De Parte del Obispo

"2.000 años"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 16 diciembre 1999 del Inland Register)

El día de Navidad es muy especial este año. Cuando llegamos al cierre del segundo milenio, celebramos el aniversario del nacimiento de Jesús, con profunda gratitud. La humanidad ahora ha experimentado 2.000 años de la Encarnación de Dios. El Hijo de Dios se hizo carne, un Hijo pobre, de padres pobres, María y José. Por fin, se cumplió en plenitud la esperanza de los pueblos que esperaron por siglos al Salvador.

Las circunstancias del nacimiento de tan gran acontecimiento fueron humildes y modestas. El Niño, durante estos dos milenios, ha cautivado a muchos de la humanidad en celebración y recuerdo, por lo menos en los pocos días que rodean el aniversario del nacimiento.

¿Será este año que viene de algún modo diferente que los anteriores de 1999? Observemos sólo los últimos 100 años y podremos ver la miseria terrible con las que la humanidad ha sido afectada como consecuencia de las guerras mundiales, los genocidios, la limpieza étnica, y la inanición. Nuestra historia pasada, en la comunidad mundial, ha sido una prolongación del lamento de la visión del profeta Isaías — que el lobo sería el huésped del cordero y la vaca y los osos serían vecinos (Isaías 11). A estas alturas, en la entrada en el tercer milenio, podemos con protitud darnos cuenta del dolor y de las heridas en la familia humana.

Necesitamos mirarnos como cristianos y humildemente reconocer que hemos tenido fracasos en la historia. También hemos fallado en el Evangelio y en nuestro llamado a ser fieles seguidores de Jesús. Hemos sido ciegos a los tiempos por nuestras insensibilidades, escandaloso individualismo, y la falta de conversión del corazón. El tercer milenio proporciona una nueva oportunidad.

En verdad estamos en un cruce de caminos en la historia humana. Debemos tomar la celebración de la Navidad profundamente a corazón y hacerla viva para todo el resto del año. Se puede alcanzar un nuevo espíritu en el tercer milenio viviendo radical y valientemente la Presencia de Jesús en nuestros corazones.

En el mundo comercial, las decoraciones de la Navidad y las decoraciones de los centros de compras parece que se adelantan más y más cada año. El día después de Navidad, sacan todo. Para nosotros en la Iglesia, celebramos el Tiempo de Navidad y dejamos nuestras decoraciones y las escenas del pesebre hasta la fiesta del Epifanía. Lo mismo de importante es este tiempo de celebración ya que puede afirmar en el corazón una alegría y una disponibilidad para recibir la venida de Jesús a nuestras vidas y a nuestro mundo, para todo el resto del año.

Sí, los pueblos del mundo están en mucha miseria, pero por nosotros como cristianos, ¿No pudiera la visión de Isaías cautivar todavía nuestros sueños y nuestra visión de lo que pudiera ser? El mensaje del nacimiento de Jesús continúa entusiasmándonos por unos días por lo menos. ¿No podríamos entusiasmarnos y junto con toda la humanidad vivir el Espíritu del Evangelio y la vida a la cual Jesús llama a todos durante todo el año? ¡Qué dramático cambió podría tener mundo!

Como Comunidad Católica, tendriamos que estar entusiasmados con la visión de lo que pudiera ser. Significa algo para nosotros. Nos dá vida. Nos dá esperanza. Nos pone en relación con toda la humanidad que es el Pueblo de Dios, hecho a Su imagen y semejanza. La visión del Reino de Jesús aquí en tierra todavía va en camino a la plenitud. Quizás en estos tiempos extraordinarios de oportunidad y la capacidad de un rápido crecimiento en la comunicación que se ensancha y relaciona, este momento puede ser el punto de partida de un nuevo mundo comunitario que reflejará la visión de Isaías.

Tenemos toda la razón para estar contentos y llenos de esperanza. “Porque un niño nos ha nacido, se nos ha dado un hijo; vestidura real lleva sobre sus hombros, y su nombre es proclamado: ‘Maravilloso Consejero, Dios Poderoso, Dios Eterno, Príncipe de la Paz” (Isaías 9).

Mi oración por ustedes es para que tengan una bendita y jubilisa Navidad y un estílo de vida Navideño. Que oremos juntos para que ese Jesús se vea muy pronto en nosotros como Salvador y Redentor de la humanidad. El sueña de Isaías nos alienta. Sólo quizá en este milenio, la visión de la venida del Reino de Jesús llegará a ser, más que antes, una realidad.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP

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