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"Pascua - mirando la tumba"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 27 abril 2000 del Inland Register)
Los seguidores de Jesús no tuvieron la ventaja de nuestra perspectiva. Su luchas en su jornada de fe se ha vuelto un libro abierto para toda la humanidad que vino después de ellos. Todavía, admiramos su experiencia humana, porque enfrentaron el misterio de sus vidas con dificultades y determinación. La muerte de Jesús fue una experiencia devastadora. Sólo unos pocos se arriesgaron a estar cerca, al pie de la cruz. La oscuridad de sus espíritus del Sábado, es difícil de imaginar. Todavía, en fidelidad al que había muerto, fueron a la tumba el Domingo por la mañana para encontrarla vacía. Sus esperanzas reciben otro golpe. No hay ningún cuerpo, y dos hombres dentro de la tumba les dicen que ha resucitado. Como nos dice el Evangelio, la única cosa que Pedro pudo hacer en este momento fue mirar dentro. El creyó. A medida que los días y las semanas se desarrollaron, la experiencia de los discípulos con el Señor Resucitado fue más allá de sus más irracionales sueños. Las apariciones de Jesús fueron fugaces. Pero algo había cambiado dramáticamente. Muy pronto se encontrarían sólo, con el poderoso recuerdo de la vida de Jesús y su presencia espiritual con ellos, como el Señor Resucitado. En cierto sentido, enfrentaban la tumba abierta de la vida de nuevo, a medida que fueron al trabajo de proclamar el Evangelio. Continuarán experimentando la devastación y el tumulto de la vida humana, en sus experiencias y desafíos. La mayor parte de los apóstoles enfrentó martirio. Entonces fue la increíble conversión de un Saulo a un Pablo. La señal clara del Espíritu Santo cambiando la dureza del corazón y dando un alegre entusiasmo para extender el Evangelio, llegando a ser una fuente notable de inspiración en la vida de la Iglesia. Casi dos milenios más tarde, celebramos Pascua con gran alegría y gratitud. Cada año litúrgico tiene para nosotros los eventos de la Pascua como una promesa que aún debe cumplirse, en nuestras propias vidas. También vivimos nuestra propia Semana Santa, de devastación, de heridas, de dolor, de quebrantos, de duras esperas. Pero ahora, miramos el crucifijo no como un desastre, sino como el gran momento en historia de la salvación. El Cuerpo en la cruz tiene gran poder porque el amor detrás este acto de sacrificio supera todo. El silencio del Sábado Santo continúa estando con nosotros. Podemos investigar y maravillarnos, como hacían los seguidores de Jesús. Nuestras preguntas son muchas. ¿Cómo podría un Dios bueno dejar todo este mal en el mundo? Los 7.000 masacrados en la matanza de Srebrenica, y los casi 1.000 en Africa encerrados en una Iglesia, quemados a muerte con gasolina, nos deja perplejos, espantados. En nuestro mundo 40.000 bebés y niños se mueren por inanición cada día. Sin mencionar nuestras propias experiencias personales de vida. Seguimos a María Magdalena y Pedro a la tumba. Esa tumba está también vacía para nosotros. Nosotros no vemos la presencia física de Jesús, tampoco. Aunque la Iglesia como una comunidad de fe, y los sacramentos que celebramos, nos traen visión y perspectiva. También nosotros vemos más allá de la tumba, en la fe, y sabemos que es el Señor Resucitado que siempre está con nosotros. El es quién nos da vida, la esperanza y finalmente la resurrección para cada uno de nosotros algún día, también. Entonces veremos la Pascua en todo su brillo y esplendor. Así la jornada de fe continúa. El misterio de la Providencia de Dios se sigue desarrollando. El Dios de ilimitado amor y misericordia, cumplirá nuestros sueños más irracionales. Nosotros agradecidamente salimos de la tumba, continúamos viviendo con Dios y los unos con los otros. Que Dios le bendiga a todos con mucha paz y alegría.
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