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"Adviento: Preparándonos para una larga jornada"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 7 diciembre 2000 del Inland Register)
El año litúrgico recién pasado ha sido muy especial, durante él hemos celebrado el segundo milenio del nacimiento de Jesús. El hecho de nombrar o señalar en nuestra diócesis, una iglesia del júbileo para cada mes, nos ha dado la oportunidad para reflexionar y agradecer. El Icono del Júbilo de la Santísima Trinidad ha hecho su camino por todas las iglesias de la diócesis y ahora se quedará permanentemente en el Mausoleo de la Santa Cruz en Spokane. Individualmente, las iglesias han organizado proyectos especiales de arte litúrgico y conmemoraciones que inspirarán a los parroquianos de las generaciones por venir. La celebración de Pentecostés en la Arena de Spokane fue un felíz evento. Muchas parroquias patrocinaron programas especiales, incluso peregrinaciones. Casi 100 personas de la diócesis asistieron al Día Mundial de la Juventud en Roma a mediados de Agosto. En total, toda la experiencia del año del júbileo fue rica, y esperamos, su espíritu continuará en nuestros corazones y en la vida de la Iglesia. El Tiempo de Adviento empieza nuestro nuevo año litúrgico cuando nos preparamos para la celebración del nacimiento del Salvador. Hay siempre algo sobre este tiempo que la mayoría de las personas anticipan con un grado de avidez. Adviento es un tiempo especial de preparación, el comienzo del nuevo año litúrgico de la Iglesia. Cuando hacemos esto, me gustaría sugerirles cinco temas para centrar nuestros pensamientos, para estar en la jornada espiritual. Ser Eucaristía. La celebración de la Eucaristía es el centro de nuestra vida cristiana, de la vida de nuestra Iglesia. A través de la Eucaristía es que llegamos a la mesa del Señor. Se nos da vida. Somos alimentados con el Cuerpo y Sangre de Jesús. La Palabra nos recuerda y nos desafía. Nosotros entramos en contacto unos con otros en la asamblea como Cuerpo de Cristo. Los fieles se reunen Domingo tras Domingo para recordar la presencia de Dios en sus vidas y tener presente que la vida de sufrimiento, de muerte, y de resurrección fue el camino de Jesús. La Eucaristía nos llama un Pueblo Eucarístico por el ejemplo y el estilo de vida. Jesús amó y redimio a toda la humanidad. Cada persona en este mundo es una expresión preciosa de la creación de Dios. La intimidad con Jesús en la Eucaristía debería instarnos a expresar este amor por todos. Ser piadosos. Las bendiciones de Dios nos tocan de innumerables maneras. La presencia del Señor se hace manifiesta algunas veces de una manera muy clara, o se esconde un poco esa presencia, se disimula. En otros casos, la tarea de cada seguidor de Jesús es ser un místico que constantemente busca, reconoce, y aprecia la intimidad de Dios con él o ella. Finalmente, relación es todo para nosotros. Nuestra relación con Dios se nutre y ahonda por un espíritu de piedad. Afortunadamente, nuestra tradición en nuestra Iglesia es diversa, un rico tesoro de espiritualidad piadosa, en la que personas con diversos temperamentos y dones pueden encontrar a Dios. Ser sirviente. Jesús nos recuerda que el Hijo de Hombre no ha venido a ser servido sino a servir. Después de la Ultima Cena toma un lavatorio con agua y lavo los pies de los apóstoles. Entonces su mandamiento fue: “Así como yo lo he hecho, así deben hacerlo ustedes.” Hay innumerables maneras para que nosotros podamos ser sirvientes en la Iglesia y en la sociedad. Cada persona tiene por lo menos algunos talentos, y ciertamente todos tienen oportunidades. Muchos son muy generosos con su tiempo y sus talentos. Esta área de buena administración de que somos tiene gran potencial para ayudar a que la Iglesia se haga más viva y nos ayude a compartir con más credibilidad la presencia del amor y del cuidado de Jesús por nuestro mundo. Ser alegres. Jesús en su discurso a los apóstoles después de la Ultima Cena les hablo sobre el amor de un discípulo. Entonces continúa: “Todo esto se los he dicho para que mi alegría este con ustedes y su alegría sea completa.” Cardenal Martini SJ de Milan usa la expresión, “Alegría es la madre de comunicación.” No podemos imaginar la alegría de Dios, pero Jesús quiere que la tengamos. Hay algo muy transparente, eficaz, y contagioso cuando vivimos el espíritu de alegría. Estar Esperanzados. La virtud de la esperanza nos ayuda a frenar la tentación de controlar a Dios. Uno puede fácilmente sorprenderse en esperanzas personales o en esperanzas con respecto a la vida de otros. Todos sabemos lo difícil que es dejar ir algo. Como San Pablo nos dice en su carta a los Romanos, “Esperanza no es esperanza si se ve: cómo es posible para alguién esperar algo que está viendo?” Dios es quién está finalmente en control de nuestras vidas. Nuestra esperanza está en la Providencia de Dios, no en lo que pensamos que debería pasar o en los que nosotros creemos que debería pasar. La esperanza es una cualidad importante en nuestro camino espiritual y la apreciación de y el hacer vida esta virtud puede ser un testimonio muy fuerte también. Así el desafío es nuestro al empezar el Adviento. Que nos apoyemos los unos a los otros durante estas semanas previas a Navidad, que estas calidades pueden integrarse cada vez más en nuestro diario vivir. Que Dios les bendiga y les de paz.
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