De Parte del Obispo

"‘Que sean uno’"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 13 enero 2000 del Inland Register)

El 18 de Enero empieza una vez más la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Al empezar un milenio nuevo, podemos renovar nuestra esperanza y fervor en esta tarea importante. La persistente y contínua conversión del corazón en busca de unidad, en ambos lados ya sea dentro de nuestra Iglesia Católica o con las otras Iglesias Cristianas, es vital cuando enfrentamos el futuro.

Ciertamente el Papa Juan Pablo II ha sido un escritor prolífico de encíclicas. Una de las más fuertes y quizás la más radical en su desafío es Ut Unum Sint — “Que Sean Uno,” publicada en 1995. Su título fue tomado de la oración de Jesús en San Juan 17. El Papa declara que el Ecumenismo no es un “apéndice” a la actividad tradicional en la Iglesia sino “una parte orgánica de su vida y de su trabajo, y por consiguiente debe penetrar todo que ella es y hace.” Esta unidad, que el Señor ha confiado a su iglesia y en la que El quiere reunir a todos los pueblos, no es algo agregad, sino una posiciones en el corazón mismo de la misión de Cristo. Ni mucho menos es un atributo secundario de la comunidad de sus discípulos. Más bien, pertenece al mismo ser de comunidad.” Claramente para nosotros, ecumenismo no es una actividad optativa.

En la encíclica, el Santo Padre proclama que Jesús llama todos sus discípulos a la unidad. “Los creyentes en Cristo no pueden estar divididos. La división contradice abiertamente la voluntad de Cristo, es una piedra de tropiezo para el mundo e inflige daño en la causa más santa como es la de proclamar la buena noticia a toda criatura. La Iglesia católica sabe que, en virtud de la fuerza que viene a ella del Espíritu, la debilidad, la mediocridad, los pecados y los tiempos de traiciones de algunos de sus hijos no pueden destruir lo Bueno que se le ha confiado a ella como parte de su plan de gracia.”

No hay ninguna duda del adelanto en Ecumenismo se ha hecho desde el Concilio Vaticano II hace ya 35 años. Las relaciones en todo nivel de la Iglesia ha cambiado considerablemente desde ese tiempo y a veces dramáticamente también. Puedo recordar muy bien cuando mi madre le pidió permiso al pastor para ir al entierro de un no-católico. Tal acción sería inconcebible hoy. Estos cambios han ocurrido no sólo con otras Iglesias cristianas sino también en las relaciones inter-religiosas y diálogos con otras comunidades de fe también.

Al nivel de las bases hay mucha cooperación, compartir, y trabajos en común entre iglesias — por ejemplo, en los servicios a los necesitados. A veces hay servicios de oración común y reflexiones semanales sobre las lecturas de la Escritura en preparación para la homilía del domingo. Por más de 30 años, los ejecutivos de las varias iglesias mayores en el Area de Spokane, incluso yo, se han reunido cada miércoles en la mañana para el desayuno en un restaurante local. Tres vez al año este grupo, “el Octet,” se reúne para un día de oración en la Casa de Retiro Inmaculado Corazón, y por una reunión social antes de Navidad y una barbacoa en el verano.

A nivel Nacional la Conferencia Nacional de los Obispos Católicos tiene el Comité de los Obispos en Ecumenismo y de los Asuntos Inter-religioos. El comité se encuentra sólo dos veces al año en Chicago, pero hay una actividad continúa entre las reuniones por ambos lados, los empleados en Washington D.C. y los miembros de los obispos. Por ejemplo, a nuestra última reunión, había informes de varios diálogos y reuniones, tal como el: Diálogo Anglicano-Romano Católico; Diálogo Metodistas Unidos; Diálogo Luterano; Consultación en la Unión de las Iglesias; Diálogo de los Presbiterianos y la Reforma; Diálogo hindú-cristiano; Relaciones Evangélico y Pentecostal; Diálogo Islámico-Católico Regional ; Encuentro delGrupo Teológico Budista-Cristiano; y Eventos y Relaciones Católico-Judíos.

Además, el Concilio Pontificio para Promover la Unidad de los Cristianos en el Vaticano promueve los trabajos de Ecumenismo. Así la iglesia toma seriamente el trabajo de unidad cristiana a través del diálogo y las relaciones. Como el Papa decclara en la encíclica, el Concilio Vaticano II da énfasis sobre todo en el trabajo de ecumenismo a la necesidad de una conversión interior. “No puede haber ecumenismo digno de este nombre sin un cambio de corazón.”

El Santo Padre concluyó su mensaje con las palabras de la segunda carta de San Pablo a los Corintios: “trabajen para ser perfectos, anímense unos a otros, tengan un mismo sentir, vivan en paz, y el Dios de amor y de la paz estará con ustedes. La gracia de Cristo Jesús el Señor, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sea con todos ustedes.”

Tengo la esperanza y oro para que nosotros como iglesia podamos hacer vivas estas palabras en este nuevo milenio que empieza. Que Dios les bendiga y les dé su paz.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP

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