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"El Lugar"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 21 diciembre 2000 del Inland Register)
La Basílica del Nacimiento está ubicada encima de la mancha donde supuestamente nació Jesús. La misma mancha del nacimiento está en un cuarto muy pequeño a un nivel más bajo de la basílica donde sólo algunas personas pueden reunirse a un tiempo. El último par de veces, que visité la Basílica del Nacimiento, estuvo marcada por perturbaciones de violencia, en el patio. Un incidente envolvió a una muchedumbre enojada y fuera de control, sobre algo delante de la estación policíaca; el otro incidente, una pelea feroz entre dos muchachos justo en frente de la basílica. A propósito, en este momento casi no hay ningún tráfico de turistas en el área debido a la reciente violencia, y este año no habrá ninguna celebración grande y formal en Navidad. Podemos decir muy bien, que contradictoria es la situación presente, contrasta con este lugar tan sagrado donde el Hijo de Dios nació. La escena del nacimiento, como la leemos en ambos Evangelios en San Lucas y en el de San Mateo, nos describen una situación muy humana. María y José no pueden encontrar un cuarto en la posada. El nacimiento se produce en un establo, probablemente una cueva, y la cuna para el recién nacido es un pesebre. San Lucas nos dice que los pastores de los campos cercanos, recibieron una visión de un ángel con la noticia maravillosa del nacimiento del Salvador. Los pastores no eran considerados de la alta clase social en ese tiempo. Aún así, fueron elegidos especialmente por Dios para recibir ésta gran noticia, esperada desde tan largo tiempo. Lo mismo que el nacimiento de Jesús fue rodeado por la condición humana y signos contradictorios, así también hoy, Belén es un lugar de tensión y discordia. Violencia y honda amargura marcan las relaciones entre pueblos de diferentes tradiciones y religiones. Aún así, ése electrizante momento del nacimiento de Jesús continúa dejando un profundo impacto en nuestro mundo, en celebración y acción de gracias. En cierto sentido, el lugar del nacimiento se ha multiplicado millones de veces cada Navidad, con escenas del nacimiento y representaciones de los acontecimientos que rodearon el nacimiento de Jesús. La condición humana no sólo está presente en el lugar del nacimiento de Jesús, sino en todo el mundo. El Príncipe de Paz aún necesita ser proclamado y su mensaje vivido. Podemos hablar todo lo que queramos sobre el lugar de nacimiento o el lugar de nuestras celebraciones, o las contradicciones en nuestro mundo esa necesidad la presencia salvadora de Jesús. Lo más importante, es que necesitamos mirarnos a nosotros mismos. Oímos muchos comentarios en estos días sobre, volver a colocar a Cristo en su lugar en Navidad. El tiempo previo a la Navidad ha sido ciertamente comercializado, pero les sugeriría que miráramos un poco más lejos y más profundo. Necesitamos estar seguros de que lo reconocemos en nuestros corazones. En cierto sentido necesitamos volver a poner a Cristo en nuestras vidas de manera que el mensaje de este gran evento en la historia humana continúe siendo vivido en cada uno de nosotros. La fidelidad a la presencia de Jesús en nuestras vidas toma sabiduría, discernimiento, humildad y perseverancia. Así como vemos en la batalla del mundo exterior con su condición humana, así cada uno de nosotros batallamos para llegar a ser lo que Jesús nos llama a ser. El maravilloso mensaje de Navidad es que Jesús no nos abandona, a ninguna persona, ni situación, aún después de 2.000 años. El lugar de nacimiento donde los pastores reconocieron la presencia del Salvador se multiplicará innumerables veces más, por los lugares donde nosotros encontremos a Jesús en nuestras vidas. La celebración de Navidad es una de esas experiencias. Sacramentos e iglesia son otras inestimables y ricas oportunidades para que reconozcamos y experimentemos la presencia de un amante Redentor que nos pide volver a vivir y expandir la maravillosa buena nueva de su amor por toda la humanidad. ¡Que Dios bendiga a todos ustedes, con una Navidad muy felíz, llena de paz y de bendiciones!
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