De Parte del Obispo

"Reunificando Todo: Pascua 2001"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 12 abril 2001 del Inland Register)

El mundo es un lugar de confusión. Cuando observamos los acontecimientos que han sucedido desde hace algunos años, grandes tragedias naturales. Terremotos en Asia y en Centroamérica han sido situaciones de inmensas proporciones.

Además de los desastres de orden natural, se han establecido hondos conflictos entre pueblos de diferentes raíces étnicas, religiosas, y culturales que continúan plagando nuestro mundo. En nuestra propia nación la violencia hace erupción en nuestras escuelas, en nuestros barrios, lo mismo que en nuestras áreas rurales. El uso impropio de drogas hace un impacto en nuestras comunidades por todas partes. Algunas industrias y ciertos segmentos de cultivo están bajo tensión, en relación con las bajas, quiebras y ejecución de hipotecas.

Podríamos mirar estos acontecimientos con un sentido descorazonamiento y desaliento. Aunque, como personas cristianas debemos siempre tener esperanza y confianza en la Providencia Divina. La vida en torno a nosotros continúa cambiando a un paso que nos aturde acompañado de sentimientos de inseguridad, de inquietud, y de miedo. Podemos ser confrontados de repente por la pérdida de un trabajo o una inversión. Es muy fácil perder un sentido de perspectiva y equilibrio. Entrar a la Semana Santa, el Triduo Sagrado, y la Pascua.

Este tiempo del año litúrgico nos proporciona un tiempo especial de experiencia espiritual que dirige a la realidad plena de nuestras vidas. Y lo hace en celebración y esperanza.

El Domingo de Palmas nos recuerda la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, cuando sus admiradores estaban jubilosos y entusiasmados. Pero cuán rápidamente cambiaron las circunstancias. Se arresta a Jesús de repente, se le pone en juicio, y se le golpea sin misericordia.

La Ultima Cena, como apropiadamente se le llama. No sólo él estaba en una celebración de la Pascua; en cierto sentido, era un adiós a las cosas como habían sido hasta ahora. Este notable acontecimiento llega a ser el fundamento de un sacrificio, de un culto, de un banquete, y de una acción de gracias para los milenios que vendrán.

Jueves Santo celebra la institución de la Eucaristía. Esta rica celebración — en una forma, tan misterioso; en otra tan accesible a todos — nos recuerda de la necesidad constante de darle gracias a Dios, recibir el Pan de la Vida, y ser afirmados por la comunidad de fe en oración. La ceremonia del lavado de los pies también nos indica cómo debemos acercarnos la mesa del Señor, con un sentido de humildad, con pobreza de espíritu. Jesús también enfatizó a que su ejemplo fuera extendido por sus seguidores.

Viernes santo conmemora la Pasión y muerte de Jesús en la cruz. Oímos la lectura de la Pasión contada de acuerdo a San Juan, ofrece las oraciones de intercesión, la veneración de la cruz como una bendición y un símbolo especial, y se recibe el Pan de la Vida. El cruz es nuestra compañera constante en la vida, nos guste o nó, ella está allí. La cruz viene a nosotros en innumerables formas — destruyendo nuestras esperanzas, en una enfermedad terminal, en la pérdida de un trabajo, en una enfermedad mental, en una afición. En algunos lugares de nuestro mundo hoy, con sólo decir que eres cristiano o por defender los derechos del humano es una razón suficiente para ser muerto.

Viernes santo nos recuerda que el Salvador se ha ido antes de nosotros. Dios nos llama a todos en un camino único de sufrimiento, el misterio de este tiempo es difícil de comprender.

La Liturgia de la Vigilia de la Pascua es el punto culminante de todo el año litúrgico. La ceremonia de la iluminación del fuego y el Cirio Pascual refleja la importancia de la Luz de Cristo en nuestras vidas. Las lecturas de la Escritura cuentan la historia de la relación de Dios con su pueblo, desde el principio de la creación hasta la fundación de la Iglesia. Debemos estar siempre en contacto con nuestras raíces y apreciar el aquí y ahora.

Se bendice el agua bautismal. Se bautizan los elegidos, se confirman y reciben la primera Eucaristía. Renovamos nuestras promesas bautismales y se nos recuerda de cómo estamos unidos en el cuerpo de Cristo.

La celebración de la Misa de la Resurrección es signo poderoso de esa vida, en el Señor Jesús, que supera toda muerte, toda tragedia, o fracaso. El Señor Resucitado está siempre con nosotros. Nosotros necesitamos regresar a la Eucaristía una y otra vez a medida que comprometemos nuestra vida. Así podemos apreciar que en cada circunstancia, no importa cuán difícil sea, estamos acompañados por la amorosa presencia de Jesús, que nos dice, “Yo soy la resurrección y la vida.”

Que todos nosotros usemos este tiempo de la Pascua para ser más fieles a nuestro llamado. Aunque misteriosa y dura pueda ser nuestra a veces, estamos con Jesús y unos con los otros en la Eucaristía, que nos nutre y nos guía en el camino.

¡Mucha paz para todos ustedes, una Pascua bendita y felíz y durante todo el Tiempo de la Pascua!

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP

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