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"La pena de la muerte y las prisiones"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 3 febrero 2000 del Inland Register)
No estamos desprevenidos de que la mayoría de los católicos, consistente con la población en general, apoya la pena de muerte. Lo que pasa también en muchas áreas de nuestras enseñanzas, el Santo Padre y los obispos ven con claridad, la forma violenta en la que castigamos a los criminales en nuestra sociedad, conectándonos con la violencia perversa que tristemente experimentamos en toda nuestra cultura. Además, somos uno de los pocos países en el mundo que continúa usando la pena de la muerte como una forma de castigo último. Desde hace algunos años hasta ahora, el Comité de la Política Doméstica de los Obispos de los EE.UU.han estado luchando con la pregunta; como escribir una Declaración pastoral sobre la Justicia Criminal. Se nos ha urgido a hacer esto por los capellánes católicos, que ven y experimentan con urgencia, que la Iglesia se dirija sobre la materia Criminal y la Restauración de la Justicia. En consulta con expertos en el campo y con las víctimas, se ha visto con mucha claridad, que nosotros como Iglesia no hemos sido tan sensible como deberíamos haber sido con las víctimas de los crímenes. Una cosa es exigir la abolición de la pena de muerte, pero por otro lado debemos ser sensibles con la condición de las víctimas que han sido violadas. Espero que esta sensibilidad en última instancia también se refleje en esta declaración más reciente de los obispos de nuestro Estado. Parte de la vacilación del Comité de la Política Doméstica, para hablar sobre este tema, ha sido debido a la complejidad de los hechos que en ella están envueltos. Sin embargo, reconociendo este hecho, está claro que nosotros como nación no podemos continuar acostumbrándonos a mirar este asunto así como si fuera normal. Algunos Estados ahora gastan más en prisiones que en educación. Todavía, en nuestra perspectiva como Iglesia, deberiamos poder contribuir al bien común en esta materia con la luz del Evangelio y la llamada directa de Jesús en Mateo 25 cuando dice, “ Estaba en prisión y me visitaste.” Hay muchas áreas de preocupación y de necesidad para apreciaciar en toda esta área de criminalida y de prisiones. Los funcionarios que están en el deber de hacer cumplir las leyes en general y los empleados en nuestras instituciones de las correccionales tienen tareas muy difíciles. Es tan fácil ser crítico sin apreciar el desafío que ellos tienen para servir en muchos casos en circunstancias muy difíciles. Necesitamos hacer más en el ministerio hacia las víctimas y sus familias. Necesitamos apoyar esfuerzos en la rehabilitación en los penales y esforzamos por encontrar maneras más creativas para tratar las adicciones que, de múltiples maneras, pueden llegar a ser tan destructivas. Durante mi última visita a los Centros Correccionales de Airway Height’s hace algunos meses, celebré Misa con algunos de los prisioneros. El director de los voluntarios me dijo de la gran necesidad de tener más voluntarios, que puedan servir a la población de las prisiones en muchas maneras diferentes. Ciertamente no todo el mundo se encuentra cómodo en este tipo de servicio, aún así es una necesidad muy grande. Tengo la sospecha que hay muchas gentes en nuestras parroquias que tendrían dones que podrían poner al servicio esas necesidades. Hay ejemplos notables de laicos, hermanas, diáconos, y sacerdotes, que por años, han estado ofreciendo generosamente su presencia para servir en esta forma tan particular. Finalmente, pienso que necesitamos dirigirnos al espíritu vengativo que está tan dentro de nosotros que verdaderamente no ayuda a nadie y ciertamente no sirve al bien común. Uno puede entender la frustración y el enojo dentro de nosotros en este punto cuando vemos crímenes tan terribles. Debemos esforzarnos por encontrar maneras creadoras y eficaces para hacer al pueblo responsable, de mirar positivamente y respetuosamente a cada persona como hijo de Dios, y finalmente, de trabajar juntos para buscar soluciones en una área de gran complejidad y envolviendo muchas veces fuertes emociones. Jesús nos llama a la responsabilidad, a la compasión, y al perdón. Nos pide tener esperanza de unos para con otros y amarnos unos a otros, aún y especialmente a nuestros enemigos. Les pido usar el Documento de los Obispos del Estado, como un documento de la enseñanza, de manera que el Evangelio puede ser más integró en nuestras vidas, cuando le referimos a hermanas y hermanos que han dejado de vivir sus responsabilidades como ciudadanos. Quizás nuestras actitudes, oraciones y servicios los ayuden a volver a ser más íntegros. Que Dios les bendige y les dé su paz.
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