De Parte del Obispo

"Día Mundial de la Juventud, Roma 2000"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 14 septiembre 2000 del Inland Register)

Cada dos años, un día mundial de la juventud, es programado por la Juventud Católica de todo el globo. En los años recientes los eventos se han llevado a cabo en Denver, Manila, y Paris. En Denver más de 200.000 jóvenes asistieron. En Manila, en la Misa de clausura se estimó que el número que asistió fue de apróximadamente 5 millones; en Paris fueron aproximadamente un millón. Como fuera propio, el Día de la Juventud, este año del Júbileo, se realizó en Roma, con la asistencia de más de dos millones de jóvenes que asistieron a la Misa de clausura, en un campo muy grande en las afueras de la ciudad.

Aunque el encuentro se etiquetó como Día Mundial de la Juventud, el evento cubrió varios días. Este Día Mundial de la Juventud (DMJ) empezó el martes en la tarde, día de la Fiesta de la Asunción, 15 de Agosto, y concluyó el Domingo con la Misa, en un lugar llamado TorVergata, apróximadamente a diez millas del centro de la ciudad de Roma. Llegué el lunes por la tarde desde Seattle, donde había asistido a la Convensión del Encuentro Regional de Matrimonios. Celebré la Litúrgia del Domingo con los participantes.

La hospitalidad en Roma fue muy agradable. Fuí recibido en el aeropuerto por los Miembros de la Comunidad de San Egidio (un movimiento laico). Dos de ellos fueron designados para llevarme al Colegio Norte Americano donde me hospedaría. La universidad esta realmente cerca del Vaticano. Mis dos chóferes eran de Sicilia y tenía mucho miedo de que ellos no conocieran la ciudad más que yo. En Roma si usted no conoce las calles correctas y las vueltas, usted está en problemas. Se disculparon profundamente, pero disfruté del paseo alrededor de unas partes de la ciudad que no había visto antes de.

El evento de abertura fue en la tarde del día siguiente. La muchedumbre en la Plaza de San Pedro fue tremenda, quizás alrededor de unas 300,000 personas. El día era caluroso, 93 grados, y muy húmedo. Sin embargo la ceremonia no empezó hasta las 6: 30 p.m., la juventud se había reunido, desde muy temprano, por varias horas, en la plaza. Se usaron grandes mangueras para rociar con agua, por encima de la muchedumbre, antes de la bajada del sol, para refrescar a la gente.

Temprano en la tarde, el Santo Padre se detuvo para una ceremonia en San Juan de Letrán, la Iglesia Catedral para la Arquidiócesis de Roma. Ese evento fue transmitido por parlantes y grandes pantallas de videos en la Plaza de San Pedro, así todo el mundo estaba informado de lo que pasaba a un par de millas más lejos.

Cuando el Papa llegó a San Pedro, se reunio brevemente con la muchedumbre en la plaza antes de empezar la ceremonia. La voz del Santo Padre era potente. Como la tarde llevó y se empezó a oscurecer, el telón del frente de la Basílica de San Pedro fue magnífico. El frente estaba limpio y restaurado. Se había instalado un nuevo sistema de iluminación también. El evento acabó tarde, y los 300.000 jóvenes no se fueron de la plaza inmediatamente. Por lo tanto fue un poco difícil de regresar a todo el mundo al lugar donde se quedaban, especialmente cuando el transporte público deja de funcionar a medianoche.

A propósito, todos los que tenían una insignia de identificación podían usar el transporte público gratis. Fue una manera maravillosa, para que todo el mundo pudiera ir a todas partes.

A la mañana siguiente caminé a la Oficina de los Obispos Católicos de la Conferencia de los Estados Unidos, en Roma, localizada en la Casa Santa María, una casa para los sacerdotes que están haciendo estudios de graduación en Roma. Quería saludar a los empleados y hacer una caminata por la ciudad.

La ciudad estaba copada. Hasta ahora yo me jactaba siempre de que nunca había sido víctima de los abundantes rateros de Roma. Ya no. Tenía mi pasaporte y el dinero en una bolsa alrededor de mi cuello, pero cuando me moví a través de la pesada muchedumbre en Trevi Fountain, alguien me sacó el rosario de mi bolsillo del frente. ¡Espero que el/ella lo use!

En los próximos días la juventud tuvo la oportunidad de pasar por la puerta santa de San Pedro, asistir a las sesiones de catequesis seguidas por la Misa, y visitar algunos de los sitios históricos en la ciudad. Con el Obispo Tomás Connolly, obispo jubilado de Baker, Oregon, fuimos al Circo Maximus para oír confesiones por un par de horas. La muchedumbre era tremenda.

El jueves, finalmente, pude hacer contacto con algunos de los 80 miembros de nuestro grupo Diocesano que asistieron al Día mundial de la Juventud. Disfrutamos de un tiempo juntos el viernes por la tarde visitando algunos sitios del centro de la ciudad. También celebramos Misa juntos el Sábado en la mañana, antes de dirigirnos a Tor Vergata, para la Misa temprana del Domingo, clausura del evento.

A último minuto, unos 200 jóvenes polacos con sus chaperones y cuatro sacerdotes, se reunieros con nosotros para la Eucaristía, por lo tanto tuvimos una litúrgia bilingüe, sin que ninguno de los dos grupos entendiera el idioma del otro. Es fascinante ver cómo la Eucaristía puede reunir a personas en tales circunstancias.

El Misa de clausura con aproximadamente 2,2 millones de personas fue un evento impresionante. La juventud de todo el mundo estaba presente para celebrar como Iglesia. Como la liturgia llegó hasta muy tarde en la mañana, el tiempo se puso caluroso. La mayoría de las personas habían estado allí por más de 24 horas. Todavía, había un sentido de jubileo y de apreciación de los jóvenes. En el camino a casa en el avión le pregunté a algunos de ellos si sintieron que las circunstancias habían sido demasiado duras o difíciles. Todo el mundo dijo que bien valía la pena.

Claramente el Santo Padre tiene una relación especial con la juventud. Les dá energía, y ellos le dan energía a El. Tal evento nos recuerda el regalo de nuestra juventud, su importancia como parte de nuestra familia de la Iglesia y la continúa necesidad de apoyar el ministerio de la juventud. Ellos también nos enseñan que vivir con penas y dificultades con tal de construir comunidad, es un sacrificio que bien vale la pena. Que todos podamos reflexionar en ese significado mientras hacemos juntos nuestro camino en la fe.

¡Bendiciones y mucha paz!

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP

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