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"'¿Pero quién dicen que soy?’"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 9 septiembre 1999 del Inland Register)
Hace algunos años, los jóvenes de la diócesis me dieron una pulsera con la inscripción “WWJD.” En esta serie de letras se propone una pregunta: ¿Qué haría Jesús? Estas palabras, también, nos desafían a hacer vida nuestra responsabilidad como seguidores de Jesús. Tal vez la pregunta más básica, sin embargo, es la de Jesús. ¿Qué dicen ustedes quien es Jesús? Sugiero tres maneras de reflexionar en esta pregunta. Primeros, ¿Quién decimos que es Jesús en la Iglesia, en la celebración de los sacramentos? Jesús gastó tres años de su ministerio público en el entrenamiento de sus apóstoles y poniendo la fundación para el establecimiento de su Iglesia. Escoge a Pedro como “la piedra,” en la cual construye la Iglesia, “y las puertas del infierno no prevalecerán contra ellas.” Jesús, antes de su pasión y muerte, celebró la Ultima Cena y dijo a Pedro y a los demás apotóles, “Haced esto en memoria de mía.” Obviamente, Jesús quiere que ésta expresión de su amor, de su sacrificio, y alimento de vida sea compartido por los siglos a través de la Iglesia y de los sacramentos. Es por medio de la Iglesia y sobre todo en la celebración de los sacramentos que encontramos al Señor Jesús. Por nuestra respuesta a ésta presencia, decimos de una manera clara quién es Jesús. Es por eso que la Eucaristía del domingo es tan importante para nosotros cuando reunimos, semana trás semana, para experimentar con la comunidad de fe, la intimidad con Jesús. Jesús no formó una Iglesia de individualistas aislados, sino una comunidad de creyentes que recibiendo su Cuerpo, de una manera maravillosa, somos su Cuerpo. Segundo, qué dicen ustedes, ¿Quién es Jesús en el prójimo? Jesús nos dice que siguiendo el primer gran mandamiento del Amor de Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Jesús hace su enseñanza muy espec&oacite'fica. Nos cuenta la parábola del Buen Samaritano como una explicación de quién es nuestro prójimo. En su parábola sobre el Juicio Final en Mateo 25, nos manda a guardar una exigente reverencia por cada persona “por muy pequeña que nos parezca, lo que hagan al menor de mis hermanos y hermanas, a mí me lo hacen.” La enseñanza social de la Iglesia en el siglo último se ha centrado fuertemente en este enfoque de la presencia de Jesús en nuestro mundo, viendo ésta enseñanza como completamente indispensable e íntegral a la misión de la Iglesia y al llamado de Jesús. Entonces Jesús nos pregunta, “¿Qué dicen ustedes quién soy yo en su prójimo?” Finalmente, ¿Quién decimos que es Jesús en nuestros corazones? San Pablo nos recuerda que somos templos de Dios y que Dios vive en nosotros. La promesa de Jesés es que El está con nosotros siempre y que su amor por nosotros es tan gran como el amor entre él y el Padre. Muy pocas personas niegan la existencia de Dios. Sin embargo, en relación con la existencia de la Trinidad en el corazón es muy débil o casi no-existe, porque Dios no ocupa el primer lugar. Asé, la oración se vuelve muy importante para nosotros. Hay ningún suplento para el contacto personal con Dios dentro de nosotros. La reflexión constante de las miles de maneras en las que Dios viene a nosotros en nuestro diario vivir, aún en medio del dolor, en el fracaso, y en los problemas, el reconocer su presencia permanente nos ayudaría y podría ser una fuerza tan poderosa en nuestras vidas. Muy a menudo el sólo reconocer esa presencia, por sólo un segundo, puede servirnos de ayuda para hacer una decisión fiel, responsable y valiente al llamado de Jesús. La pregunta entonces vuelve a nosotros, “¿Quién dicen que soy yo en su corazón?” ¿Quién dicen que soy? Cada uno de nosotros pueda hacerse ésta pregunta con respecto a la Iglesia, los sacramentos, el prójimo, y en nuestros corazones. Sabemos cual es el desafío dar una respuesta aún mejor. Que Dios les bendiga y les dé paz.
El 12 de Septiembre celebraremos el cierre las nuevas puertas principales, en el frente de la Catedral de Nuestra Señora de Lourdes. Las puertas nuevas son muy bellas. El cierre de las puertas tiene un especial significado al acercarnos al gran año del Júbileo. Las puertas de júbileo a la entrada de Basílica de San Pedro, en el Vaticano permanecen cerradas excepto durante los años del Júbileo. El tema del año del júbileo es: “Abramos de par en par las puertas a Cristo”. Al principio del año Jubilar se abrirán las puertas especiales de nuestra Catedral, el significado igual o más importante, la abertura de las puertas de nuestros corazones a la evangelización, a la reconciliación, y a la celebración. Es por eso que pienso que nuestras respuestas a éstas preguntas de mi reflexión son tan importantes a medida que nos vamos acercando a la celebración del año del Júbileo y del milenio nuevo.
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