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"La Iglesia Universal"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 18 mayo, 2000 del Inland Register)
Al principio de la Cuaresma, el Papa Juan Pablo II celebró la Misa del Perdón en el Vaticano, pidío perdón por los pecados de la Iglesia pero también extendío su perdón hacia aquellos que han dañado a la Iglesia. Casi inmediatamente, después de esta celebración, siguió con su visita pastoral y peregrinación a Tierra Santa. La visita se produjo en un contexto político muy complejo y en un tiempo muy tenso. Aún así, con gran sensibilidad a todos los partidos envolucrados y con un fuerte enfoque en Su peregrinación personal de oración, a los lugares sagrados mencionados en las Escrituras, su visita dejó un sentido profundo de admiración en la comunidad mundial. Tenemos la esperanza que la semilla de la llamada a la reconciliación y a la unidad dará muchos frutos en el futuro. Su visita a Tierra Santa no fue un acto aislado. Como pastor y jefe de la Iglesia, él en cierto sentido, nos lleva a todos nosotros junto a él en esas visitas. El es una parte de nosotros, y nosotros de él, desde el momento en que juntos somos Iglesia. Estábamos orgulloso de lo que ha hecho. En mis visitas ad limina a Roma cada cinco años, estoy muy atento a que en cierto modo, yo llevo conmigo también a toda la diócesis. Estamos profundamente conectamos en la Iglesia por nuestro bautismo, en el cuerpo de Cristo. La verdad que automáticamente sigue a esto, es que, nunca podemos pensar sólo de nuestro propio y pequeño mundo en que vivimos. Siempre debemos estar atentos de tener una visión de la realidad global más grande de la comunidad. Es por eso que la Iglesia pone un énfasis especial en la solidaridad global y específicamente dirigidos, por ejemplo, a eventos que tienen que ver con la paz, con la justicia y la deuda internacional de las naciones más pobres. No hay ninguna otra organización en la comunidad mundial con una presencia y sentido de pertenencia, tal como nosotros la tenemos. Esa realidad es un don maravilloso, pero también es, para nosotros, una responsabilidad el continúarla y así ser fieles a la Palabra de Dios. Somos responsables del cuidado de nuestros hermanos y hermanas, y estamos para amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. El día antes de escribír esta columna, el Cardenal John O’Connor de la ciudad de Nueva York fue enterrado en la Catedral de St. Patricio. He leído los acontecimientos noticiosos y he visto partes de la liturgia del entierro en televisión. Como la comunicación más importante del mundo, Nueva York ofrece la oportunidad especial de dar a conocer el ministerio del Cardenal. De una manera admirable, él continuamente exigía respeto por la dignidad de vida humana en todas sus etapas, por una sensibilidad para con los pobres, por los derechos de obreros, por sensibilidad para con nuestros hermanos y hermanas judíos, y por compasión hacia aquellos que han caído y pecado. Recuerdo sus comentarios, en una de las reuniones nacionales de los obispos, cuando nos contó la historia sobre lo que le pasó después de su visita a cuatro jóvenes en la prisión, que brutalmente asesinaron a un corredor en el Parque Central. El recibió correo vicioso criticando su acción. Los autores de las cartas deben de haber olvidado las palabras de Jesús que dice “cuando estuve en prisión, tú viniste a visitarme.” Como un reportero de las noticias comentó, la liturgia del entierro por el Cardinal fue el mismo rito que se celebra por cualquier católico, rico o pobre, poderoso o humilde. Una vez más, el testimonio de la vida del Cardenal y sus enseñanzas son parte también de quién somos nosotros en la Iglesia. El momento de la muerte es especial, cuando la plenitud de la verdad sobre la vida parece mostrarse. El Cardenal Laws comentó en la homilía sobre la posición inequívoca del Cardenal O’Connor por el respeto a la vida humana desde el momento de su concepción hasta su muerte natural, lo que provocó una ovación de dos minutos en el lugar. Ésto es lo que somos como católicos. En sólo algunas semanas, el 11 de junio, Domingo de Pentecostés, nos reuniremos como familia Diocesana, con el Cardenal Szoka, para celebrar la Eucaristía en la Arena de Spokane. Con frecuencia no tenemos ese tipo de experiencia en nuestra iglesia local, pero nuestro encuentro será un memoria viva de la realidad que vivimos cada día como miembros de ésta diócesis y de la Iglesia universal. Venimos de todas formas de vida, con jornadas espirituales únicas, que crean el mosaico de la iglesia, no sólo aquí en el Este del Estado de Washington, sino a través de todo el mundo. Espero que podamos aprovechar ésta oportunidad única de ser Iglesia, cuando celebramos juntos y agradecemos a Dios, por sus generosos dones y maravillosa bondad. Que Dios les bendiga y les dé su paz.
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