De Parte del Obispo

"‘La Cultura de la vida’"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 26 octubre 2000 del Inland Register)

De Parte del Obispo: Se ha vuelto costumbre en nuestra Iglesia Católica designar el mes de Octubre como el mes del Respeto por la Vida. Este mes es una oportunidad anual para reflexionar en el gran regalo de la vida. Tan importante como esto, es que también tenemos la oportunidad de abogar por la vida, proclamar el mensaje de vida del Evangelio.

El Papa Juan Pablo II hace algunos años emitió una Encíclica que tituló El Evangelio de Vida, un llamado a todos por un positivo respeto a la vida y a construir una cultura de vida en nuestra sociedad y en el mundo.

Empieza con la historia de Caín y Abel en el libro del Génesis. Después que Caín mató a su hermano, Dios le preguntó, “¿Dónde está tu hermano?”

Caín cínicamente respondió, “¿Es qué soy guardián de mi hermano?” El Santo Padre claramente dice que nosotros en la familia humana somos de hecho guardiánes de nuestras hermanas y de nuestros hermanos.

En nuestra tradición, creemos fuertemente, que toda vida humana desde el momento de su concepción al momento de su muerte natural, es sagrada. Es por eso, que como Iglesia hemos tomado consecuentemente una posición fuerte con respecto a la tragedia del aborto. Aborto es un acto de opresión contra alguien que tiene derecho a vivir. En nuestra tradición, los derechos de los reproductores no triunfan ante el derecho a la vida del niño no nacido.

Habiendo dicho esto, también quiero decir inmediatamente que hay algunos que sienten amargamente las decisiones que han hecho en el pasado. La Iglesia en nombre de Señor Jesús está siempre lista para expresar el perdón y ofrecer la reconciliación, especialmente consigo mismo.

Como una comunidad de la Iglesia, nosotros también debemos estar en la tarea de buscar las raíces de la causa de la cultura de muerte y ayudar a la sociedad a reforzar la cultura de la vida. Necesitamos identificar esas áreas que deshumanizan a los seres humanos y debilitan el tejido de nuestra cultura. Por ejemplo, las mujeres y los niños son claramente los más vulnerables en circunstancias de pobreza. Debemos continuar recordándole al mundo, de que todos estamos interconectados en la familia de humana. Ningún acto que realizamos es realmente aislado o privado. Es por eso que usted y yo vamos a un representante de la comunidad de fe para recibir el perdón, en el sacramento de la reconciliación.

La píldora del aborto, RU 486, ahora está disponible en el país, de manera que, el tomar una decisión, ahora se produce en el hogar, en lugar de ser en una clínica de aborto. Como Iglesia y como individuos comprometidos a respetar la vida humana en cada una de sus fases, debemos darnos cuenta principalmente que la batalla por crear una cultura de la vida, no debe ganarse en la asamblea legislativa, sino en el corazón humano. Como un director de un Estado de la Conferencia Católica me dijo hace algunos meses, la batalla en este problema no es tanto para resolver sobre si las personas consideran que el feto es vida humana o no. Más bien la batalla es sobre la actitud de que los derechos personales tienen preferencia por encima del derecho a vivir de los otros. Obviamente, hay muchos otros factores que también complican: el miedo, la pobreza, la vergüenza, la coerción, el abandono, por mencionar algunos.

Somos el pueblo de Dios. Como pueblo de Dios, somos sólo administradores de nuestras vidas, de los unos para con los otros, y de la cultura en la que vivimos. Hay algunos que intentan pintar nuestra posición en la Iglesia como siniestra, como peligrosamente radical, diciendo que nuestra posición por la vida es una mentalidad derechista. Esto se vuelve un desafío para continuar llamándo y exigiendo el respeto por la vida humana.

Creando formas de apoyo por esa vida en nuestro trabajo legislativo y la abogacía, tiene que ser una prioridad continúa. Todos nosotros estamos informados de lo corrompido en lo que se refiere al apoyo por los niños en nuestra sociedad, en los Estados Unidos. Hoy, en una de las más fuertes economías, que este país nunca había experimentado antes, aproximadamente uno de cuatro de nuestros niños en la edad pre-escolar crece en pobreza. No podemos dejar que ésta realidad continúe en pie. Obviamente, los problemas son complejos, pero se deben enfrentar.

Recientemente, nosotros hemos oído la trágica historia que nos llega desde Irak, sobre el efecto de las sanciones, especialmente el arrastre que estas sanciones producen en las familias, las madres, y los niños. Este también, es un problema de respeto por la vida. Los más vulnerables puede ser víctimas de un falló político-diplomático que no toca la raíz del problema. Los pueblos no son deshechables.

Así tenemos la oportunidad para mucha conversión de corazón. Debemos continuar buscando medios útiles y eficaces para apreciar la dignidad de toda vida humana. Debemos encontrar más y mejores maneras de estar en gran solidaridad, los unos con los otros, en este viaje humano. Sobre todo, debemos mirar profundamente en nuestros propios corazones para identificar esas actitudes que son contrarias al mandato de Jesús de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Nosotros como Iglesia podemos hacer una diferencia y hemos hecho una diferencia. Que el Espíritu Santo nos guíe con sabiduría en esta misión de fortalecer y afirmar la cultura de la vida.

¡Mucha paz y muchas bendiciones para todos ustedes!

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP

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