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"¡VIDA!"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 21 octubre 1999 del Inland Register)
Huracánes, inundaciones, terremotos han dejado su estela catastrófica. Tiroteos en las escuelas, niños desechados o muertos por un padre, o un niño pequeño perdido en el bosque, son historias familiares que destrozan el corazón y el alma de una nación. Miramos la frenética búsqueda de las víctimas enterradas en los terremotos en Turquía y en el cercano Taipei. Horrorizados vemos la escena de los cuerpos carbonizados de las personas en la parte trasera de una camioneta de trasporte que se dío vuelta en Timor Oriental, o los sitios de los entierros masivos en Kosovo. Nuestros corazones se conduelen con los padres del pequeño niño perdido en el bosque y que aún no se encuentra, o por los niños en Kosovo que buscan desesperadamente a los miembros de sus familias, cuando el resto de nosotros nos damos cuenta de que quizás la mayoría de ellos han sido muertos. Observamos el cuidado amoroso y empatía de una nación expresada hacia las víctimas y sus familias en la escuela secundaria en Columbina. Esta preocupación por vida humana debe ser recomendada y aplaudida. Tradicionalmente para nosotros los católicos, el mes de Octubre es el Mes del Respeto a la Vida. La dignidad de la persona humana y el respeto por vida humana se han vuelto profundamente enraízados en nuestra tradición. En el primer párrafo de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia del Concilio Vaticano Segundo, oímos que la Iglesia, en Cristo, en su naturaleza es un sacramento una señal e instrumento, que es, de la comunión con Dios y de la unidad entre todas las personas. En la Constitución Pastoral de la Iglesia para el Mundo Moderno, los padres del mismo concilio declararon que hay un conocimiento creciente de la excelsa dignidad propia de la persona humana, desde que ella establece que ella es sobre todas las cosas y sus derechos y deberes son inviolables. Por lo tanto el orden social debe trabajar siempre en beneficio de la persona humana. (26) Unos días antes de morir murió, el Papa Juan XXIII, que comenzó el Concilio Vaticano Segundo, habló sobre la dignidad del individuo: Más que nunca, estamos llamados a servir humanidad como tal. defender siempre y donde quiera Los derechos de la persona humana. No es el Evangelio que ha cambiado. Es que hemos empezado a entender lo mejor. De hecho: como Jesús prometió, el Espíritu Santo continúa instruyéndonos. La Iglesia enseña esa vida humana es preciosa y que tiene dignidad del momento de su concepción hasta la muerte natural. El momento del nacimiento no define el valor de esa vida, sino está es respetada y venerada a lo largo de toda la jornada de la vida. Aborto, eutanasia, y trágicos asesinatos violan este don maravilloso. El aborto se ha vuelto como un cáncer en el alma de nuestro país. Lo que es un contraste extraño cuando vemos a nuestra nación buscar con tanto ardor a un niño pequeño perdido, gastar cientosde miles de dólares en el intento de encontrar al pequeño; y sin embargo, experimentamos 1, 5 millones de abortos en un año. ¿¿Qué hizo que una corte de Missouri, toméé la decisión recientemente de poner marcha atrás a una posición contra el aborto del nacimiento parcial? ¿Porqué la violencia a llegado a ser una forma de vida, en los medios de comunicación y en nuestras calles? La violencia nos indica lo mal que hemos integrado el mensaje de Jesús en nuestro diario vivir, que nos llama a una vida más abundante. Al celebrar este mes del Respeto de la Vida, se nos desafía a aceptar a Jesús que nos llama a una conversión del corazón. También invitamos a otros a oír este mensaje. El Papa Juan Pablo II constantemente menciona la cultura de la vida, refiriéndose a ella con su poderosa encíclica, El Evangelio de la Vida. Nosotros también debemos esforzarnos todo lo que sea posible por reforzar la cultura de la vida en nuestro mundo y sobre todo en nuestros corazones. Debemos ayudar y afirmar a otros en la lucha con sus propias debilidades, y ayudarlos a reconocer su propia bondad y la misericordia ilimitada y bondadosa de nuestro amoroso Dios. Debemos practicar lo que predicamos y esforzarnos por entender mejor la misión que Jesús nos da. Que nos podamos apoyar unos a otros en apreciar el don de cada vida humana. Este mes debe ser un tiempo de afirmación especial y de estímulo en ésta tarea importante de extender la Buena Nueva del mensaje de Jesús, “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”... (San Juan 10:10) Quizás, sólo quizás, el año del Jubiléo y del nuevo milenio pudiera marcar un punto de vuelta en la humanidad, que verdaderamente hubieramos adelantado puntos en la cultura de la vida. Les pido a todos que sigamos rezando por ésta intención. Que Dios les bendiga y les dé paz.
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