos afectados por los crímenes. El verano recién pasado, el Santo Padre designó un Día del Jubileo por los Prisioneros y alentó a los obispos de alrededor del mundo a visitar las prisiones. Él mismo lo hizo. Probablemente su visita más conocida es la que hizo, hace varios años atrás, a la persona que intentó asesinarlo en la Plaza de San Pedro.

Desde hace algunos años aquí en la diócesis, sobre todo en el área de Spokane, Hna. Myrta Iturriaga, Hna. de la Providencia, me ha preparado dos visitas anuales a nuestras instituciones correccionales locales. Hace sólo un par de semanas, antes de Pascua, celebré seis veces Misa en diferentes días con los prisioneros.

Tres de las seis Misas se celebraron en español. Dos celebraciones se realizaron en Airway Height’s Correctional Center, una en Media Seguridad y otra en el “campamento,” que es un área de Mínima Seguridad. Celebramos dos veces en la Correccional de Pine Lodge, en Medical Lake, una misa con las mujeres y otra con los hombres. Hubo una celebración con hombres y mujeres, todos juntos, en la Facilidad de la Correccional de Geiger, cerca del Aeropuerto de Spokane.

Finalmente, fuimos al Centro “Martin Hall” cerca del Hospital Mental del Estado, (Eastern State Hospital) donde aproximadamente 20 jóvenes asistieron a la Misa. Todos los jóvenes estaban encarcelados debido a violaciones de inmigración. En el grupo habían dos hermanos, edades 14 y 15 años, de un país Centroaméricano.

Recuerdo que en mi última visita allí, hablando con algunos de los/as jóvenes que fueron escondidos por horas, acalambrados en el piso de su vehículo. De súbito, en un momento inesperado, fueron tirados fuera y les dijeron que tenían que correr debido a que la patrulla de la frontera estaba cerca. No podían correr porque sus piernas estaban entorpecidas. Recordamos la desesperación de parte estos jóvenes que vienen en busca de un estilo de vida mejor.

Encuentro que siempre estas visitas con los prisioneros son para mí, un tiempo de gracia y de bendiciones. Cuando visito a los prisioneros, me cuentan innumerables historias de sus vidas. “Ésta es mi novena felonía.” “no he estado en Misa por más de 30 años.” “Éste es un retrato de mis niños (o de mi familia).” “haga una oración por mí.”

También están muy agradecidos por el ministerio de Hna. Myrta y de los sacerdotes, los diáconos, y los laicos voluntarios que les atienden.

Por años voluntarios también han servido a la población de la prisión de la Penitenciaría del Estado, en Walla Walla. La presencia de la Iglesia allí es posible a través de sacerdotes, diáconos, y laicos que continúan llevándoles el Evangelio a aquellos que pasan por un tiempo difícil en sus vidas.

También necesitamos tener presente a aquellos que trabajan y sirven en nuestro sistema de prisiones. Condiciones en que muchas veces tienen una sobre-población y el número de prisioneros sigue aumentado ciertamente por las presentes normas de sentencia. En un estado, el apoyo financiero para las prisiones es más grande que el presupuesto que se dá a la educación. Me imagino que el trabajo de los empleados de las prisiones es muy exigente y de un gran desafío. Ellos necesitan apoyo, también.

En la conclusión del documento de los Obispos de los EE.UU. “Responsabilidad, Rehabilitación, y Restauración”, se sugieren varios caminos de acción:

1. Como Iglesia, necesitamos continuar enseñando lo que está bien y lo que está mal, llamar al perdón, a la misericordia, y el respeto por la vida.

2. La Iglesia debe estar al lado de las víctimas y sus familias. Nuestro enfoque en éste aspecto necesita ser más comprensivo y centrado.

3. Debemos también llegar a los que han ofensores y sus familias. No sólo debemos tener una presencia en nuestras prisiones, sino que tenemos que hacer un esfuerzo especial para atender a los niños, que quedan sin el apoyo de sus padres encarcelados.

4. Constantemente tratamos del edificar y levantar comunidad. La vida en comunidad debería habilitar a toda persona a ser plenamente humana.

5. Como Iglesia, podemos defender políticas que ofrezcan alternativas reales contra el crimen. Trabajos caritativos son muy importantes pero hay hechos de abogacía cuando nos esforzamos por crear una cultura y una sociedad que sea un lugar más saludable para vivir.

6. La Iglesia puede ayudar a organizar discusiones acerca de esta área tan importante. Un papel primario de la Iglesia es reunir a personas de puntos de vista diferentes y ayudarles a encontrar un punto común.

Para nosotros como Iglesia, el ministerio de prisiones y todo lo envuelto en crímenes — víctimas, autores, familias, y empleados — debe ser motivo de preocupación y atención cuando queremos vivir el Evangelio. Que Dios nos conceda sabiduría y compasión cuando nos dirigimos hacia el futuro.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP

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