De Parte del Obispo

"Adviento y el Nuevo Milenio"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 2 diciembre 1999 del Inland Register)

Los obispos católicos de los EE.UU. acaban de terminar su reunión nacional aquí en Washington D.C. estoy en el aeropuerto esperando el vuelo para volver a casa reflexionando lo que ha pasado aquí en estos días y el trabajo de los obispos en dicha reunión. Además de la reunión grande en estos tres dias y medio hay muchas reuniones de comites y desayunos patrocinados por diferentes grupos que trabajan con la Iglesia. El Instituto San Lucas de las Caridades Católica de los EE.UU., Los Boy Scouts o Muchachos/as Exploradores de América, y la Asociación Nacional de Capellánes católicos nos proporcionaron los desayunos a los que asistí en los cuatro últimos días.

Varias veces durante las sesiones, los obispos hicieron mención a que ésta es la última reunión del milenio. Los comentarios se referían claramente a este momento como único en historia humana. Hace pocas semanas cuando celebrabamos el 100th cumpleaños del Padre Maurice Helfenstein en Spokane, le preguntamos si quería decirnos cualquier cosa. Después de pensar por unos momentos, comentó, “Pues, lo que pasa es que lo celebra una vez en su vida.” también podemos decir lo mismo cuando nos movemos hacia el Nuevo Milenio. De hecho muy pocos pueblos en la historia humana tienen o experimentan tal transición.

En este mes de noviembre, celebramos nuestra fiesta nacional de Acción de Gracias. Lo que es un tiempo apropiado para dar gracias al concluir este siglo y milenio. Por seguro, grandes guerras y tragedias de todas clases han marcado este siglo. Pero el también ha sido un período marcado por una realización tecnológica tremenda y por lo menos algunos desarrollos de las relaciones en la familia humana. Allí continúa estando, por supuesto, gran potencial de crecimiento y de desarrollo entre pueblos y naciones, sobre todo en el área de paz. Para todos nosotros como San Pablo con tanta frecuencia nos lo recuerda, necesitamos estar agradecidos a Dios por las muchas bendiciones recibidas y sobre todo la relación de Dios con nosotros.

En unos días empezaremos el Tiempo de Adviento, el comienzo de un Nuevo Año Litúrgico. Como nos hemos preparado para la venida del Año del Júbileo y del Nuevo Milenio, hay un sentido natural de excitación y confiada esperanza. La raíz de la palabra “adviento” en si misma significa “venida.” En este caso, nos referimos no sólo a la venida de Jesús hace 2000 años al mundo como el Salvador y Hermano de humanidad. Su presencia aquí y ahora continúa desarrollandose en nuestras vidas. Esta presencia de Jesús, no se recoge necesariamente automáticamente, sino que requiere de esfuerzo, sensibilidad, búsqueda, y fidelidad de nuestra parte. El Tiempo de Adviento nos recuerda la necesidad de apreciar y de hacer un esfuerzo especial para responder a la venida constante de Jesús a nuestras vidas.

En nochebuena, el selló de la puerta de la Catedral de Nuestra Señora de Lourdes se abrirá, cuando celebramos el nacimiento de Jesús, en este caso el 2000th aniversario. El simbolismo refleja de una manera especial, de las muchas maneras, cómo se deben abrir nuestras vidas a la presencia de Jesús. Apropiadamente el Papa Juan Pablo II ha designado como tema del año del Júbileo: “Abre de par en par las Puertas a Cristo.” El Santo Padre indica tres puntos importantes de referencia sobre este tema: celebrar, reconciliar, y evangelizar. Los tres nos deben proporcionar una oportunidad amplia para entrar este milenio nuevo con una gran esperanza cuando caminamos en nuestra propia jornada de fe y nuestra responsabilidad como buenos administradores en el reino de Jesús.

La conclusión de este siglo y milenio deben darnos un nuevo punto de partida, un nuevo empezar cuando nos enfrentamos al futuro. Sobre todo para nosotros en la Iglesia, nuestra tradición Eucaristía nos proporciona la oportunidad de encontrar a Jesús de nuevo y de nuevo celebrar, en el pan de vida, y en amor recibido. Éstos son tiempos de gran complejidad. Muchas imágenes nos atraen o nos confunden. Necesitamos tener sabiduría, valor, y discernimiento para hacer las correctas decisiones que son vida da para la Iglesia, la humanidad, y para nosotros mismos.

La Reconciliación continúa siendo una gran necesidad en la Iglesia, en nuestras comunidades, la nación y el mundo. No debemos andar y actuar por allí como si no tuvieramoss nada de fe en Dios. No debemos dejar que el mandamiento de Jesús de amarnos unos a otros lo dejemos de lado con nuestro comportamiento y con nuestras actitudes. El Nuevo Milenio nos proporciona la oportunidad de verdaderamente “poner nuestros pies al fuego” al esforzarnos por ser fieles a la llamada de Jesús.

Al entrar a este milenio nuevo, tenemos como nunca la más grande oportunidad para compartir la Buenas Noticias del Evangelio. La comunicación, acción y un atrayente testimonio son y pueden ser poderosos instrumentos para compartir la presencia amorosa de Jesús con el mundo sobre nosotros. Lo más importante, sin embargo, cada uno de nosotros personalmente tiene que ser evangelizado por este amor. No podemos dar lo que no tenemos.

El Nuevo Milenio se aproxima. Nosotros celebramos Adviento con un más gran sentido tanto de gratitud y como de confiada esperanza al enfrentarnos al futuro. Que este momento especial en la historia humana nos aliente y nos impulse para seguir adelante.

Que Dios le bendiga y le de su paz.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP

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