![]()
"Los dones bien usados"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 8 abril 1999 del Inland Register)
Un buen equipo de básquetbol requiere combinar varias calidades. Primero, son importantes los talentos individuales de los jugadores. Las habilidades no ocurren solas, sino que se desarrollan con anticipación, por un período de práctica, de muchos años. Uno no se satisface con un regalo en particular. Constántemente se está lanzando al cesto y el pasar la pelota llega a ser extremamente importante en el juego de equipo. Segundo, un equipo no tiene éxito si no hay trabajo de equipo, un espíritu para jugar juntos. Los equipos de deporte, son normalmente un buen ejemplo de cómo, las habilidades y los dones que se juntan, llegan a ser algo muchísimo más grande de lo que una sola persona puede ofrecer. La sabiduría del director técnico es también muy importante. Su dirección ayuda a los miembros del equipo a cooperar y a obtener lo mejor de su funcionamiento y de su juego como una unidad. Finalmente, el apoyo de los aficionados es necesario para un equipo. El espíritu de solidaridad expresado por barras entusiastas del equipo, ayuda los jugadores usar mejor sus dones y habilidades. Hay algo a cerca del espíritu de equipo que va más lejos, más allá de lo que un sólo jugador puede hacer. Esa unidad común que los une, puede también impactar a toda la comunidad, eso es lo que nosotros experimentamos en este último torneo de NCAA. Básquetbol es una cosa. Nuestra vida de fe es otra y quizás no tengan mucho en común. En el sacramento de confirmación, uno de los sacramentos de iniciación, recordamos los dones del Espíritu Santo. Cuando confirmo a alguien, le unjo a él ó a ella en la frente con el Crisma Sagrado, diciendo: “Te sello con los dones del Espíritu Santo.” Estos maravillosos dones del Espíritu son introducidos en nosotros, junto con nuestras habilidades y talentos. Es nuestra responsabilidad el usar y desarrollar los Dones del Espíritu Santo. Dios nos dío estos dones, pero somos nosotros los que debemos usarlos y alimentarlos. Los dones de cada persona encajan junto a los de los demás, en la familia humana y forman un mosaico de la bondad de Dios. Cada uno de nosotros es responsable del contínuo desarrollo y crecimiento de sus dones. Posiblemente no podamos usar la totalidad de nuestros dones físicos toda la vida, pero tenemos la oportunidad y la responsabilidad de usar y de ayudar a que nuestros dones espirituales crezcan y se desarrollen, hasta el último día de nuestra vida. Tal consideración nos llama a una conversión constante de corazón y a una apertura al Espíritu Santo. Nuestros dones son mejor usados en una comunidad de fe. Muy parecido a un equipo de básquetbol que tiene el reto de jugar como un grupo de “Un sólo jugador,” del mismo modo una comunidad de fe, debe trabajar unida, para dar el máximo de beneficio para todo el mundo. Un equipo de pelota no puede tener un miembro en el equipo que piensa que él lo sabe todo. Cada miembro afecta y es afectado por los demás. Del mismo modo, este espíritu debería penetrar nuestra comunidad de fe. Finalmente, en toda la comunidad de fe hay una necesidad de un apoyo continúo. Esta actitud es importante para la vitalidad y el entusiasmo en nuestra contínua jornada de fe juntos. Algunas veces, nuestra comunidad de fe se ha caracterizado por el anonimato colectivo. Somos desafiados a estar atentos, los unos para con los otros y a sacrificarnos por el bien de la comunidad. Toda buena relación — ya sea en el matrimonio, en la cancha de básquetbol o en el juego de básquetbol, en la comunidad de fe o en la comunidad mayor — nos exige algo de cada uno de nosotros. Esa generosidad y entusiasmo al dar, afirma y contagia. Este Tiempo de Pascua nos invita a vivir nuestros dones, con la firme resolución de ser alegres y responsables. El Espíritu Santo continuará tocarnos y está con nosotros. Que Dios nos conceda mucha paz y alegría.
Home |