De Parte del Obispo

"Celebración de la Justicia en el Año 2000"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 29 julio 1999 del Inland Register)

La celebración nacional de la Justicia, en el Jubileo del año 2000, se realizó en la UCLA, Los Angeles los días 15 al 18 de Julio. Asistieron tres mil católicos de todos los Estados Unidos. Más de 30 personas fueron representando a la Diócesis de Spokane. Estas reflexiones sobre el evento están todavía frescas en mi memoria, las estoy escribiendo en mi vuelo de regreso a Spokane, en la tarde del domingo.

Esta mañana terminamos las reuniones con la Eucaristía. La Misa fue celebrada en diferentes idiomas. Es la primera vez que oígo una lectura proclamada en una lengua Nativo-Americana.

La Santa Sede fue representada por el Cardenal Etchegaray, actual presidente del Consejo Pontificio de Justicia y Paz y ahora cabeza de la celebración del Júbileo del año 2000 para toda la Iglesia. Asistió también el Sr.Obispo Diarmuid Martin del Consejo Pontificio. Su presencia reflejó la importancia que le dá el Vaticano al tema de Justicia y Paz, en la misión de la Iglesia.

Asistieron aproximadamente 20 obispos de los EE.UU. que vinieron como parte del grupo más grande de los delegados de las Diócesis y Parroquias.

Además de la Eucarístia inicial y de cierre, la conferencia tuvo presentaciones mayores, normalmente por un equipo de dos o tres individuos, seguidas de sesiones separadas después, en muchos y variados temas relacionados con el tema general. Cada uno de los que tuve la oportunidad de hablar ésta tarde mientras saliamos, estaban ciertamente entusiasmados con la experiencia de estos últimos cuatro días.

Hubo varias presentaciones notables, que fueron de gran excelencia para mí, como parte de la reunión.

Primero, las liturgias fueron excepcionalmente bien planeadas y celebradas. Hubo gran sensibilidad a la diversidad de idiomas y culturas, reflejado en la selección de la música y de los participantes. La Liturgia bien celebrada es una manera maravillosa de orar, de dar formación y evangelización también.

La segunda experiencia notable de la Celebración del Júbileo fue el compartir los siete principios de la Enseñanza Social de la Iglesia. Estos principios son:

  • La Vida y la dignidad de la persona humana.
  • Llamado a la familia, comunidad y participación.
  • Derechos y responsabilidades.
  • Opción por los pobres y los vulnerables.
  • Dignidad del trabajo y de los derechos de los trabajadores.
  • Solidaridad con la familia del humana.
  • El cuidado por la creación.

Cada uno de estos temas se introdujo en un espíritu de oración, con una lectura apropiada de la Escritura, seguida por un testimonio hablado. Siete personas diferentes compartieron una reflexión en cada tema.

Por ejemplo, en el caso de la familia, un par compartió sus experiencias de la familia. La reflexión en la opción por el pobre fue dado por una joven que misionó entre los grupos de la juventud en Bronx. Compartió su propia historia de conversión -- dejando un trabajo bien pagado, ella vuelve al barrio de su niñez a trabajar entre los jóvenes.

Después de estas siete presentaciones hubo diferentes sesiones de acuerdo al tema para continuar la reflexión. Pienso que cada uno regreso con un aprecio más profundo por la riqueza de la enseñanza social de la Iglesia. La referencia constante a Escritura nos recuerda la necesidad de traducir la Palabra de Dios en acción.

Se me pidió moderar la sesión en la opción por el pobre y usé una cita del Catecismo de la Iglesia Católica: “Cuando atendemos a las necesidades de aquellos en escases, les damos lo qué es suyo, no nuestro. Más que hacer un trabajo de misericordia, estamos pagando una deuda de justicia” (2446).

El tema después de las 12:00 p.m. y de la tarde del Sábado fue enfocado en la prohibición de minar, en todo el mundo. Ahora hay entre 80 millones a 100 millones de lugares de tierras minadas en todo el mundo. Mucho de éstas son el residuo de los conflictos regionales. Estos aparatos muy a menudo destruyen o dañan la vida de inocentes, normalmente niños y personas que viven y trabajo en el campo. Los Estados Unidos se ha negado a firmar la prohibición, mientras otras 70 naciones alrededor de los mundiales ya lo han hecho. Esta falta de liderazgo no es un ejemplo brillante para nosotros como país en la comunidad mundial. Después de todo, somos la única superpotencia.

La Santa Sede ha apoyado fuertemente el perdón de la deuda para las naciones pobres. Así también los Obispos de los EE.UU. Los países pobres son mantenidos en esclavitud, sólo por los pagos del interés. La cancelación de la deuda no tendría un impacto significativo en nuestro presupuesto nacional. Las personas más significativamente efectadas por esta deuda no tienen nada que ver con la causa de ella. Cuando hemos hecho algo por un país, son muchas más las necesidades de lo que queda por hacer. Como nación, los hechos demuestran que nuestra ayuda por otros países son bastante mínimas comparados al de otras naciones. El Obispo Martin, en su presentación, fue especialmente fuerte sobre la necesidad del perdón de la deuda internacional para los países pobres.

Un momento significativo en la primera noche fue una charla dada por Bud Welch, de la ciudad de Oklahoma, donde su hija de 23 años de edad, fue muerta en la explosión del edificio federal. El mantuvo, con mucha fuerza. que la pena capital no es la respuesta a la violencia. La gente fue profundamente tocada por la historia de su búsqueda de Bill McVeigh, el padre del que fué declarado culpable del bombardeo, Timothy McVeigh.

No debemos olvidar cuántas víctimas han sido afectadas por la violencia. Hay una gran oportunidad para la conciliación y el perdón. La pena de muerte, pura y simplente es una venganza. El Papa y los Obispos están unidos en su posición en contra de la pena de muerte. Se debe romper este ciclo de violencia.

Finalmente, mi impresión de estos tres días de Celebración de Paz y Justicia del 2000, Año Jubilar mostró los regalos maravillosos y diversos que la Iglesia comparte, refleja, y celebra. En cierto sentido, esta reunión fue verdaderamente la experiencia de un nuevo Pentecostés. Espero y oro que ese su impacto sea un fermento en nuestro mundo, cuando nos esforzamos por ser más fieles a la Palabra de Dios, a las enseñanzas de la Iglesia, y al movimiento del Espíritu Santo en nuestros corazones.

Que Dios les dé alegría y paz.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP

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