![]()
"Viviendo con nuestras debilidades"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 1 marzo 2001 del Inland Register)
Durante Cuaresma, también vemos nuestras faltas y fracasos humanos y hacemos el intento de hacer algo sobre ellos o por vía de una disciplina y/o el sacrificio. No hace mucho tiempo me encontré con un artículo profundo sobre limitación personal y debilidad. El autor hace esta pregunta: ¿Hemos aprendido a vivir con nuestras debilidades e insuficiencias? Muy a menudo éstas condiciones se vuelven fuentes de desaliento, de rechazo, y en el peor de casos, de odio a nosotros mismos. Cuando reflexiono en este artículo y me acerco a la Cuaresma, pensé que éste podría ser un buen punto de reflexión para todos nosotros, en nuestro esfuerzo por ser fieles seguidores de Jesús y miembros especializados de la Iglesia. Cuando uno reflexiona en las limitaciones personales, muy a menudo la tendencia es de descalificarnos en nuestro valor personal. En una cultura donde uno está tentado constantemente con la perfección, recibimos mucha presión por corregir supuestamente el pretérito imperfecto: las cabezas calvas, las arrugas en la piel, el pelo gris,...etc. por nombrar algunos. Invariablemente, nuestro valor personal es una búsqueda de la perfección personal, olvidando la espiritualidad de aceptar nuestras debilidades y limitaciones, que pueden ser una rica fuente para continuar nuestra conversión y apreciación de lo bueno que ha sido Dios con nosotros, aún y especialmente porque vivimos en nuestra condición humana. San Pablo en sus escritos creció en una aceptación notable de sí mismo. Tenía mucho equipaje que llevar en su vida, que lo hacía sentirse descorazonado. Y aún así, hay algo tremendamente reconfortante en sus palabras en su carta a los Corintios: “Me alegró en mis debilidades, es entonces cuando soy fuerte.” En su carta a los Romanos donde les habla del desafío de que aúnque él reconoce acciones y/o situaciones que son pecado, aún así él vuelve a caer en ellas, una y otra vez. Éste es un hombre que tiene un buen discernimiento acerca de quién es y con lo que tiene que vivir. En lugar de que estas situaciones de su vida lleguen a ser una razón de desconcierto, pareciera que ellas son una fuente de crecimiento y de desarrollo espiritual. La respuesta a sus propias limitaciones y su dependencia en Dios, son notables, se vuelven en una fuente de transformación y de gratitud. Para nosotros también, el aprecio y el darnos cuenta de que tenemos que poner una atención especial en la necesidad de la oración, de la reflexión, de la comunidad, y de la celebración. Cuando nos relacionamos los unos con los otros en la vida de comunidad, en el matrimonio y ponemos lo mejor de nosotros, necesitamos estar atentos/as a esas debilidades que todos tenemos. En el matrimonio la pareja pronto se dá cuenta de que la luna de miel se acaba. Éso no significa necesariamente que se debilita la relación. Al contrario, la intimidad puede crecer y ahondar. Un sentido de reverencia y respeto por el/la esposo/a con todos las “verrugas” y “lunares” de la vida, pueden ser oportunidades para continuar creciendo en madurez y apreció de sí mismos. De la misma manera, es verdad, en la forma en la que nos relacionamos a la Iglesia, al pastor, y sí, también al obispo. Todos nosotros tenemos debilidades y todos tenemos necesidad constante de redención. Básicamente, el reconocimiento de las limitaciones de los unos y los otros no son “ninguna barrera.” en cambio, vivir con las debilidades de los otros y apoyar lo bueno en ellos, asistirlos en su propia jornada de fe, requiere de una cierta cantidad de profunda vida espiritual, de sabiduría, de paciencia, y de sacrificio por nuestra parte. Con demasiada frecuencia, la fijación en las debilidades y limitaciones alcanza una importancia más grande que, el amor, la comprensión, el perdón, y la esperanza. Jesús nunca abandona a nadie. Siguiendo el camino de Jesús, nosotros también deberiamos esforzarnos por desarrollar una perspectiva positiva hacia los demás aún en circunstancias difíciles. Cuaresma es entonces un buen tiempo para apreciar el amor de Jesús por todos nosotros. Cambiar actitudes, normalmente, no se produce en la noche a la mañana; exige un esfuerzo constante de nuestra parte para aceptarnos a nosotros mismos y nos demanda un contante esfuerzo de nuestra parte para aceptarnos mejor a nosotros mismos y a los otros alrededor de nosotros. San Pablo en su propio camino de fe demostró no sólo una rápida conversión de corazón, en el camino a Damasco, sino también una transformación gradual a medida que creció en años. Pablo, al tiempo de su martirio, era ciertamente una persona diferente espiritualmente, de lo que fue en los primeros días de su trabajo misionero. Todavía tenía la “espina” a su lado. Todavía el podía reconocer que haría cosas que eran pecado. Todavía para él, la presencia salvadora de Jesús era una gran fuente de alegría y de proclamación. Que Dios nos bendiga a todos con un corazón abierto a la presencia del Espíritu Santo dentro de nosotros. Quizás podemos llegar a ver las debilidades y limitaciones en los otros y en nosotros mismos como un peldaño a una vida de fe más madura y sabia. ¡Que Dios les bendiga con paz y alegría!
Home |