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"La tradición continúa"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 8 junio 2000 del Inland Register)
El albergue original Santa Margarita fue abierto por el Sr. Obispo Bernard Topel en 1961, en 707 S. McClellan, al lado de Centro Médico Sagrado Corazón, como una casa de tránsito, para mujeres sin casa ni hogar, destituidas. La misión ha cambiado algo en los últimos años. En 1980 Santa Margarita se transformó en residencia para el desarrollo de mujeres adultas mentalmente impedidas. Como las necesidades continuaron creciendo en la comunidad, en 1992 el albergue empezó a ofrecer hospitalidad de emergencia para mujeres y niños sin casa ni hogar. En 1996 con una lista de espera y un local inadecuado, fue muy claro que se necesitaba un nuevo local. Se comenzó con el esfuerzo de reunir fondos para las necesidades de las dos entidades, Santa Margarita y la Casa de la Caridad. El esfuerzo de un cambio de ubicación de ambos locales ha ido muy bien. Como el original, se volvió a reubicó el albergue Santa Margarita cerca del Centro Médico del Corazón Sagrado, en 101 E. Hartson. El costo del nuevo albergue Santa Margarita sólo es aproximadamente $2,25 millones de dólares. La nueva facilidad consta de 18 unidades, para 3 a 5 miembros de familia, con baños privados. Acomodará tres veces más familias que el sitio anterior. Se incluirán servicios especiales incluyendo consejería, educación, y asistencia para la reubicación futura y oportunidades de empleo. La tiempo de permanencia será de cuatro a seis semanas para el programa de recién nacidos y de tres meses a dos años para el programa de albergue. La misión de la nueva facilidad es ofrecer albergue de emergencia y de tránsito a mujeres con sus niños que no tienen hogar, a madres con recién nacidos de alto-riesgo, que requieren ayuda después del nacimiento de su niño. Con el triste aumento de la violencia doméstica y la vulnerabilidad de las madres con sus niños, que tienen un pequeño o ningún recurso de apoyo, algo como el albergue Santa Margarita puede solucionar no sólo una necesidad inmediata y urgente, sino que esperamos, también poder ofrecer ayuda a estas familias para que puedan volverse independientes. Se sirve a personas de todas creencias, tomando en cuenta que en nuestra tradición católica, se considera hermano y hermana en el Señor Jesús a toda persona. En el Evangelio de Mateo, capítulo 25, Jesús comparte la historia de la escena del juicio final: “¿Señor, cuando te vimos hambriento, o sediento, o lejos de hogar y no atendimos a tus necesidades?” “Yo les aseguro, todas las veces que ustedes dejarón de hacerlo con los más débiles, conmigo lo hicieron.” La Iglesia, en las últimas décadas, a través de su enseñanza social ha llamado no sólo a ella misma, sino a toda la sociedad, a preocuparse de aquellos que son más vulnerables y que necesitan asistencia. Proyectos como “Albergue 2000” es una manera muy real y generosa de vivir el Evangelio con el mandato del Señor de amar al prójimo. La misión de proporcionar albergue y asistencia a los sin casa ni hogar continúa. Sí, todo lo que podemos ver, es que las necesidades siguen creciendo. Hace un par de semanas mientras caminaba por una de las calles del centro de la ciudad Spokane, alguién me preguntó si tenía algún cambio en mi bolsillo. La pregunta vino de una joven probablemente en sus 17 o 18 años. En mi breve conversación con ella, me enteré de que estaba sin casa ni hogar. El bolsillo lleno de cambio pareció ser una triste respuesta para una persona cuya vida estaba en desorden, por la razón que sea. El mensaje de Jesús es claro: Nosotros somos los guardianes de nuestros hermanos y hermanas. En esta responsabilidad, tenemos la oportunidad ayudar otros a llegar a ser el regalo que Dios los llama a ser. Tienen el derecho a ser respetados y llegar a ser autosuficientes, miembros productivos de la sociedad. Oportunidades para aprender responsablemente, de apreciar lo bueno que hay en ellos mismos y desarrollar los dones, que Dios les ha proporcionado. Mi profunda gratitud y aprecio para todos los que ha hecho posible el nuevo Albergue Santa Margarita. Que este esfuerzo sea un fermento en nuestra Iglesia y en la comunidad para continuar haciendo el esfuerzo de estar siempre sensibles a las necesidades de los pobres y aquellos que son los más vulnerable. Si continuamos haciendo estas buenas obras, reflejaremos de una manera aún más vibrante el Evangelio que predicamos y en él que creemos. Además, nuestro caminar juntos en la fe se enriquecerá. Mucha paz y muchas bendiciones para todos ustedes.
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