De Parte del Obispo

"Celebraciones"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 1 julio 1999 del Inland Register)

Éste ha sido un tiempo muy diferente, con muchas celebraciones del Sacramento de Confirmaciones en la diócesis. No he mantenido la cuenta, pero he confirmado por lo menos a varios miles de parroquianos desde el invierno pasado. En unas parroquias ha habido cinco o seis Confirmaciones, y en otras, sólo una. Se requieren múltiples Confirmaciones en una parroquia porque es imposible reunir a todos los padres y familias en una sola celebración.

Ésta es también la época de la recepción de la primera Penitencia y de la primera Eucharistía de nuestros parroquianos más jóvenes. Al movemos en la restauración del orden original de la celebración de los sacramentos de iniciación, el poder de nuestra liturgia en la Iglesia se vuelve también más evidente para mí. La liturgia misma, la reunión de familia extendida, y la recepción que le sigue habla de la bondad de Dios para con nosotros de muchas maneras. Espero que el recuerdo de estos eventos continuará siendo una fuente de inspiración y gratitud en la jornada espiritual de todos los participantes.

La Primavera y el verano se han convertido en un tiempo de frecuentes celebraciones, de bodas cuando las parejas entran en el sacramento de matrimonio, un viaje de toda la vida para ahondar su relación y descubrimiento mutuo. La celebración del sacramento no debe sólo de este día específico, cuando se realiza la boda, sino que en cierto sentido, una boda que continurá en toda la vida de casados.

Los sacramentos del Bautismo, de la Confirmación, y de la Eucaristía también nos llaman constantemente a afirmar su realidad en nuestras vidas. Son sacramentos que se viven diariamente, no se celebra sólo una vez o sólo el domingo. El Matrimonio debe ser una realidad dinámica vivida junto con los otros sacramentos. La presencia amorosa de Dios nos toca constantemente cuando enfrentamos la vida con su alegrías, sueños, fracasos, debilidades, y limitaciones.

El próximo Junio celebraremos las ordenaciones al sacerdocio y al diaconado, en la Catedral de Nuestra Señora de Lourdes y en la Parroquia del Sagrado Corazón en Brewster. A dos sacerdotes y a once diáconos se les impondre las manos y haré la oración de la consagración sobre ellos en este ritual especial de la Iglesia. Desde mi experiencia personal puedo decirles cúan conmovedora y poderosa es esta reunión de la Iglesia en una ordenación. El Sacramento del Orden Sagrado también debe ser vivido cada día y no sólo el día de la ordenación.

Tenemos otras celebraciones, la de la Eucarístia cada domingo, el Sacramento de la Reconciliación, el aniversario de los matrimonios, las graduaciones, y los entierros. Todos ellos son un parte de un amplio espectro de la vida que juntos recorremos en la comunidad de la fe y nos recuerdan la presencia salvadora de Dios. la vida sin celebración, me parece, es un negocio muy aburrido. Las celebraciones nos ayudan a mantenernos vivos, claros, sensibles, atentos, alegres y agradecidos. La Litúrgia nos ayuda a vivir una vida plena y a estar atentos a que no podemos dejar que seamos cogidos por ilusiones que son contrarias a la presencia de Dios o a la llamada del Evangelio.

Finalmente, es importante tener presente la importancia de las celebraciones en nuestra Iglesia, no debemos tomar estas ocasiones con ligereza o indiferencia. Hacerlo con una preparación cuidadosa, plena participación, y vivir lo que celebramos, es tremendamente importante para la vitalidad de la Iglesia y para nuestro propio bienestar. La salvadora presencia de Dios se hace clara cuando esas calidades están presentes en nosotros como comunidad de fe que celebra. Además, las buenas celebraciones nos transforman y cambian. Nos regocijamos y le agradecemos a Dios.

¡Que todos ustedes tengan un buen verano con mucha paz, alegría y buenas celebraciones!

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP

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