De Parte del Obispo

"La familia"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 18 enero 2001 del Inland Register)

El nuevo milenio ha empezado, y hemos pasado por este año del Júbileo con mucha gratitud, apreciación, y celebración. Con el principio del nuevo año y con la celebración de la Navidad llegando a su fin, espero que estemos renovados/as, entusiasmados/as, y fortalecidos/as para continuar nuestro camino en la fe y en la conversión del corazón. El Espíritu Santo continúa trabajando en nosotros.

Ayer en la Fiesta de la Sagrada Familia, celebré la Eucarístia con la comunidad católica Vietnamita de la Parroquia de San Patricio, en Spokane. Éste ha llegado a ser un evento anual para mí en estos 10 años.

Los Vietnamitas se reunen en este día especial del domingo después de la Navidad para celebrar la Eucaristía, cantar, y una comida. Cuando mencioné a la comunidad en la Misa, que nos reuníamos en esta fiesta de la Sagrada Familia recordamos la inspiración de Jesús, María y José. También nos reunimos como familias en relaciones de la sangre y como una familia de fe. Experimenté un sentido de admiración al ver que personas de casi la mitad del mundo lejos, han venido aquí como parte de familia de la Iglesia. El gran regalo de la universalidad de nuestra Iglesia nos toca de muchas maneras y nos recuerda que todos somos hermanas y hermanos en el Señor Jesús.

Nuestras familias regulares de maridos, esposas, y niños, y la familia extendida son una parte muy importante en nuestras vidas. Todos estamos profundamente enraizados en nuestras familias, con sus tradiciones, dificultades, alegrías, y dolores. Para mí personalmente, estos ultimos meses han sido algo diferentes. A mediados de Septiembre presidí la liturgia del funeral de mi hermana menor en Bellevue, el primer entierro en mi familia inmediata desde la muerte de mi madre hace 34 años. El sábado anterior a la Navidad visité mi padre en un hogar de ancianos en Omak. Todavía me reconoce, pero unir la realidad que le rodea se está haciendo cada vez más difícil para él. El sábado después de Navidad, presidí el matrimonio de mi sobrino y su esposa en la Iglesia de Santa Genoveva en Twisp, donde recibí mi Primera Comunión y fuí confirmado por el Sr. Obispo White

Todos nosotros podemos compartir nuestras únicas historias y jornadas también. Están profundamente entretejidas en la jornada de nuestra vida. Estas memorias y celebraciones llegan a ser muy especiales para nosotros, como una fuente de reflexión, de gratitud, y de inspiración. Una cultura se desarrolla dentro de nuestra vida familiar, y ciertamente hay culturas que son parte de la vida familiar en general. Algunos aspectos de la cultura, aquí en América, no han sido particularmente deferentes con la familia y la vida familiar.

En su mensaje de Paz, en el Día Mundial de la Paz (Enero 1), El Papa Juan Pablo II habló sobre la cultura: “Una cultura que ya no tiene un punto de referencia en Dios pierde su alma y pierde su ruta, llegando a ser una cultura de muerte. Los individuos llegan a la madurez a través de una abierta aceptación de los otros y por su generosidad en darse a ellos; así también las culturas. Creada por las personas y al servicio de personas, tienen que perfeccionarse a través de la comunión y del diálogo, en la base de la unidad original y fundamental de la familia humana como salió de las manos de Dios.” De hecho nosotros debemos esforzarnos constantemente para ser una familia centrada en Dios.

La fiesta de la Sagrada Familia nos recuerda también que las familias viven la condición humana. En el Evangelio para el día de la fiesta de este ciclo oímos la historia de José y María que pierden al niño Jesús, quienes regresan al templo en Jerusalén.

María ciertamente herida: “¿Por qué has hecho ésto con nosotros?” Cada familia tiene sus problemas y alegrías. Pero en todo esto, Dios trabaja por el poder del Espíritu Santo, nos ayuda a convertirnos en personas más santas. No debemos de desalentarnos por nosotros mismos — o de los demás, por éstas situaciones. Las familias son demasiado preciosas e importantes para desatenderlas y no cuidar de ellas.

Hace algunos meses en nuestra reuniones regionales de sacerdotes y ministros pastorales hemos discutido la política diocesana sobre el matrimonio, tales, cómo podemos hacer mejor y cómo, nosotros como Iglesia, podemos ayudar a los matrimonios a vivir mejor su sacramento. Algunas necesidades emergen inmediatamente en los comentarios, que ya son bastante evidentes, aunque tenemos varias reuniones más tarde, todavía en este invierno.

Necesitamos encontrar mejores formas de envolver a la comunidad de la parroquia en oración y apoyo por aquellos que celebran su matrimonio. Tenemos varios programas buenos de preparación al matrimonio disponibles, pero debemos de tratar de ayudar aún más a las parejas en el lugar de la celebración de la boda en el contexto de una comunidad de la fe. Sensibilizar al nivel de fe a aquellos que se acercan matrimonio es un constante desafío y todavía una gran oportunidad. En los años después de matrimonio, el matrimonio continúa enriqueciéndose, es muy importante reconocer que la boda es un día y matrimonio es una jornada de descubrimientos, desafíos y crecimiento de toda la vida.

Nuestro papel como Iglesia, como comunidades de la parroquia, es ayudar, apoyar, alentar y afirmar el matrimonio y la vida familiar. Que el Espíritu Santo nos guíe para que podamos ser buenos administradores de estos preciosos dones en medio de nosotros.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP

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